Por Juan Carlos Otaño
El deseo de ocasionar el mayor daño posible a los enemigos es tan viejo como la humanidad.
En los tiempos antiguos, era adoptada la fórmula de un simple estribillo, cargado de sílabas mágicas. La más terrible de las maldiciones, sin embargo, recibía por nombre ANATEMA. Era aplicado a toda cosa detestable, destinada a ser destruida.
En el lenguaje bíblico merecer el anatema era estar destinado a la destrucción. La Iglesia ha hecho de esta palabra un sinónimo de maldición, de maldito, y los Concilios y los papas no escatimaron el uso de este instrumento. Si alguno niega tal o cual verdad, ANATHEMA SIT, esto es, sea separado de la comunión de los fieles y condenado a la eterna desgracia. El anatema era una pena mayor que la excomunión, porque el que incurría en ella era entregado a Satanás.
Este género de maldiciones fue muy practicado por todas las grandes religiones del amor. Las « maldiciones sagradas » eran replicadas por medio del uso de las «blasfemias» (los españoles fueron expertos en esta materia), mientras que para el insulto secular, decía Rudolf Nureyev, «no hay como el italiano».
Maldiciones del Egipto faraónico
La maldición del faraón, fórmula escueta colocada en un lugar bien visible a la entrada de un enterratorio, tenía por función ahuyentar a los posibles profanadores de tumbas. La más célebre, por supuesto, es la de Tutankamon:
«LA MUERTE SE ACERCARÁ RÁPIDAMENTE A TODOS AQUELLOS QUE QUE SE ATREVAN A PERTURBAR EL REPOSO DEL FARAÓN».
En el mismo sentido, reza graciosamente una tumba en Abidos:
«TE RETORCERÉ EL CUELLO COMO UN POLLO».
Pero los antiguos egipcios tampoco se privaban del llamado «mote apodario», especie que encaperuzaban como un sambenito, preferentemente a los que daban muestras de mala vida (ladrones, rateros, profanadores).
«EL DEMONIO», «MALVADO-EN-TEBAS». «RE-LO-ABORRECE», «RE-LO-CEGARÁ»…
(Éstos fueron los apodos que recibieron los delincuentes que participaron en la Conspiración del Harén, que llevó a la muerte del faraón Ramsés III, año -1166, final del Imperio Nuevo, XX dinastía).
A veces, las fórmulas insultantes estaban destinadas a ahuyentar de las tumbas a deidades consideradas rivales. Drioton (Sarcasmes contre les adorateurs d’Horus, París, 1939), cita un pasaje extraído de los Textos de las Pirámides, donde los dioses osirianos son designados con motes injuriosos, para impedirles su ingreso a la pirámide (ésta, reputada como dominio solar):
Horus es llamado «CEGADO-POR-UN-CERDO», Seth «EL-CASTRADO», Khentiriti «EL-BABOSO», Toth «SIN-MADRE», Isis «HINCHADA-POR-LA-PUTREFACCIÓN», Neftis «CONCUBINA-SIN-MATRIZ»…
Los decretos del faraón Seti I rebosan de maldiciones. Advierten a los acusados de la justicia — por si llegasen a escapar de la ecuanimidad de los hombres:
«OSIRIS PERSEGUIRÁ A ÉL, ISIS PERSEGUIRÁ A SU MUJER Y A SUS HIJOS, HASTA BORRAR SU NOMBRE, DESTRUIR SU BA E IMPEDIR QUE SU CADÁVER DESCANSE EN LA NECRÓPOLIS».
Otro decreto envía contra el desgraciado a toda la familia de las divinidades osirianas:
«OSIRIS LO PERSEGUIRÁ A ÉL, ISIS PERSEGUIRÁ A SU MUJER, Y HORUS PERSEGUIRÁ A SUS HIJOS. Y LOS GRANDES, LOS SEÑORES DE LA NECRÓPOLIS, ARREGLARÁN SUS CUENTAS CON ÉL».
