Jun 03 2026
Jun 03 2026

Oferta o demanda

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Una intromisión para cruzar los intereses que se juegan detrás de la tensión entre los modelos económicos en danza. La distribución como el principal desequilibrio de la economía. Cepo, retenciones y subsidios como bandera. | Por Luciana Glezer

Con quién hay que hablar

Este texto viene motorizado por la convocatoria masiva de la vicepresidenta Cristina Kirchner a discutir el bimonetarismo, entendido como el mecanismo de captación de dólares y la ponderación sobre la asignación de ese recurso, cuya escasez es relativa.

Esto quiere decir que la disyuntiva conjuntiva entre dolarizar y/o devaluar componen necesariamente ese debate.

A partir de eso, una consecución de interrogantes. ¿Acaso no es justamente el bimonetarismo la discusión que atraviesa al poder real desde el último cuarto del siglo pasado?

La pregunta conduce a los interlocutores, que son las terminales que expresan a las fuerzas que construyen los parámetros del sistema democrático representativo.

¿Quién habla, quién eres?

Categorías agotadas

Desde la conformación del Estado Nación, el país ensayó modelos con marcadas diferencias en relación a su inserción en la estructura económica mundial y el desarrollo de su mercado interno.

Suena a obviedad mencionar el agroexportador, la industrialización desarrollista o la sustitución de importaciones y la valorización financiera. Sin embargo, plantar a grandes rasgos ciertas características de cada uno es una herramienta útil para la preparación ante la que se viene.

El recorte es arbitrario, claro está, como todos los recortes.  Ocurre que, al entenderlos como recortes, habilitan la posibilidad de sobreimprimir otras piezas a este debate.

Bienvenidas.

Lo cierto es que la historia no es lineal, y el pasado nunca termina. Mas bien se actualiza en lo que se nombra presente.

Con el modelo agroexportador, se conformó una oligarquía local terrateniente que contó con el financiamiento de Gran Bretaña para el desarrollo exportador.

De movida, implicó que los precios de la producción argentina se fijaran en el exterior. Sobre esto, la apropiación del excedente, producto de la riqueza de la tierra de todos los argentinos, se concentró en las pocas manos latifundistas.

Que loco que alcancen cinco líneas para aproximar dos siglos de debate y así caer en el casillero que pone la lupa sobre la funcionalidad de las retenciones para determinar la dinámica distributiva de la riqueza del suelo nacional, así como herramienta fundamental para fijar un precio de referencia para el funcionamiento del resto de la economía.

Respecto a la industrialización, sobran las asignaturas pendientes. Se rescata el desarrollo industrial como un objetivo que fue buscado por modalidades y factores externos tan disímiles que derriba interpretaciones generalizadas sobre la existencia de un proyecto homogéneo fallido. Dar por sentando el fracaso de la competitividad del desarrollo argentino, como pretender ser el supermercado del mundo, sirve apenas como terreno fértil para la valorización financiera.

La valorización financiera es el modelo predominante en el funcionamiento de la estructura económica argentina desde 1976 hasta el día de hoy. Según el profesor Eduardo Basualdo, el kirchnerismo fue un “interregno” en la dominancia financiera pero no consiguió reemplazarla con un modelo de acumulación alternativo.

Y en esa, anda.

Ahora bien. Nada de esto exime a los “desarrollismos”. Dada la existencia de una pluralidad de desarrollismos, conviven en sus distintas modalidades identidades exportadoras primarias, abultadas rentabilidades financieras y marcos de alianzas promiscuos que desdibujan y complejizan el análisis.

Al muerto le crecen las uñas

Los únicos dos canales por donde ingresan dólares a la Argentina son vía exportaciones o endeudamiento.

En cambio, el flujo inverso se da por tres carriles. Las importaciones (que incluyen bienes intermedios y finales pero también turismo y servicios del exterior), el pago de compromisos de deuda en moneda extranjera y la formación de activos externos.

Por este canal se va el excedente, ahorro en dólares que salen del circuito económico.

No hay que ser muy ducho para advertir que no importa la cantidad de dólares que ingresen. La demanda siempre va a superar la oferta. De ahí se concluye que el problema esencial es nítidamente de demanda, explicada como se quiera -factores psicológicos incluidos-.

Pero resulta que las propuestas económicas que suenan como las más racionales apenas se diferencian en cuanto a la elección del canal para su ensanchamiento, y para aumentar al máximo todo el caudal posible de las ventas al extranjero. Las propuestas económicas versan sobre distintas mecanismos para la ampliación de la oferta.

Es cierto que  apostar al pleno exportador luce políticamente más correcto  que endeudar. Endeudar suena feo.  Sin embargo ambas motivaciones alimentan la misma lógica: esa que se contenta con creer que los limitantes de la economía bimonetaria se resuelven simplemente consiguiendo más dólares.

El orden de los factores altera el producto

La ponderación de componentes tales como oferta y demanda y crecimiento y distribución determinan el modelo de acumulación, porque en la ecuación se define la asignación de recursos, los sectores favorecidos y los sujetos golpeados. El orden de los factores altera este producto.

Crecer para después distribuir es casi similar a la teoría del derrame. Un crecimiento que carece de una planificación precedente viene determinado por el modelo de acumulación que lo rige. La rentabilidad sectorial, tanto para el sector financiero como exportador, está más que garantizada.

Una distribución más equitativa del crecimiento requiere el diseño de un nuevo patrón. Una planificación estratégica del desarrollo con un carácter distributivo deliberado previamente resulta plafón necesario para un posterior despegue económico.

El modelo de valorización financiera sobreimpreso al pleno exportador primario rige el modelo de crecimiento y determina la distribución en Argentina desde 1976. Los doce años de gobiernos kirchneristas fueron un interregno que puso en discusión ese modelo pero no consiguió reemplazarlo, tal como definen Basualdo y Pablo Manzanelli, en su último documento de trabajo.

Para la puesta en discusión de ese modelo, fue necesario invertir la lógica respecto al posicionamiento ante la oferta y la demanda.

Las políticas económicas que impulsan la oferta son aquellas que descomprimen al capital para fomentar las inversiones. Reducciones impositivas, créditos subsidiados, fondos no rembolsables.

Por el contrario, las políticas económicas que incentivan la demanda son transferencias salariales directas al bolsillo de trabajadores. Subsidios, asignaciones, complementos salariales.

Así queda expuesto el marco estructural que habilita la demonización de palabras como cepo, retenciones, subsidios y planes. Combo indispensable para la redistribución de la fenomenal rentabilidad que genera (y de la que debe gozar) el país en su conjunto.

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