Jul 18 2026
Jul 18 2026

La deslucida cumbre de Biden

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La Cumbre de las Américas comenzó con exclusiones y ausencias. En la interna demócrata, ganaron los duros, encabezados por el subsecretario de Estado, Brian Nichols, que se impuso a Jake Sullivan y Juan Gonzalez, partidarios del proceso de acercamiento con Cuba y Venezuela.

En paralelo a la decisión de no invitar a Nicolás Maduro, el líder venezolano autorizó la exportación de petróleo de Chevron y otras empresas multinacionales como parte de la apertura de relaciones que comenzó con la reunión en Miraflores hace dos meses. Al margen de los fuegos artificiales, existieron gestualidades que pasaron un poco desapercibidas: Joe Biden no invitó a Juan Guaidó, en una señal directa a Maduro y en un contexto en el que Washington promueve el retorno del diálogo en México con la oposición.

Las exclusiones provocaron la ausencia del mexicano Andrés Manuel López Obrador que, como lo había anticipado, no será de la partida, y eso es un problema para Estados Unidos, dado que uno de los temas prioritarios de la agenda es el migratorio. En esa mesa de debate que incluye a México, Estados Unidos y Centroamérica, el faltazo azteca complica los acuerdos. Además, Honduras también decidió faltar por las exclusiones, sumándose a la tensión derivada por la reciente reelección de la fiscal general de Guatemala, Consuelo Porras, resistida por EEUU, y la cercanía profunda y el buen vínculo con Donald Trump que mantiene Nayib Bukele, el jefe de Estado en El Salvador, complicando las cosas con Washington.

En esta cumbre, Biden tiene el desafío de alinear a la región y evitar que China siga creciendo en ascendencia. Eso, a priori, no parece ser posible y expone una hoja de ruta desordenada y con poco para ofrecer.

¿Qué rol puede ocupar Alberto Fernández en este marco? En Cancillería confían en el rol de mediador del Presidente, como titular de la Celac, para el abordaje de las tensiones existentes. El mandatario argentino tiene decidido plantear su disidencia por las exclusiones sin caer en un discurso incendiario, pues la reunión bilateral con Biden será el 25 de julio y no hay intenciones que un desplante la ponga en duda.

Maduro, por su parte, delegó representación en Alberto y eso demuestra, según la visión de la Rosada, que las acciones de la Celac subieron. La idea de un liderazgo regional es vista como una oportunidad ante las convulsiones internas. En ese marco, Alberto tiene 50 días intensos de apariciones en el plano global con la cumbre de las Américas, la reunión  virtual de los BRIC, la invitación al G7, Mercosur en Asunción y la visita a Biden en la Casa Blanca.

Habrá que esperar para ver quién sale fortalecido en el río revuelto de Los Ángeles pero lo que se observa en la superficie es una política regional de Estados Unidos muy atada a una dinámica interna que presenta en el horizonte una derrota (casi) segura en las legislativas y grandes problemas para los últimos dos años de mandato. La administración norteamericana no ha logrado la ratificación de su embajador en la OEA, trámite todavía pendiente en el Senado. A su vez, no tiene embajadores en un tercio de los países de América latina y el Caribe, incluido Brasil, el más grande de la región. Como si fuera poco, hace cuatro años que no tiene un jefe para la diplomacia en Chile. Ese combo marca que la región carece de sentido prioritario y eso le dificultaría marcar el ritmo en medio del avance asiático.

¿Puede Estados Unidos alinear su vecindario si no tiene la capacidad de garantizar las necesidades de una región castigada? Esa es la pregunta que aún no tiene respuesta.

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