por Fabián Waldman.
La próxima parada de los cambios estructurales planteados por el gobierno libertario es la Reforma Laboral. Utilizando el eufemismo de modernización, plantean dar por tierra con conquistas de derechos que se han logrado a lo largo de 120 años.
“Estamos bien, creo que va a salir”. Fuentes cercanas al ministro del Interior, Diego Santilli, aseguran que la Reforma Laboral se encuentra bien encaminada, aunque advierten que el proyecto “tendrá algunos cambios”.
Luego de la aprobación del dictamen el pasado 18 de diciembre, se estima que su tratamiento en la Cámara Alta inicie el próximo 5 de febrero. Esta fecha representa un adelanto en el cronograma, impulsado tras la aprobación del Presupuesto el 26 de diciembre.
El resultado de ese debate dejó al sector libertario acelerado y motivado para avanzar con más pretensiones en los cambios propuestos en la actividad de los trabajadores argentinos. Patricia Bullrich, empoderada y con el respaldo del gobierno, logró reunir 46 votos positivos y contó con el acompañamiento de Diego Santilli, “Lule” y Martín Menem, además de Santiago Caputo, para llevar la iniciativa a buen puerto.
En cuanto a la agenda política, Diego Santilli se reunirá mañana con Ignacio Torres, gobernador de Chubut, en lo que será el primero de los diez encuentros previstos hasta febrero. En su teléfono ya tiene agendados para la semana próxima visitar a los mandatarios radicales Alfredo Cornejo (Mendoza) y Leandro Zdero (Chaco). Asimismo, recibirá en su despacho de la Casa Rosada al gobernador peronista de La Pampa, Sergio Ziliotto.
Por otro lado, esta mañana el gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, agradeció públicamente a Javier Milei, Luis “Toto” Caputo y Diego Santilli por la cesión completa de una mina a su provincia.
Después de décadas de reclamos y una demanda sostenida en el tiempo, recuperamos la mayoría en YMAD para la provincia. Es un derecho histórico que vuelve a manos de Catamarca y marca un punto de inflexión para nuestro desarrollo.@JMilei @diegosantilli @LuisCaputoAR
— Raúl Jalil (@RaulJalil_ok) January 5, 2026
La Constitución de 1994 habilita cierta fragmentación o «tupacamarización» de la Argentina, donde cada mandatario persigue su proyecto provincial sin una estrategia unificada. Este escenario resulta favorable para un gobierno nacional que busca «liberarse» de las cargas distritales para concentrarse, al menos en su discurso, en la seguridad y la macroeconomía.
Los puntos en los cuales no habría acuerdo hasta este momento con los gobernadores, que marcan un límite para la CGT, son la caída de la ultraactividad y la prelación.
La posibilidad de eliminar en cada nuevo diálogo paritario los acuerdos existentes y volver a empezar de nuevo la discusión con la patronal es una de las más codiciadas reglas por parte del ministro de Modernización, Federico Stuzzenegger.
Las negociaciones por parte del Gobierno son encabezadas oficialmente por Sandra Pettovello, ministra de Capital Humano, y Julio Cordero, secretario de Trabajo. De manera paralela y extraoficial, Santiago Caputo recibe en su despacho a representantes gremiales, como ocurrió con Gerardo Martínez, titular de la UOCRA y exrepresentante de la CGT en el Consejo de Mayo.
Sería impensada la posibilidad de perder los derechos adquiridos y tener que comenzar nuevamente desde cero en cada oportunidad. Hasta aquí hemos llegado con años de acumulación de experiencia utilizada para poder conseguir e ir variando con el tiempo las viejas normas suplantadas por cada desafío contemporáneo implantado sobre el anterior.
Sin embargo, en el diálogo llevado adelante por el ala política del gobierno ven en esta posición extrema un impedimento para poder obtener una conquista deseada: titulares de los diarios y el mundo leyendo la sanción de una reforma laboral.
En el debate por las modificaciones a la propuesta original también ingresa la prelación. Si bien es cierto que ya existen acuerdos intra empresas para llevar adelante cierres temporales o aumentos específicos en cada rama, la central obrera reclama que cada uno de esos acuerdos sea ratificado por la instancia superior de negociación, es decir el gremio en el cual se halla encuadrado.
El otro punto en discusión, y en el cual el gobierno no quiere dar marcha atrás, es el Fondo de Asistencia Laboral (FAL). La propuesta implica utilizar recursos habitualmente destinados a la ANSES para resguardar a los empresarios. Esto eliminaría fondos dirigidos a la seguridad social, creando en su lugar un nuevo recurso para las arcas de un Estado urgido de financiamiento.
Desde la CGT el propio ex Secretario General Héctor Daer ha subrayado que el oficialismo tiene los votos para aprobar la nueva legislación. El discurso del nuevo secretariado se inscribe dentro del posibilismo y la capacidad de modificar una realidad que miran desde lejos. Los cambios en la composición de la clase trabajadora, el aumento de la informalidad y el resultado de las elecciones de octubre han colocado al sindicalismo en una posición defensiva.
“Es la primera vez que vienen por nosotros”. El relato de un alto dirigente gremial refleja la especulación más admitida: que sean el último eslabón de una cadena que comenzó a forjarse en la década del 40 con el peronismo.
Las disputas internas entre los gremios evidencian las diferentes posturas frente al Gobierno. En el Estado, mientras UPCN (liderado por Andrés Rodríguez y enrolado en la CGT) ha aceptado paritarias con aumentos a la baja, ATE (encabezado por Rodolfo Aguiar) ha rechazado y denunciado sistemáticamente esos acuerdos. Este debate atraviesa a todos los sindicatos: la disyuntiva entre conservar lo que queda o salir a disputar cada una de las luchas.



