“La lealtad es cosa de la que todo el mundo habla
y muy pocos la practican,
por la sencilla razón de que no es una posición espiritual
al alcance de todo el mundo,
ni todo el mundo está preparado para ser leal.”
Ramón Carrillo
Bueno. Ya sabemos cómo nos encontró el año 2000. Y ahora estamos orejeando cómo nos topa este 17 de octubre de 2022, con el presidente de la República -y también del Partido Justicialista- ausente de todo festejo a la Lealtad (será porque como le confesó a Jorge Fontevecchia en un reportaje de abril de 2020, él es “socialdemócrata”); con la columna vertebral bífida del Movimiento haciendo un acto a puertas cerradas en el estadio de Obras Sanitarias, el Movimiento Evita en el Estadio del Deportivo Laferrere y el peronismo en la histórica Plaza de Mayo… como aquella vez.
Si la cámara me sigue en el flashback, sería bueno que hiciera una toma de los pies arrastrándose por los distintos accesos a la Capital; de los cuerpos arrojándose a cruzar a nado el Riachuelo; de las bocas pasándose las consignas para ir a la Plaza; de las patas en la fuente; de los hombres de sombrero en mangas de camisa; de las mujeres de polleras… la banda de sonido (ambiente) debería mezclar la proclama “sin galera y sin bastón, los muchachos de Perón” con un vals gallego de moda en esos días al que el pueblo le había cambiado la letra y decía: “Yo te daré/te daré niña hermosa/te daré una cosa/una cosa que empieza con P: PERÓN”. El guión indica que habría que poner un zócalo en el que reza “El Subsuelo de la Patria Sublevado” pero creo que es innecesario… cosas de los autores que, si los dejan, a la imagen de Evita le pondrían una leyenda que dijera: Eva Duarte de Perón.
Diversas Lealtades
Explicábamos, en el inicio de la nota, de los diferentes actos para este 17 de octubre.
Uno que, al parecer, nadie ha convocado y al que, al parecer, iba a asistir el presidente que, finalmente, ha decidido no ir a ninguna recordación; cuya geografía, al parecer, sería nuevamente la provincia de Tucumán, como aquel convocado por el actual jefe de gabinete, Juan Manzur, que en 2018 juntó sobre el escenario a Miguel Pichetto, Sergio Massa, Graciela Camaño, Daniel Scioli, Héctor Daer, Carlos Acuña, Luis Barrionuevo, Víctor Santamaría, Andrés Rodríguez y a una veintena de dirigentes más. Lo más importante que surgió allí fue que varios de los concurrentes expresaron la necesidad de -por entonces- jubilarla a Cristina. El acto tucumano de hoy, al parecer, podría contar con la presencia de Manzur (que se apuró a aclarar que no había sido él quien lo convocaba)… o no.
También la parte más gorda de la CGT tendrá su acto recoleto en Obras Sanitarias. Casi privado y, dicen los que saben, con tarjeta de invitación. Allí, en un alarde de “independencia sindical” (cosa que no se sabe bien si lo que quiere decir es que son independientes de los poderes fácticos o que se muestran prescindentes de la voluntad de los trabajadores), lanzarán la «Corriente Político-Sindical Peronista» con miras a terciar en la elecciones de 2023.
La ausencia de un sector cegetista no debe ser un dato que asombre. Un nuevo flashback podrá situarnos en la sede de la Unión Tranviarios, en el mediodía del 16 de octubre de 1945. Allí, un Confederal integrado por 27 secretarios generales de diferentes gremios discute las medidas a tomar frente a la prisión del coronel Perón. Por su parte, la Unión Obrera Local -brazo sindical de PC- “desautoriza las versiones a favor de una huelga inminente” y las atribuye a “elementos nazis que pretenden obstruir el camino de las elecciones” y la Federación Obrera de la Carne -de ideología stalinista- insta a los trabajadores a “no abandonar sus tareas”.
El Confederal de CGT decide, a la madrugada del 17, convocar a una huelga para el 18 y comunicarle esto al gobierno en horas de la mañana. A esa misma hora, la cámara toma a las columnas de trabajadores de Berisso, Ensenada, Avellaneda, Lanús caminando hacia la Plaza de Mayo. Funde a negro sobre las oscuras aguas del riachuelo, luego de panear al Ejército levantando los puentes de ingreso a Capital.
Espontaneísmo las petunias
El paro del 18 de octubre de 1945 se cumplió (algunos dijeron que era San Perón) y la CGT de entonces, el 19, sacó un comunicado en el que ni lo mencionó al Coronel del Pueblo. Inauguraba así la saga de los que creyeron que, no nombrándolo, podrían hacer que el Pueblo lo olvidara.
