Jun 03 2026
Jun 03 2026

La cruzada de Macron

Publicado el

La reforma previsional despertó la furia popular en Francia. Macron persiste en su objetivo en aras de obtener un ahorro fiscal que le permita erigirse en el líder europeo tras la vacancia que dejó Merkel. | Por Augusto Taglioni

Francia está en llamas. Las protestas contra la reforma provisional aglutinaron un descontento social de una magnitud tan grande que se inundaron las calles de organizaciones sociales, sindicatos y autoconvocados indignados por el fondo (el aumento de la edad jubilatoria) y las formas (evitar el debate y sacarla por decreto).

En la superficie hay una pelea que gravita en lo ideológico. Una receta típicamente neoliberal que perjudica a los sectores populares.

Sin embargo, el presidente Emmanuel Macron tiene un plan, para él y para el país que lidera. Un plan que marca su legado en estos cuatro años finales de gobierno y gira en torno al horizonte estratégico que considera que debe transitar para afrontar la etapa pos-pandemia, las consecuencias de la guerra y el complejo tránsito a una economía verde. Múltiples desafíos en los que Macron tiene decidido avanzar para ser el líder de Europa.

Esta es su cruzada desde que Angela Merkel dejó el terreno vacante, dado que su sucesor no parece estar a la altura de semejante rol y apenas puede contener los frentes internos de su variopinta coalición.

Para lograr esto, Macron tiene que sacar plata de algún lado. Acá es donde aparece la pata liberal del asunto. El jefe galo no decidió aplicar impuestos a las grandes fortunas o tributos de ese calibre sino tocar la caja de los jubilados y los pensionados.

Es cierto que hay un debate profundo en torno en todo el mundo occidental en relación a la sostenibilidad del sistema previsional y cada caso hay que analizarlo por separado. Según han explicado los expertos, el sistema francés es sostenible. Lo que propone Macron es llevar la edad jubilatoria de 62 a 64 años para 2030 y el adelanto a 2027 de la exigencia de cotizar 43 años (en lugar de 42) para cobrar una pensión completa.

El tema es que, para llegar a los 43 años de cotización, el trabajador debería comenzar su actividad laboral a lo 20 años, y continuar de forma ininterrumpida, algo que no sucede en el general y afecta especialmente a los sectores más humildes.

La reforma no tiene aceptación. La política la rechaza, desde la ultraderecha de Marine Le Pen hasta la izquierda de Jean Luc Melenchon, y la calle está movilizada. El 66 por ciento de la población no está de acuerdo.

A Macron no le interesó, tensó la cuerda y se expuso a una moción de censura.

Lo paradójico es que el mecanismo que utilizó el líder francés para aprobar el proyecto sin pasar por la Asamblea es el artículo constitucional 49.3, el mismo que implementó el ex presidente Charles de Gaulle para obligar al Congreso a aprobar las demandas de la calle. Acá, Macron tiene al Congreso y a la calle en contra.

La pelea de Macron es con la calle, entonces el debate es político. Lo primero que parece ser un hecho es la salida de la primera ministra Elisabet Borne, la cabeza de turco o el fusible que el jefe de Estado francés pondrá en la guillotina.

Eso abre la puerta para dos cuestiones importantes: un maquillaje social progresista con un nuevo premier con ese perfil y el inicio de una negociación con los que controlan la calle, cuyas manifestaciones incluyen fuego, bloqueo, paros y muchas otras acciones de esa índole. Cuando se pica, se pica de verdad.

¿Podrá darle un sentido progresista a su gestión y aplacar los ánimos de la calle sin retirar la reforma? En las vísperas de una de las marchas más masivas de la historia reciente de Francia, parecería que es algo imposible.

Para los objetivos de Macron, retirar la reforma hubiera sido resignar un proyecto que considera determinante y se expone a ser un muerto político durante su último mandato. Es un callejón sin salida, un laberinto del que no necesariamente se sale por arriba.

spot_img
spot_img