Ni los mismos faraones podían sentirse seguros, porque (los dioses):
«SE PONDRÁN ROJOS COMO UNA LLAMA DE FUEGO, Y QUEMARÁN LA CARNE DE LOS QUE NO ME HAGAN CASO, LE LLEVARÁN AL LUGAR DE LAS EJECUCIONES DEL OTRO MUNDO».
Maldiciones bíblicas
Habiendo aprendido en su estadía egipcia los primeros rudimentos de este difícil arte, la maldición entre los antiguos hebreos bien pronto adquirió un cierto grado de autonomía.
En el Antiguo testamento, es el mismo Yavé el encargado de aplicar la vara de la justicia:
«MALDITO SEAS ENTRE TODOS LOS GANADOS Y ENTRE TODAS LAS BESTIAS DEL CAMPO».
«TE ARRASTRARÁS SOBRE TU VIENTRE Y COMERÁS DEL POLVO DE LA TIERRA TODOS LOS DÍAS DE TU VIDA».
«MALDITA SEA LA TIERRA POR TU CULPA, CON TRABAJO SACARÁS DE ELLA TU ALIMENTO TODO EL TIEMPO DE TU VIDA» (Génesis, 4, 17).
«EN EL LUGAR MISMO EN QUE LOS PERROS HAN LAMIDO LA SANGRE DE NABOT, LAMERÁN LOS PERROS TAMBIÉN TU SANGRE» (Reyes, 21, 2).
«NO COMERÁS PAN NI BEBERÁS AGUA, TU CADÁVER NO ENTRARÁ EN EL SEPULCRO DE TUS PADRES» (Reyes, 13, 28).
Por una especie de consentimiento tácito, el poder de la Iglesia cristiana estableció como verdaderos, a mediados del siglo II, los cuatro evangelios que se conocen en la actualidad y que son llamados canónicos.
Sin embargo, antes y después, circuló por todo el orbe — disfrutando de un mismo status de autenticidad — una infinidad de textos igualmente evangélicos que luego de aquel concilio fueron denominados apócrifos. Pero incluso el nombre «apócrifo», que hoy se identifica como «falso», en un principio más bien tenía la connotación de «oscuro», es decir: reservado para una élite de iniciados.
Gozando de una enorme popularidad entre los cristianos de la Edad Media, algunos de estos evangelios fueron aceptados por sectas divergentes del poder central de la Iglesia, lo cual dio inicio a las impresionantes matanzas entre cristianos por mutuas acusaciones de herejía.
Dice el «Evangelio del pseudo-Mateo» (#XXVIII, Muerte del hijo de Anás), que una vez, el hijo de Anás, sacerdote del templo, había venido con José. «Llevaba en la mano una vara, destruyó con ella, lleno de cólera y en presencia de todos, los pequeños estanques que Jesús había hecho, y esparció el agua que Jesús había conducido, y destruyó los surcos por donde venía. Y Jesús, viendo esto, dijo a aquel muchacho que había destruido su obra:
«GRANO EXECRABLE DE INIQUIDAD, HIJO DE LA MUERTE, OFICINA DE SATÁN, A BUEN SEGURO QUE EL FRUTO DE TU SEMILLA QUEDARÁ SIN FUERZAS, TUS RAÍCES SIN HUMEDAD, TUS RAMAS ÁRIDAS Y SIN SAZONAR».
«Y enseguida, en presencia de todos — finaliza diciendo el relato — el niño se desecó y murió». (Este mismo episodio se repite en el «Evangelio de Santo Tomás», #IV, Castigo infligido por Jesús a un niño, y en el «Evangelio Árabe de la Infancia», #XLVII, Jesús empujado por un niño).
Extraído de los Evangelios canónicos — aunque también de los Evangelios apócrifos —, se cita el famoso episodio de la higuera de Betania:
Dice Mateo (21, 11): «Volviendo muy temprano a la ciudad, sintió hambre. Vio una higuera junto al camino, se acercó a ella y no vio más que hojas. Dijo entonces:
“JAMÁS BROTE DE TI FRUTO ALGUNO.”
Y la higuera se secó al instante».