Volvamos al presente con una cámara que haga una toma de las redes. En Facebook, Twitter, Whatsapp, TikTok y, si me apuran, hasta en Tinder, llaneros solitarios citan a marchas, puebladas, movilizaciones, tomas y otras variopintas expresiones de lucha popular. Se produce un debate cuando alguien les responde que a esas cuestiones las tiene que convocar la conducción. La respuesta inmediatamente cita al 17 de octubre como la máxima expresión de voluntad popular, el debate no se cierra…
El flashback nos ubica en el departamento de la calle Posadas. Allí, el representante de un gobierno extranjero le ofrece a Perón sacarlo del país. El Coronel le agradece pero le dice que él se va a quedar. El extranjero le advierte que pueden meterlo preso. Interrumpe Evita: “Nosotros necesitamos que Perón vaya preso”, dice, y la escena funde a negro para abrir en la isla Martín García. Perón escribe febrilmente. Dos cartas. Una para su amada, llena de ternura y de promesas de largar todo y “mandarse a mudar juntos”; otra para su compañero el Teniente Coronel Domingo Mercante en la que sugiere, por la negativa, retazos de la estrategia. “Desde que me «encanaron» no hago sino pensar en lo que puede producirse si los obreros se proponen parar, en contra de lo que les pedí”, escribe y, para el buen lector, deja una indicación de lo que había que hacer.
Esas cartas serán traídas en mano por el capitán médico Miguel Mazza, personaje central en la estrategia y quien, el domingo 14 en su visita a Perón en Martín García, diagnostica que el coronel está muy enfermo. Mazza consigue unas radiografías de un enfermo de cáncer de pulmón y con esto se va a ver al ministro de Guerra y lo anoticia de la necesidad de trasladar a Perón al Hospital Militar. Tras varias idas y vueltas (la Marina se opone fuertemente al traslado), el martes 16 el coronel vuelve a Buenos Aires para ser internado. Paralelamente, Evita, Mercante, y dirigentes como Bramuglia, Borlenghi y Cipriano Reyes, anotician y movilizan a los trabajadores y a la oficialidad joven que es, básicamente, peronista.
La cámara vuelve al presente para recuperar la imagen del debate inconcluso en Twitter. Alguien insiste con la idea de las acciones autoconvocadas y vuelve a citar el 17 de octubre. El tuit se hace añicos como si se tratara de un espejo -como símbolo de la falta de cultura política, análisis histórico y militancia real de los debates en las redes- y tras los cristales cayendo aparece la imagen de un Perón joven, con el uniforme de teniente coronel, hablando desde el balcón. “Compañeros”, dice y cierra cámara sobre él.
La plaza de uno, la Plaza de Todos
La escena muestra a un grupo de dirigentes entre los que se encuentran los intendentes Mario Secco y Fabián Cagliardi dialogando con Máximo Kirchner. Sobre la mesa se ha tirado la idea de festejar este 17 de Octubre en la ciudad de Berisso, Kilómetro 0 del Peronismo. Jorge Ferraresi, ministro, hombre de Avellaneda, se opone aduciendo cuestiones de seguridad de Cristina, quien, en principio, participaría.
Paralelamente, en otra reunión, dirigentes sindicales, lanzan la convocatoria a Plaza de Mayo. Ante la incertidumbre sobre la decisión de la Vicepresidenta, finalmente se acuerda que todos -CTA (ambas), Corriente Federal, el Frente Patria Grande (que conduce Grabois), el sector de Pablo Moyano (triunviro aún de la CGT, aunque no tan gordo como para Obras), el PJ bonaerense, La Cámpora y algunas otras organizaciones territoriales- concurran al escenario original del 17 de octubre.
O casi todos, porque el Movimiento Evita ha convocado a otro acto, un acto casi íntimo, de corte personal, en el Deportivo Laferrere de La Matanza, territorio en el que, ¡oh casualidad!, Patricia Cubría, compañera de Emilio Pérsico -uno de los dos referentes máximos del Evita- se ha lanzado con la idea de desplazar al histórico Fernando Espinoza.
La cámara comienza a girar de manera enloquecida. Primero, como para que se vean con claridad las caras y las pancartas de diferentes actos del 17 de octubre; luego, a más velocidad hasta llegar a un torbellino que impide distinguir hasta que se planta en el discurso de Perón de la noche del 17 de octubre de 1945. Justo en el momento donde dice: “Muchas veces me dijeron que ese pueblo por el que yo sacrificaba mis horas de día y de noche, habría de traicionarme. Que sepan hoy los indignos farsantes que este pueblo no engaña a quien no lo traiciona”. La imagen se va fundiendo con otra en la que aparece Cristina Kirchner de blanco, dirigiéndose a un Alberto Fernández ausente: “Presidente, no se preocupe por las tapas de un diario, preocúpese por llegar al corazón de los argentinos y ellos siempre van a estar con usted”.
Sobre el vestido funde luz y empiezan a verse personas ingresando a Plaza de Mayo. Es otro tiempo. Un tiempo atemporal. No se distinguen demasiado las caras ni las ropas. Se escucha de fondo voces coreando “La Vida por Perón”. La imagen se congela.



