Jul 19 2026
Jul 19 2026

La virtud inesperada

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Las frondosas minucias del debate de ideas acuñado por la vicepresidenta Cristina Kirchner para traducción diplomática de la trifulca interna del Frente de Todos han tapado con frecuencia los aspectos troncales que resplandecen bajo el follaje. Las últimas dos semanas, más allá de la intensidad verbal que se tramita por televisión, emisoras radiales, diarios y plataformas virtuales, constituyeron tal vez una bisagra: por un lado, el cristinismo encontró su vibra legislativa para marcarle la cancha a la Casa Rosada con el proyecto de resolución para el adelantamiento del cobro de las cuotas previstas para fin de año en concepto de Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) y, por otro, el presidente Alberto Fernández adoptó la iniciativa parlamentaria presentada, neutralizó su filo y dispuso una mejora sensible para los trabajadores regidos por el artículo 116 de la Ley de Contrato de Trabajo.

Según fuentes sindicales, el Jefe de Estado y el ministro de Trabajo, Claudio Moroni, habían recibido el reclamo gremial ante el alza inflacionaria y el atraso que sufrirían las actualizaciones acordadas en el Consejo del Salario de marzo pasado pero escatimaron apoyo. Ante esa reticencia, los dirigentes apelaron a los despachos del Congreso donde tienen representación y los dipusindicales activaron los vasos comunicantes con el diputado Máximo Kirchner para que la preocupación se convirtiera, al menos, en fundamentos de una norma que sirviera en la agenda pública.

Cuatro días más tarde, el titular de la cartera laboral anunciaba la medida que había resistido y el primer mandatario quedaba a tiro de capitalizarla políticamente. El derrotero de esa pequeña historia puede narrarse como el enésimo capítulo de la novela sin pantalla o como el punto de giro de un guión que tenía demasiado encorsetados a los personajes del relato. De ahora en más, quizá se asista a la presentación de expedientes de la fracción identificada con la líder de Unidad Ciudadana en el Congreso y la asunción resolutiva desde el Ejecutivo. En ese trance, la clase trabajadora podría beneficiarse de un conflicto que trabó hasta el momento la gestión y amenazó la unidad triunfal del diseño electoral peronista de 2019.

Así, se alumbraría inesperadamente un itinerario donde los compañeros de fórmula que derrotaron a Mauricio Macri en el pasado turno electoral para la Presidencia de la Nación compitan entre sí por ganarse el apoyo popular, con impulso a políticas públicas que reaviven el ardor de las adhesiones cosechadas años ha. Habrá que atender qué destino les toca a propuestas como la cancelación de deudas previsionales o el Salario Básico Universal, que despierta resistencias no sólo en Olivos -a pesar de que cualquiera reconoce su tenor paliativo en la urgencia-. Ingenuidades al margen, ese escenario elude el candor de motejar a los actores como buenos o malos: la ex Presidenta rivaliza con su ex jefe de Gabinete, a quien despojó de representación previa al momento de ungirlo candidato, para recuperar imagen, mientras que el primer mandatario señala los defectos pretéritos y actuales de la contrincante que, a su entender, no hubiera podido sin él.

Por lo demás, la diferencia entre diagnósticos y pronósticos de ambas partes se cifra en la crítica a la predilección por el modelo exportador con bajos salarios que la Vicepresidenta les imputó a los ministros de Economía, Martín Guzmán, y Desarrollo Productivo, Matías Kulfas. Al mismo tiempo, Fernández está persuadido de tres axiomas.

En primer término, predica con fervor que es preciso reducir el déficit fiscal, y esa postura suya no es nueva: lo repitió antes y durante la campaña que lo llevó al sillón de Rivadavia, para complacencia de los detractores del kirchnerismo e irritación del Instituto Patria. En segundo lugar, defiende el aumento de las exportaciones como vehículo para crecer económicamente. Y en tercer término, apuesta todas sus chances a las inversiones europeas para garantizarse el desarrollo del gasoducto Néstor Kirchner, la construcción de plantas de licuefacción de gas, caminos y puertos para proveer de energía a los países que se abastecían de Rusia hasta que se inició la guerra de Ucrania y terminar con la restricción externa.

Aunque no comparta esas perspectivas, la titular del Senado también presta atención a las posibles carambolas históricas. Aunque suponga que hay que distribuir para crecer y lo contrario es teoría del derrame, un eventual crecimiento económico por fuera de lo previsto derivaría en mejores chances para el Presidente de cara al 2023 y, amén de su ascendencia para que su dedo funja otra vez como la barita de un demiurgo para inventar un candidato, no la tendría tan fácil.

Es entonces cuando cobra vigor la caracterización que publicara el 1 de mayo en Clarín el periodista Ignacio Zuleta: “A los socios de Cambiemos los divide la genética y los une un objetivo común. Al Frente de Todos lo une la genética, pero lo dividen objetivos dispersos”. No obstante, la economía suele ser determinante para el ordenamiento político. Y eso vale tanto para la derecha como para el peronismo.

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