Jul 19 2026
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Más pasa el tiempo, más 25 soy

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Detalles, ajustes y especulaciones sobre el acto que encabeza Cristina Kirchner. Línea de largada para la campaña, números puestos, timba electoral y refriegas políticas. | Por Fabián Waldman.

El escenario ya está listo. La figura de Cristina Fernández de Kirchner estará ubicada en el centro de la imagen y a sus espaldas, en tres gradas de siete escalones cada una, se ubicarán los más de 300 dirigentes que darán el presente. La ausencia más importante será la de Alberto Fernández, quien no fue invitado pero sí convocó el viernes pasado. En esa imagen quedará plasmada la centralidad de la Vicepresidenta, aunque no figure en las boletas de las próximas elecciones.

Las tablas donde se parará Cristina ocupan unos 70 metros de la Plaza de Mayo. La estructura montada tapa prácticamente a la Casa Rosada y detrás de ella se encuentran varios gazebos blancos donde serán recibidos los funcionarios, sindicalistas, personalidades de los Derechos Humanos, artistas e intelectuales. Sobre sus costados pantallas de 20 metros de ancho por 10 de alto transmitirán lo que acontezca, al igual que las ubicadas en las esquinas de Diagonal Norte, Diagonal Sur y Avenida de Mayo en su intersección con Bolívar.

La celebración de este 25 de Mayo, además de recordar el de 1810, será el homenaje a la llegada de Néstor Kirchner al gobierno en 2003. Los veinte años transcurridos que marcaron el inicio de una nueva etapa. “La única que sabe lo que va a decir es ella”. Así se refirieron varios funcionarios que la conocen. Agustín Rossi lo señaló anteayer por la mañana, en un acto en el Centro Cultural Kirchner: “no me hagan adivinar lo que va a decir”, indicó. Desde el entorno de la Vicepresidenta, sostienen el mismo concepto: “nadie sabe qué va a decir”, refieren a este portal.

Las palabras de Cristina están previstas para las 16. Por la mañana, Alberto concurrirá a la Catedral Metropolitana para participar del Te Déum, la ceremonia de la Iglesia que conmemora el nacimiento de la Patria. Será la otra foto de la jornada y la comparación entre ambos eventos no faltará en ningún medio. Pegarán el faltazo a ambos eventos Sergio Massa, quien se encuentra en Paraguay, y Daniel Scioli, en Brasil. Uno corre hacia las elecciones y el otro aguarda apoyos sustanciales que le den el respaldo mayoritario del Frente de Todos.

La falta de orden interno quizás comience a revertirse a partir de mañana. O por lo menos es lo que esperan quienes concurran a la plaza, tanto arriba como abajo del escenario, aunque la claridad no sea divisa y la fecha del 24 de junio sea la última instancia. Desde la Vicepresidenta y el diputado Máximo Kirchner pasando por Hugo Yasky y otros dirigentes del kirchnerismo de paladar negro hasta Emilio Pérsico, del Movimiento Evita, todos plantean definir un programa para concretar desde 2024. Esta exigencia es visualizada cerca de Fernández como una manera de bajarle el precio al candidato y condicionar al futuro gobierno. ¿Quién aceptaría firmar un compromiso de seguir a pie juntillas una ruta bajo la mirada de Cristina? ¿Sería esto posible con un aspirante que no comulgue al 100% con su contenido? La experiencia de estos cuatro años plantea esa duda hacia el futuro. El peronismo ya tuvo su “Cámpora al gobierno y Perón al poder en 1973”. Hoy el liderazgo está en discusión y no es reconocido en Cristina por Alberto, la CGT, algunos gobernadores e intendentes.

En 2003 Eduardo Duhalde no lo pudo lograrlo con Néstor Kirchner y fue abandonado en la costa cuando emprendió la travesía presidencial en su propia nave. Axel Kicillof, Wado De Pedro o Jorge Capitanich son quienes se encuentran más cerca de cumplir con ese perfil. Rossi, cercano a ese ideario, destaca en su discurso temas muy preciados por el público cristinista, como la renovación completa de la Corte Suprema y la vuelta renovada de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Tanto Scioli como Massa establecen otro diálogo con sus audiencias y sus ideas fundamentales, recorren otros andariveles, menos confrontativos y más dialoguistas con el poder económico.

“Todo está sucediendo ahora, nadie sabe qué decir”, suelta una fuente del Senado, y agrega: “la conducción tampoco lo sabe”. También cuestiona la situación actual: “Parecen dos países paralelos y diferentes. Mientras en uno hablan de las elecciones, en el otro de la realidad económica y social”.

Para este interlocutor, Wado es un buen candidato. “Ojalá que llegue porque son pocos días de campaña. Sería un milagro”, acota. Además, se refiere al apoyo implícito al tigrense, quien según Cristina “agarró una papa caliente”. “Las medidas que toma no son las nuestras, ni las que figuran en nuestros libros”, completa, y se pregunta: “¿Hasta dónde se puede ir con más ajuste?”. Un poco más contundente, confiesa: “Massa pende de un hilo con los números tan complicados”.

“Alberto no quiere síntesis y eso repercute muy fuerte en la provincia”. De esta manera se expresó un viejo dirigente de la 3º sección electoral de la provincia de Buenos Aires, mostrando el temor y la incertidumbre que recorre el conurbano en estas horas. La falta de definición sobre el lugar que ocupará Kicillof en las elecciones y si habrá o no desdoblamiento de las mismas mantiene el desorden en el Frente de Todos. Axel depende de la estrategia que defina Cristina, dijo Carlos Bianco, mano derecha del ex ministro de Economía.

La mayoría de los intendentes apoyan la reelección del gobernador a pesar de antiguos resquemores por falta de “cariño”. A sabiendas que es uno de los kirchneristas que más retiene el voto de la Vicepresidenta, temen el posible salto a la disputa por el sillón de Rivadavia. Amigo de De Pedro y Scioli, este viejo peronista piensa que Massa es el más preparado para este momento de la Argentina. “Si él no hubiese estado, nos hubiéramos ido en helicóptero”, afirma. Tampoco cree posible que, en caso de haber PASO, el que pierda juegue a pleno por el que gane y recuerda la interna bonaerense entre Aníbal Fernández y Julián Domínguez en 2015. Por ello se mantiene firme en su visión de un candidato de consenso.

“Scioli, Massa o Wado le hablan cada uno a un público diferente. Cada uno de los candidatos tiene su mirada sobre la realidad y, si cambian el discurso, no serían creíbles”, refiere.

Hacia el final, esboza una inquietud retórica: “¿Les vamos a dejar un país funcionando y se van a quedar por ocho años?”. Esa es la queja que recorre los pasillos de edificios públicos como Casa Rosada, el Congreso nacional o las intendencias frentetodistas por estos tiempos.

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