Jun 03 2026
Jun 03 2026

Ringo, el gran ilusionista

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Detrás del fotograma por Iván Davit

La serie estrenada el pasado mes de marzo sobre la vida del notable boxeador argentino, Oscar «Ringo» Bonavena, es probablemente la mejor producción audiovisual que veremos este año en las pantallas nacionales. Si bien la narración se basa en una historia conocida, los elementos en juego y la forma de representarlos hacen de esta serie un recorrido emocional y espiritual por demás atractivo.

Una tormenta narrativa

Dicen las leyes de la física que cuando dos masas de aire caliente y frío colisionan desatan grandes tormentas. Podríamos decir que algo similar ocurre en la serie dos temporalidades de una misma historia: una primera historia, que abre la serie, con un Ringo mudándose a Reno para conseguir una supuesta revancha con Mohamed Alí, y una segunda de su pasado contándonos el ascenso de Ringo hasta su choque con Alí en 1970. El director argentino Nicolás Pérez Veiga trabaja con dos historias que corren en direcciones opuestas y se mezclan mediante flashbacks y superposiciones. De este modo la serie nos acerca a Ali mediante flashbacks de la carrera de Bonavena, al mismo tiempo que nos aleja de él mediante su presente en Reno y su espiral descendente que nos conduce hasta su muerte.

El resultado de esta forma narrativa es una exploración sobre cómo narrar el vacío, de hacer presente la soledad del boxeador, como si esta fuera un personaje más de la serie; quizás el más importante. Puesto que esta lo acompaña a lo largo de toda su vida, Bonavena no solo fue un guapo que se calzó los guantes y llegó a pelear con Ali a través de la fuerza bruta, fue una persona que enfrentó en soledad la suspensión de su licencia por parte de la Federación Argentina de Boxeo y supo entender el mercado y marketing para construir su personaje: un gigante osco pero gracioso, desfachatado pero metódico a la hora de entrenar, una bestia peligrosa arriba del ring que al bajarse podía ser el hermano más tierno de la familia. Sin embargo, el mundo del box siempre lo vio como una figura de otro ámbito, alguien que nació destinado para estar más del lado del show que del deporte. 

Ringo fue sin duda un personaje que se movía en ese filo, en la cornisa entre las cosas “serias” y el libertinaje, algo que se vuelve monstruosamente corroborable a partir de los testimonios reales incluidos en la serie. Sobre el final vemos cómo Ringo contiene su risa al declarar que puede noquear a Alí: ¿se está riendo de lo que dice? ¿se está riendo de la pregunta? ¿se está riendo de la situación? Nunca queda del todo claro, nunca nada está del todo claro con Bonavena, quizás por eso ha sido un personaje tan incómodo para el deporte, porque fue uno de los pocos que se atrevió a sacarles la máscara, construyendo un personaje popular que profesó los valores de las clases populares y los intereses nacionales por sobre los individuales. 

Quizás podríamos leer la serie en ese código de farsa, el de un chiste que entre los tuyos es gracioso pero entre desconocidos carece de sentido, se vuelve penoso y triste. De allí que resulte doblemente devastador el final de la serie porque Ringo siempre quiso ser Ringo con un otro.

Jerónimo Bossia en la piel de Ringo.

Hay un pez al que el agua no le quiere

El primer capítulo de la serie nos sitúa rápidamente en la ciudad estadounidense de Reno, cuna del narcotráfico, el juego y la prostitución. Desde este primer impulso se nos deja en claro a partir de la fotografía y las actuaciones que el célebre boxeador se encuentra desanclado del territorio: aquel hombre que supo tener sus pies clavados sobre el cuadrilátero ahora se nos presenta como un ser errático a través de movimientos de cámara y su posición dentro del plano. Acompaña la actuación fenomenal de Jerónimo Bossia, quien no solo compone un Ringo verosímil, sino que nos deja ver un poco más allá de la superficialidad gestual, allí donde se encuentran sus inseguridades o aquello que el boxeador no puede expresar, siendo esta una de herramientas fundamentales de la serie sobretodo durante el tramo inicial demostrándonos que Ringo ve y niega conscientemente todo lo que ocurre, incluso aquello que puede costarle la vida. 

Si bien Bonavena fue uno de los ídolos nacionales podemos apreciar a través de la serie un desencuentro histórico entre el boxeador y el pueblo argentino, puesto que este jamás pudo cumplir aquel anhelo de consagrarse campeón mundial. Del mismo modo que Ringo no podía ser local en Reno, tampoco podía serlo en Buenos Aires. Aquello que el ídolo esbozó alguna vez en declaraciones a la prensa, aquí se ve profundizado. Bonavena sentía vergüenza por no haber representado al país como él creía que podría haberlo hecho.

Sin embargo, la serie nos hace partícipes del sueño de Ringo sl hacernos sentir a la espera del gran encuentro que ocurre en el capítulo final donde colisionan las dos estéticas, el universo oscuro de Reno plagado de personajes dignos de una de mafiosos, y el luminoso mundo del ascenso de un boxeador argentino hasta el pico más alto de la meca mundial del deporte.

“Ringo. Gloria y muerte” es una serie que sabe alternar entre el dinamismo de un personaje eufórico y la apreciación melancólica de un héroe en su ocaso. 

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