por Fabián Waldman.
Mientras el Gobierno intenta disimular el fracaso de la misión a Washington, solo se oyen voces aisladas que aún prometen un triunfo en octubre.
«Les vamos a ganar», solo un funcionario del entorno de Karina Milei respondió a La Patriada Web sin oficiar de intérprete las palabras de Donald Trump.
El presidente estadounidense fue explícito en dos ocasiones respecto de la continuidad del aporte del Tesoro de EE.UU.: «Si pierde, no seremos generosos con Argentina», dijo durante el encuentro con Javier Milei.
Minutos después, en su red social Truth, insistió: «Espero que el pueblo de Argentina comprenda el buen trabajo que está haciendo y apoye su labor durante las próximas elecciones intermedias, para que podamos seguir ayudándolo a alcanzar el increíble potencial de Argentina».
La Casa Rosada intentó relativizar el impacto de sus dichos, atribuyendo a un “error conceptual” del mandatario norteamericano la mención a elecciones de medio término. Sin embargo, la aclaración no logró disimular el condicionamiento explícito de la ayuda del «amigo americano».
En paralelo, desde los referentes libertarios en redes, encabezados por Daniel Parisini («El Gordo Dan») y referenciados en Santiago Caputo, apuntaron contra el canciller Gerardo Werthein por no haber explicado con mayor claridad la realidad de la política argentina a su interlocutor estadounidense.

El empresario devenido en funcionario respondió con ironía, en línea con el propio Milei cuando le preguntaron por Luis Juez: «Lo último que me falta es preocuparme por un tuitero».
Sin embargo, Santiago Caputo fue el principal responsable de llevar adelante las conversaciones con Barry Bennett, quien asegura ser una persona con influencia en el propio Donald Trump. La coordinación de la visita había sido encabezada por esta diplomacia paralela por medio de la cual desde los EE.UU. transmitieron la exigencia de gobernabilidad. También surgió la versión de un pedido para que Caputo asumiera un «raviol» —una estructura con firma— dentro del Estado.
Los «desencuentros» entre entre el miembro del Triángulo de Hierro y el jefe de Gabinete Guillermo Francos ya suman varios rounds.
Nuestro interlocutor, alineado con el «karinismo” y enfrentado al entorno de Las Fuerzas del Cielo, respondió entre risas a la frase “la venganza es un plato que se come frío”.
La excursión fallida y sin resultados hasta hoy a los EE.UU. no hace más que dentro de los espacios de Casa Rosada. Desde la Planta Baja, Francos; desde el primer piso, Lule Menem; y en el mismo nivel, pero en la vereda opuesta, Santiago Caputo: el mapa de poder interno expuesto.
Tampoco el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, logró resultados concretos tras una semana de negociaciones con el secretario del Tesoro, Scott Bessent.
Al regresar del encuentro, intentó bajar el tono: «Imagínense que todo este esfuerzo no va a estar supeditado a lo que suceda en 8 días».
Pero las palabras del propio Trump dejaron claro que, para Washington, el futuro del apoyo económico dependerá del resultado electoral.

Mientras el avión oficial regresa desde Estados Unidos, en Buenos Aires abundan las preguntas: ¿Quién acordó y de qué manera se iba a llevar adelante la reunión entre ambos?; ¿Conocía de antemano la delegación argentina que iban a estar de «invitados» en una conferencia de prensa de Trump donde iban a ser convidados de piedra?; ¿No coordinaron la necesidad de tener un intérprete con la Casa Blanca?; ¿No hubo pactado un comunicado conjunto entre ambas delegaciones?.
Demasiadas incógnitas para un gobierno al que le queda poca nafta para llegar al 26 de octubre y lograr el triunfo que le permita mantener la soga que, según cómo se tire, puede sostenerlo… o terminar por ahorcarlo.