…
Otras voces de los discípulos no se quedaban atrás:
«SEPULCRO ABIERTO ES SU GARGANTA, CON SUS LENGUAS URDIERON ENGAÑOS, HAY VENENO DE ÁSPIDES BAJO SUS LABIOS» (Cartas de Pablo, Romanos, 3, 26).
«EN MI VISIÓN OÍ UN ÁGUILA QUE VOLABA POR MEDIO DEL CIELO Y GRITABA CON GRAN VOZ: “MALDICIÓN, MALDICIÓN, MALDICIÓN A LOS HABITANTES DE LA TIERRA TAN PRONTO COMO SUENEN LOS OTROS TOQUES DE LAS TROMPETAS QUE LOS TRES ÁNGELES VAN A TOCAR» (Juan, Apocalipsis, 8, 8).
Maldiciones en el Islam
Hacia el siglo Vº, fecha de los más antiguos poemas datados en el Islam, aparecen los llamados poemas de encantamientos o de invectivas.
Por ejemplo:
«QUE TE ACOMPAÑE LA DESGRACIA COMO UN BASTÓN EMBRUJADO LLEVADO DEBAJO DEL SOBACO».
En estas oraciones cortas, la maldición se convierte a la vez en una invocación y en un maleficio. Dice René Khawam (La poésie arabe des origines à nous jours, París, 1960) que estas fórmulas solían utilizarse como una cadencia de sílabas mágicas, muchas veces simples onomatopeyas cargadas de un fluido mortal, para enfrentar a los soldados enemigos momentos antes de la batalla. Después, evolucionaron bajo la forma de sátiras virulentas contra los enemigos de la tribu o los tiranos opresores de la masa. El califa Almahdi hizo morir a bastonazos al poeta Bachar para castigarlo por una sátira que este último había lanzado contra el soberano:
«QUE DIOS CONFUNDA A LOS PÍCAROS QUE ELIGEN LA NOCHE OSCURA PARA IR A CHUPAR HUESOS PODRIDOS EN EL MATADERO» (Ourwah Ibn Al-Ward, s. VI).
«¡NO CONCEDA DIOS LA CALMA AL CORAZÓN QUE DESISTA DE RECORDARTE Y QUE NO VUELE A TU LADO CON LAS ALAS TRÉMULAS DEL DESEO!» (Ben Zaidum de Córdoba).
«QUE DIOS TE CUBRA DE REPROCHES, ¡PADRE MÍO! Y DE CONFUSIÓN, Y QUE SU REPROBACIÓN SE EXTIENDA TAMBIÉN A MIS DOS TÍOS» (Djarwal Ibn Aws, apodado «Al-Houtaya», «El Contrahecho», ? – 30/650).
«OH HIJOS DE DAWTARA, VUESTRO MAYOR TÍTULO DE GLORIA CONSISTE EN IR A CORRER DETRÁS DE VIEJAS CAMELLAS ESTÉRILES» (Djarir, c. 52/672 – 114/732-3).
Maldiciones de comienzos de la modernidad.
AUREOLUS FILIPPUS TEOFRASTO BOMBASTO DE HOHENHEIM, alquimista y médico suizo que vivió en el s. XVI —y que fue mejor conocido con el nombre de PARACELSO—, no ignoraba los efectos deletéreos que podían vehiculizar las maldiciones. Tal es así que ya había disertado largamente sobre ellas en el Cuarto Libro Pagano Acerca de las Entidades Morbosas, capítulo incluido en su obra «LIBER PARAMINUM» (edición alemana de 1599).
Personaje polémico y contestatario, dotado de un espíritu irónico y mordaz, Paracelso no tardó en verse rodeado de innumerables enemigos — entre ellos, por algunos sujetos muy influyentes —, lo que le valió persecuciones infinitas y, tal vez, finalmente, la muerte por envenenamiento.
En 1526 — a los 33 años — hallábase en Basilea con el cargo de físico de la ciudad. Los médicos comenzaron a conspirar contra este nombramiento, acusándole de ejercer ilegalmente la profesión, corromper a la juventud, dictar cátedras en alemán, practicar el ateísmo y jamás concurrir a la iglesia. Finalmente dijeron de Paracelso que era eunuco, borracho y brujo. Indignado, el físico les envió la siguiente filípica:
«¡PILLOS, EMBUSTEROS, SOFISTAS, PIOJOSOS, MATAPERROS, MÉDICOS DE VACAS, DUEÑOS DE CASAS DE PUTAS!»
