El presidente de EE.UU. dinamitó los puentes diplomáticos con Teherán y lanzó un ultimátum: impuso un arancel del 25% a cualquier país que haga negocios con la República Islámica.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió este lunes cortar formalmente todo canal de diálogo con el gobierno de Irán y lanzó una advertencia que resonó como un tambor de guerra: «La ayuda está en camino».
A través de su red social Truth Social, el mandatario estadounidense abandonó cualquier postura moderada para alentar abiertamente el cambio de régimen. En un mensaje dirigido a los «patriotas iraníes», los instó a no abandonar las calles y fue un paso más allá al pedirles que «tomen el control de las instituciones».

«Registren los nombres de los asesinos y los abusadores, pagarán un alto precio», amenazó Trump, quien cerró su proclama con un nuevo eslogan político: «MIGA» (Make Iran Great Again o Hacer a Irán Grande de Nuevo), una adaptación directa de su marca registrada MAGA.
La escalada verbal vino acompañada de medidas concretas que aíslan aún más a Teherán. Trump anunció la cancelación de todas las reuniones previstas con funcionarios iraníes «hasta que cese esta matanza sin sentido». Esta decisión sepulta los intentos de última hora del canciller iraní, Abás Araqchi, quien había contactado el fin de semana al enviado especial de EE.UU., Steve Witkoff, para intentar desescalar el conflicto.
Pero el golpe más duro fue para la comunidad internacional: Trump decretó un arancel del 25% a cualquier nación que «haga negocios» con Irán. La medida busca asfixiar económicamente al régimen y obligar a los socios comerciales de la República Islámica a elegir bando.

La frase «la ayuda está en camino» encendió todas las alarmas en la región. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, ya había confirmado que «no se descartan acciones militares», y el antecedente de la reciente intervención en Venezuela sobrevuela el análisis de los expertos.
Del otro lado, el régimen intenta mostrar fortaleza. El Líder Supremo, el ayatolá Ali Jamenei, convocó a contramarchas oficiales y calificó las protestas como un «complot de enemigos extranjeros ejecutado por mercenarios traidores». El canciller Araghchi advirtió que, si bien no buscan la guerra, están «plenamente preparados» para ella.
Mientras la diplomacia se rompe, la violencia en las calles escala. La organización HRANA (Human Rights Activists News Agency) reportó al menos 544 muertos confirmados desde el inicio del levantamiento. Sin embargo, la Organización de Muyahidines del Pueblo de Irán (OMPI), un grupo opositor con redes en el terreno, eleva esa estimación a casi 3.000 fallecidos.

El país permanece bajo un estricto bloqueo informativo con internet cortado, mientras la economía se desmorona por la inflación y la devaluación, los detonantes originales de una protesta que, impulsada ahora por Washington, busca la caída definitiva de la teocracia.



