Durante el viaje de regreso desde General Roca, el ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat, Jorge Ferraresi, conversó con periodistas de distintos medios, incluido La Patriada. Hasta allí había viajado junto al presidente Alberto Fernández, para hacer entrega de la vivienda Nº 60.000 del programa Mi Casa. En el fondo del Tango 04, con un par de cronistas sentados en el piso y otros parados, desgranó una a una las principales cuestiones que atañen a su rol como funcionario y como dirigente del peronismo. Un ida y vuelta entre Río Negro y la Ciudad de Buenos Aires que culminó minutos antes del aterrizaje en el aeropuerto Jorge Newbery.
Su trayectoria hasta el ministerio que conduce, las diferencias entre los proyectos, sus reflexiones sobre el discurso de odio y la posibilidad cierta o imposible de acercar los extremos de la grieta. Además se pronunció sobre las deudas del contrato electoral del Frente de Todos.
Intendente de Avellaneda entre 2009 y 2020, es el acrtual vicepresidente del Instituto Patria. Su voz amplifica el discurso de Cristina Fernádez de Kirchner y es un referente entre los jefes distritales que soportaron los cuatro años de macrismo. Ingresó al gabinete nacional el 13 de noviembre de 2020, en reemplazo de la primera ministra de la cartera, María Eugenia Bielsa.
¿Qué significa acceder a la Casa Propia?
Nosotros decimos que es convertir un sueño, pero en realidad es convertir un derecho. El derecho se convierte cuando es una política de Estado y se mantiene en el tiempo y siempre culturalmente. Dicen que quieren una casa “para dejarle a mi hijo”. Nosotros decimos que a los hijos hay que dejarles un país que les permita el día de mañana tener el derecho a una vivienda. Es toda una construcción que tiene que ver con el presente pero fundamentalmente en cómo nos proyectamos al futuro.
¿En qué beneficia o perjudica su pasado como intendente en la gestión como ministro?
El intendente tiene una característica: con muy poco hace mucho. Y yo siempre digo que en el municipio la fecha de vencimiento es ayer. Tenés que tomar decisiones rápidamente todos los días, que quizás al final del día no es la mejor. Pero es tomar decisiones todo el tiempo. En la época de Néstor (Kirchner) vos aprendías mucho a gestionar. Y cuando lo aprendés, ves desde un lado del mostrador qué cosas cambiarás del otro lado. Lo podés hacer. Modificás una cantidad de procedimientos. ¿Cómo le hacés la gestión más fácil? Primero demandás. ¿Cómo puede ser, loco, que un día me pidan esto, me pidan esto, me pidan esto? Y después, cuando estás en la gestión, lo podés modificar. Tiene que ver con la velocidad de los tiempos, con la ejecutividad de las cosas, con el aprendizaje de tener… Hay muchas leyes que se hacen y que jamás se hizo un trabajo práctico para saber cómo se aplicarían. Después no se pueden aplicar. Tenés que tener un diagrama de flujo. Siempre doy un ejemplo que no es buen ejemplo. La Ley de Alquileres tiene como obligación la mediación, pero hay once provincias argentinas donde no existe ese instrumento, es inexplicable.
Durante la entrega de viviendas, comparó las alternativas que ofrecen los dos proyectos de país. ¿Esto significa que está en campaña electoral?
Siempre lo llevo a cuestiones reales. Está bien que se hable del diálogo, pero lo que tenés que poner sobre la mesa es qué pasa si gobiernan unos y qué pasa si gobiernan otros. Vamos a cosas que nos pasan a todos. Si estás de un lado de la grieta, te vas a jubilar a los 60 y los hombres a los 65. En el discurso de del otro lado, lo vas a hacer a 70 o a 65 años. Cristina terminó la distribución de la riqueza en 52% para el capital y 48% para el trabajo. Hoy estamos 60% para el capital y 40% para el trabajo. Si estamos de este lado de la grieta, vamos a seguir trabajando para que vayamos al 50-50; si estamos del otro lado, es para que vayamos al 70-30. Plantear la grieta con cuestiones claras. Cuando planteamos dos modelos de país, de un lado 55.000 viviendas paralizadas; en el otro extremo, construir casas, convertir sueños en derechos. No es mínimo. Si nosotros discutiéramos si hacemos milanesas fritas o al horno, está bien, es una discusión de matices. No es un debate profundo. Tiene que ver con el futuro de la Argentina que les estamos dejando y lo maravilloso de este tiempo es cómo una cantidad de gente se siente representada, que en muchas oportunidades va en contra de los propios intereses de esa persona.