Otros grandes puteadores del Renacimiento fueron Pietro Aretino (apodado « el Divino ») y Maquiavelo, que en sus cartas escritas desde una fonda toscana distraía su exilio con insultos, acabando su propio apellido convertido en un insulto.
Insultos románticos y contra-románticos
Con la llegada de la Modernidad, el insulto se seculariza. La maldición — que antiguamente invocaba la intercesión de la divinidad — pierde paulatina o súbitamente sus encantos: se ha visto sustituida por las fórmulas familiares de la sátira y la diatriba, transformándose en los delicados instrumentos que se conocen.
La sátira llamada Los bardos de Inglaterra, firmada por Lord Byron y publicada en marzo de 1809, fue escrita para replicar las críticas demoledoras formuladas contra el autor de la revista escocesa « Edinburgh Review» — críticas que él consideraba como « predicciones de mal augurio », « obra maestra de chanzas groseras», « tejido de injurias », etc. Aunque al hacerla, Byron declaró que no la había redactado para probar que sabía escribir bien, sino para obligar a los demás a escribir mejor.
La segunda edición incluía, en letras minúsculas, un párrafo con la siguiente advertencia: « El noble autor abandonó el país antes de publicarse esta edición, y todavía no ha regresado. »
Algunos ejemplos:
(Robert Suthey): « MERCADER DE BALADAS» … « QUE DIOS GUARDE DE TUS SINIESTROS DESIGNIOS A LOS NIÑOS QUE TODAVÍA NO HAN NACIDO. »
(M.G. Lewis) : « SATÁN MISMO NO SE ATREVERÍA A VIVIR CONTIGO, TU CEREBRO SERÍA PARA ÉL UN INFIERNO MÁS PROFUNDO QUE EL SUYO. »
(Fitzgerald) (o Fitz-Gerald, llamado por Colbert « el poeta de la cervecita ») : « EL RONCO FITZGERALD, VOCIFERANDO EN LAS TABERNAS SUS COPLAS DISCORDANTES. »
(Hayley) : « ATORMENTA A LOS MUERTOS DEL PURGATORIO CON SUS ELOGIOS. »
(Graham) : « EL SEPULCRAL GRAHAM» … « QUE EL PIADOSO GRAHAM SALMODIE SUS ESTÚPIDAS ANTÍFONAS. »
(Pope) : « RASTREA EN VIEJOS ESTERCOLEROS BUSCANDO PERLAS. »
(Jeffrey) : « ALUMNO DEL VERDUGO. » … « GRAN ANTROPÓFAGO LITERARIO. »
(Bloomfield) : « NO HA SIDO LA INSPIRACIÓN SINO UN ESPÍRITU ENFERMO EL QUE LE PUSO LA PLUMA EN LA MANO. »
(Wordsworth) : « EL MÁS BAJO DE LA TURBA DE LOS POETAS RAMPANTES. »
(Little) : « MELODIOSO PREDICADOR DEL LIBERTINAJE. »
(Clark) : « VIL ENTRE LOS MÁS VILES. » … « ÉL MISMO, UNA SÁTIRA VIVIENTE DE LA ESPECIE HUMANA. »
« Catálogo », llamó Lautréamont a su célebre enumeración de « las grandes cabezas fofas de nuestra época » (Poésies, 1870). La fórmula consiste en una revisión, de forma caricatural y grotesca, empleando motes y apodos cómicos, de las celebridades literarias:
« CHAUTEBRIAND, O EL MOHICANO-MELANCÓLICO ;
» SENANCOURT, EL HOMBRE CON FALDAS ;
» JEAN-JACQUES ROUSSEAU, EL SOCIALISTA HURAÑO ;
» ANNE RADCLIFFE, EL ESPECTRO CHIFLADO ;
» EDGAR POE, EL MAMELUCO DE LOS SUEÑOS DE ALCOHOL ;
» MATURIN, EL COMPADRE DE LAS TINIEBLAS ;
» GEORGE SAND, EL HERMAFRODITA CIRCUNCISO ;
» THÉOPHILE GAUTIER, EL INCOMPARABLE DESPENSERO ;
» LACONTE, EL CAUTIVO DEL DIABLO ;
» GOETHE, EL SUICIDA PARA LLORAR ;
» SAINTE-BEUVE, EL SUICIDA PARA REÍR ;
» LAMARTINE, LA CIGÜEÑA LACRIMÓGENA ;
» LERMONTOFF, EL TIGRE QUE RUGE ;
» VICTOR HUGO, LA FÚNEBRE ESTACA VERDE ;
