Mediante el Decreto 81/2026, el Ejecutivo ordenó que el sable corvo abandone el Museo Histórico Nacional y regrese a la custodia militar en Palermo. La medida, justificada por robos ocurridos en los años 60, desató críticas por contradecir la donación original y militarizar un bien civil.
En una decisión cargada de simbolismo político que reabre viejas disputas sobre el patrimonio nacional, el Gobierno oficializó este martes el traslado del histórico Sable Corvo del general José de San Martín. La pieza dejará su exhibición en el Museo Histórico Nacional (MHN) para quedar bajo la custodia permanente del Regimiento de Granaderos a Caballo, en el barrio de Palermo.
La medida fue formalizada a través del Decreto 81/2026, publicado hoy en el Boletín Oficial con las firmas del presidente Javier Milei y el ministro de Defensa, Carlos Alberto Presti. El texto ordena la reubicación inmediata del arma bajo el argumento de «asegurar su adecuada guarda, conservación y custodia permanente».
Para justificar la salida del ámbito museístico civil, el Ejecutivo apeló a antecedentes del siglo pasado. Los considerandos de la norma recuerdan que el sable «fue objeto de hechos ilícitos en dos oportunidades mientras se encontraba bajo la guarda del Museo Histórico Nacional, en los años 1963 y 1965«.
Basándose en esos episodios —protagonizados en su momento por la Juventud Peronista—, el Gobierno sostuvo que existe una «necesidad de adoptar medidas orientadas a fortalecer su protección». A partir de ahora, los Granaderos serán «responsables de su preservación, seguridad e integridad», restableciendo un esquema de custodia militar que ya había funcionado durante décadas hasta 2015.
El rechazo de los historiadores y la voluntad de la familia
La decisión generó un inmediato rechazo en el ámbito académico. La Asociación Argentina de Investigadores en Historia (AsAIH) emitió una dura advertencia, calificando el traslado como un «grave antecedente en materia de protección de patrimonio histórico».

El nudo del conflicto radica en el origen de la tenencia. Según los especialistas, el decreto contraviene la voluntad expresa de los descendientes de San Martín, quienes donaron el sable al Estado argentino en 1897 con la condición de que fuera conservado en un museo público y civil, accesible a toda la ciudadanía, y no en un cuartel militar.
La AsAIH recordó que el sable había sido entregado a los Granaderos en 1967, durante la dictadura de Juan Carlos Onganía, y que fue restituido al MHN recién en 2015 mediante un decreto de la entonces presidenta Cristina Kirchner. Al revertir esa situación, los historiadores sostienen que se «desconoce el valor patrimonial y simbólico» de la pieza, priorizando una mirada militarizada sobre un bien que pertenece a la sociedad civil.
Un cambio de paradigma
Con esta medida, el Gobierno de Milei marca una clara diferencia ideológica respecto a la gestión del patrimonio histórico. Mientras que el Museo Histórico Nacional garantizaba el acceso irrestricto y la contextualización pedagógica de la pieza, el traslado al Regimiento de Granaderos —una unidad militar operativa— plantea interrogantes sobre cómo se garantizará el acceso público al máximo símbolo de la emancipación sudamericana.