¿Es posible el diálogo? ¿Se pueden confrontar los modelos?
Los medios tienen un rol maravilloso. Es mostrar qué dice uno, qué hace y qué hace el otro. Es viable que uno piense que el Estado no tiene que estar, que en la Argentina la meritocracia hace que entre 25.000.000 y 27.000.000 de ciudadanos vivan de una determinada manera y otros no. Alberto (Fernández) decía que le contaba Alberto Rodríguez Saá (gobernador de San Luis) que no estaba en la agenda del gobierno nacional porque erea una provincia que era inviable. Eso tiene que ver con esto, con plantear seriamente. Por eso me pareció interesante hablar sobre las jubilaciones. El PRO está empezando a plantear seriamente que va a correr la edad de jubilaciones 10 años. Está bueno que lo plantee. Después hay que elegir. Decir yo voto a esto: a los 65 vos ya no te jubilás, sino a los 75. Y capaz que te gusta y, si es así, está bárbaro. Pero poder comparar, por eso la grieta tiene los mismos años que tiene la historia argentina. Tiene que ver con una puja de intereses económicos. El resto pueden ser matices, te podés llevar bien. Te saludás, “buen día”. Tener una reunión cordial, si sos caballero… le corrés la silla. Le pedís que le sirvan el café. Pero la construcción del país tiene que estar expresada y es totalmente distinta.
Ministro, el Presidente habló del discurso del odio. ¿Usted cree que efectivamente hay quienes lo alientan?
El odio recorre la historia en la Argentina y en la región. Por el odio fueron capaces de gritar “viva el cáncer”, fueron capaces de apropiarse de los nietos. Este es el mismo debate que quieren implantar en este tiempo, como el de los principios de los 80’ con la Teoría de los Dos Demonios. No había dos demonios, había una juventud que generaba a partir de un formato revolucionario de ese tiempo histórico del mundo contra un Estado que se convirtió en un Estado represor. No hay dos lados del odio, hay un lado que construye a partir de distintas ideas. Estas, que yo decía de la puja distributiva. Y del otro lado, algunos que plantean “ellos o nosotros”. Planteamos el debate de ideas y que la gente pueda elegir. Que se pueda elegir con la verdad. Fíjate que cuando Macri gana las elecciones 2015 fue un fraude electoral porque no dijo lo que iba a realizar. Él decía: dejo todo lo que está bueno y mejoro. Vos como elector decís: si este lo mejora, voy por acá. Eso es lo que tenemos que plasmar. La repregunta en función de lo que hizo cuando le tocó estar es clave.
Al día de hoy, las cuestiones que se habían planteado en la campaña electoral no se cumplieron en el territorio, en el salario, en el bolsillo de los trabajadores…
Si analizás los datos de la macroeconomía, están espectaculares como el caso del crecimiento de trabajo. Y la desocupación está en los niveles más bajos. Creación de puestos de empleo, inversión del Estado, recuperación de las computadoras y becas Progresar para los pibes, la jubilación le gana a la inflación, el proceso de paritarias le da pelea a un proceso inflacionario que a veces se desmadra. Nos queda cómo generamos la puja distributiva. Y ahí viene un debate que teníamos nosotros, que tenía que ver con las formas. Nos decían: ustedes tienen mala forma, son imperativos porque te hacemos así (señala con el índice) con el dedito. La discusión de nosotros es el Fondo (FMI). Veníamos de un gobierno donde planteábamos el tema del diálogo, del consenso, de los modos y lo hemos aplicado. La intención del consenso no funciona. En realidad, esta es la parte que viene con respecto a lo que pudimos lograr y lo que no. Vinimos de un proceso económicamente muy complejo, Sergio (Massa) lo acomodó bien en los distintos niveles. Y ahora tenemos que elegir a qué lugar del electorado apostar. La primera tarea era reforzar las reservas del Banco Central, que estaban en un límite complicadísimo. Listo, se hizo, todos le pusimos el hombro. Ahora viene una etapa distributiva, vamos a elegir. Si no nos peleamos con nadie y seguimos con una cuestión de modos, no habremos representado lo que vinimos a representar.



