Jun 03 2026
Jun 03 2026

El impostergable proyecto de reforma constitucional

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Frente a vecinos y militantes que colmaron La Pizzería de Los Patriotas, Zaffaroni y Ferreyta repusieron los argumentos para diseñar, a partir de una nueva Carta Magna, un modelo Estado acorde a las demandas políticas, económicas y sociales de la actualidad.

El ex ministro de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni y el jurista Gustavo Ferreyra, uno de los integrantes de la comisión de notables que ofrecieron iniciativas para la reforma judicial al presidente Alberto Fernández, plantearon ayer la necesidad de “un nuevo modelo de Estado” y “una reforma constitucional”. En el marco de una charla en La Pizzería de los Patriotas, disertaron sobre la impostergable tarea de “Repensar el Poder Judicial – Problemas y desafíos”.

Con la transmisión en vivo a cargo de La Retaguardia y la moderación de Gabriela Sosti, el primero en tomar la palabra fue Ferreyra, quien recordó que dentro de dos meses la Carta Magna cumplirá 170 años. “La Argentina tiene una de las constituciones republicanas más antiguas del mundo”, dijo, y agregó que la ley de leyes fue pensada, como deseaba Juan Bautista Alberdi, para “una república comercial y pastora”.

En ese sentido, explicó que la arquitectura jurídica contenida en ese libro escrito en 1853 y modificado en sucesivas ocasiones sigue casi incólume. “El poder es único”, advirtió, pero aclaró que “se separan las funciones”. “Y dentro de esa separación, en el 53’ pensaron un Poder Judicial”, completó.

Según su racconto, a la cabeza de ese edificio colocaron una corte “que se ocupe exclusivamente de los asuntos vitales del Estado”. En ese entonces, la imaginaron con nueve miembros para un país con 2 millones de habitantes y, cuando Bartolomé Mitre formalizó el cuerpo de supremos en 1862 –después de la batalla de Pavón en 1861-, lo integró con cinco miembros y un procurador.

ALBERDI imaginó una corte de nueve miembros para un país de 9 millones de habitantes. Mitre formañizó el cuerpo de supremos en 1862 con cinco miembros y un procurador. Actualmente son cuatro togados para miles de causas.

Habiendo transcurrido más de un siglo y medio de aquellos días, resulta sorprendente que cuatro togados asuman la titánica labor de juzgar miles de causas al año. De ahí que la promoción de un cambio constitucional sea imprescindible para Ferreyra.

Bajo ese enfoque, sostuvo que “la Constitución está armada por palabras: 12500 palabras sirven para imaginar una serie casi infinita de posibilidades”. El problema, aclararía a continuación Zaffaroni, es que esas palabras están sujetas a interpretación y no existe un jurista con dominio suficiente del Derecho ni capacidad y respaldo político para prevalecer entre sus pares con el objetivo de urdir un ordenamiento que decodifique con consistencia el compendio legal local.

Así, conjeturó que se podrían sancionar leyes para aumentar la cantidad de miembros, crear un tribunal de garantías o hasta cambiar proceso por el cual las causas llegan a la Corte. Lo que el Poder Legislativo sancione duraría, en consecuencia, hasta que la fuerza que impulsó esas normas pierda una elección. “La única manera (de resolverlo) es un modelo de reforma constitucional”, aseveró.

A su turno, Zaffaroni caracterizó el escenario actual, signado por un tardocapitalismo financiero en el que Estados Unidos “tiene una deuda equivalente al doble de su producto bruto interno” y desde allí “atosigan a toda la región con golpes de estado soft: impeachment, destituciones, medios de comunicación”. Ubicando a la cabeza de los mecanismos desestabilizadores de los gobiernos populares a los poderes judiciales, el profesor afirmó: “Llegamos a un estado tal que, si tuviera que trasladar en el tiempo y tuviera que actualizar la frase ‘Braden o Perón’, diría ‘Corte Pueblo’”.

Para graficar no sólo la venalidad sino también la irracionalidad del Poder Judicial, apeló a una descripción de la labor de los supremos. “La Corte nuestra resuelve unas 20 mil causas por año”, lanzó, y precisó: “sería algo así como un fallo cada media hora sin dormir y trabajando sábados y domingos”. Más allá de la imposibilidad de dictar sentencia justa por falta de tiempo y falta de conocimiento, argumentó que “no existe el Leonardo Da Vinci del Derecho”, por aludir a una figura que lo abarcara todo y lo ordenara con rigor.

Al respecto, recordó que “hace 100 años a la Corte se le ocurrió decir algo que la Constitución no dice: yo puedo anular las sentencias arbitrarias”. A partir de ese momento, miles de causas trepan hasta el máximo tribunal en forma de apelaciones bajo el argumento de que los fallos de instancias inferiores una de las partes los considera arbitrarios. Sin embargo, el Palacio de Talcahuano rechaza el 97 por ciento de los casos diciendo, simplemente, que no le interesa.

Ante la pregunta sobre cómo se puede salir del laberinto, Zaffaroni contestó: “lo primero que tenemos que tener es proyecto”. Y tras exponer en la misma sintonía que Ferreyra las posibles intervenciones que se podrían emprender bajo este marco jurídico, ponderó la opción de sancionar “otra constitución”. “Necesitamos un nuevo modelo de Estado”, sentenció.

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