» MICKIEWICZ, EL IMITADOR DE SATÁN ;
» MUSSET, EL PETIMETRE DESCAMISADO INTELECTUAL ; y
» BYRON, EL HIPOPÓTAMO DE LAS SELVAS INFERNALES. »
Cartas insultantes
Llegamos así a los albores del siglo XX, donde las grandes estrellas del insulto son las cartas surrealistas, enviadas a personajes indeseables e incluso, a veces, seleccionados al azar (ganadores de premios en colegios religiosos, galardonados en concursos literarios, periodistas, etc.). Se transcribe seguidamente una misiva, publicada en 1928 en el Traité du Style. Su autor es el Louis Aragon surrealista :
Vieja podredumbre:
Acabo de leer tus canalladas del 15 y 19 de septiembre. Te encuentro grosero, diarreico, pero más que nada mentiroso y cobarde. Has necesitado cuatro días para percibir que la imbécil versión Lautréamont-orador público, que habías aceptado en tu ignorancia de carpa, era, cuando menos, discutible. Y con referencia al mismo asunto. Has revuelto tu propia mier… para que se convierta en tu gloria. Ya teníamos el artículo sobre Baudelaire, donde disertabas sobre sus placas mucosas, y ahora te metes con la psiquiatría. Poco importa la enorme ironía que despliegas, relee, sin embargo, tus dos artículos uno después de otro. Encontrarás en ellos lo que muy bien sabes, una serie de insolencias basadas en nada, que dos o tres informaciones tardías han derrumbado del todo. Además, nada que sea un alegato espiritual y sí la impudicia del charlatán que quiere tener razón a toda costa.
Por otra parte, debes darme una prueba, ya que me acusas de querer ponerme en evidencia. ¿Será cierto que Soupault te pidió escribir un artículo sobre su pequeña reedición? Los dos pueden sentirse contentos. Uno venderá diez ejemplares más y tú te has purgado. Has hecho una buena caga…
Mi intención no es discutir con un pellejo podrido. Eres una de esas inmundicias cuya sola idea pudre. De tus elucubraciones diré, haciendo un tropo un poco audaz, que no son ingeniosas sino chocantes y que tú mismo, haciendo tu periódica cochinada, hueles a perfume prostibulario. Y por último, poniéndome a la altura de tu ciencia médica, que eres bastante exacto a las fungosidades que se forman en las narices de los tuberculosos. Por otra parte, te conozco de dos o tres ocasiones: eres innoble. Sorete intelectual, tienes cara de lo que eres. Una vieja camisa olvidada en un mingitorio.
Pero ándate con cuidado, rancia hediondez, del lugar donde tiras tus inmundicias. Podría suceder, te lo digo suavemente, epistolarmente, sólo a título de información, que los lectores jovencitos, esos que tú señalas desconsideradamente, encuentren por último que no pueden aguantar más tu carroña, y que tomando la escoba de… ¿me entiendes? la usen con una cierta violencia contra tu fétida persona.
Tengo el agrado de taparme la nariz ante tu pera.
Otro sí digo: Con la misma suavidad te advierto que no tratas el asunto Lautréamont, ni siquiera con la mediana comprensión de un periodista sin taras fisiológicas. Reflexiona. La parálisis general avanza, últimamente has tenido decepciones y el espejo te ha mostrado en tu pingajo cosas… inquietantes. No te digo más. Un accidente se presenta cuando menos se le espera.


