Jun 03 2026
Jun 03 2026

El orden de los factores

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Mientras Massa reclama orden político para que no se desmadre la economía, los dueños del país organizan la oferta electoral de la derecha antes que implosione Juntos por el Cambio. | Por Pablo Dipierri

El acuerdo entre los precandidatos presidenciales del Pro, Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich, revela el reflejo de la clase dominante argentina para encauzar los conflictos de su propia herramienta política. A diferencia de los bamboleos en el oficialismo, la lucha de egos en la oposición empezaría a administrarse bajo la eficiente supervisión de sus mandantes, los principales actores del empresariado nacional.

En ese sentido, la recepción que los jerarcas de las Asociación Empresaria Argentina (AEA) le prodigaron al Jefe de Gobierno porteño cobra ahora otra dimensión. Los anfitriones del alcalde, entre los que se contaban desde Héctor Magnetto y Paolo Rocca hasta Alejandro Bulgheroni, Charlie Blaquier, Aldo Roggio y Luis Pagani, tal vez le tiraron de las orejas por más que la comunicación oficial haya enfatizado la complacencia mutua de enunciar sus presuntas buenas intenciones acerca de la institucionalidad, el republicanismo y la inflación.

Ya en casa de María Eugenia Vidal y bajo el escrutinio gerencial de Mauricio Macri, Rodríguez Larreta y Bullrich aceptaron que el nombre del candidato a suceder al primero en la sede de Uspallata saldría del veredicto de una encuesta en los próximos 20 días, a partir de un sondeo de intención de voto entre Jorge Macri, primo del ex Presidente, y Fernán Quirós, ministro de Salud de la Ciudad. Para el caso de la Provincia de Buenos Aires, los larretistas se jactan de que su referente mezquinó la tira de la boleta que ocupará Diego Santilli como postulante a la gobernación, obligando a su contrincante a escoger entre Diego Ritondo, Javier Iguacel u otro challenger.

Paradójicamente, el orden político que reclama Sergio Massa en el oficialismo para alcanzar la serenidad económica en medio del tembladeral financiero permanente opera como receta en la alianza de macristas, radicales y lilitos. Más lindante con la poética que con la matemática, la política no admite el axioma pitagórico acerca de que el orden de los factores no altera el producto pero, al igual que en otras asignaturas, el peronismo bajo el signo del Frente de Todos no abordó a una síntesis aun sobre la prevalencia de la política sobre la economía o al revés. Como precede en organización y nunca rifa su capital, la clase dominante corre con ventaja.

Hasta el 25 de mayo por lo menos, el kirchnerismo seguirá retorciéndose entre la retórica y la especulación sobre la candidatura de la vicepresidenta Cristina Kirchner. Por el momento, el diputado Máximo Kirchner porfía con el impulso de Axel Kicillof a la compulsa por la Presidencia, el ministro del Interior, Eduardo Wado de Pedro, se mueve como precandidato presidencial dispuesto a la PASO y el titular de la cartera de Desarrollo de la Comunidad bonaerense, Andrés Larroque, es uno de los principales promotores del operativo clamor para que la titular del Senado inscriba su nombre al tope de las listas.

El desparramo podría reconvertirse con la palabra suya, frente a la multitud que se espera colme la avenida 9 de Julio. Entonces se dilucidaría si la energía se canalizaría bajo el entusiasmo de asistir a una pelea electoral agónico con su nombre como bandera o si apelaría a su genio para transferir su capital simbólico a otros dirigentes, con un soporte discursivo que exprese contención y madurez. Si el candidato fuese el programa, Massa podría darse por satisfecho con la sustentabilidad precaria de un ordenamiento mínimo en medio de una lengua que cree que sabe cantarle a la convulsión popular.

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