Jun 03 2026
Jun 03 2026

Cuentos chinos en una pampa gringa

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Miguel Ángel Pichetto precisó ayer la caracterización del cimbronazo cambiario de los últimos diez días. “Lo que hubo fue una devaluación muy fuerte”, aseveró en el mustio lanzamiento de su precandidatura a presidente dentro de Juntos por el Cambio, en Ferro, y agregó: “el Banco Central intervino recién ayer. Primero lo dejaron correr (al dólar) y después intervinieron. Lo anclaron muy alto, en 475 (pesos), y esto se paga en las góndolas”.

Entre la bravata tuitera de la presidenta de la Cámara de Diputados, Cecilia Moreau, y la andanada pirotécnica que divulgó el Palacio de Hacienda por WhatsApp, en difusos off the record que versaban sobre hacerles escupir sangre a los especuladores, crece la sospecha de que Sergio Massa siempre estuvo en control de la situación. Con destreza quirúrgica, el equipo de comunicación del tigrense revistió de golpe de mercado el triste papel que el FMI le encargó al ministro de Economía para que Washington le pavimente un puente de divisas y que el peronismo lo unja como candidato único: ese rol es el de habilitar una devaluación de hecho mientras se culpa a cualquiera, llámese Antonio Aracre, Miguel Ángel Pesce o Grupo Clarín.

Sobran compradores de boletos devaluacionistas pero resulta imperioso, en medio de la penuria económica y al filo del malestar social cuya punta afiló sistemáticamente una fracción del oficialismo, que se trame una narrativa donde aparezcan responsables de la corrida y esos actores ofrezcan flancos cómodos para un antagonismo profesional, con verborragia de baja intensidad política y liviandad ideológica. El que devalúa es el otro.

En ese contexto, Massa anunció que las importaciones de bienes intermedios procedentes de China se pagarán en yuanes, la moneda china, a través del acuerdo “swap” que mantienen ambos países. La iniciativa busca mantener la actividad económica al tiempo que se protegen las reservas internacionales contabilizadas en billetes norteamericanos.

El titular de la cartera económica comunicó la medida junto con el embajador de China en Argentina, Zou Xiaoli, durante un encuentro al que también asistieron Pesce, funcionarios de la Aduana Nacional y empresarios de distintos sectores. “A partir del acuerdo con las diferentes empresas, con el (banco) ICBC, con el Banco Popular de China (BPCh, central) y el Banco Central de la República Argentina (BCRA), reprogramamos el instrumento de pago por más de 1.040 millones de dólares, para este mes, de importaciones con origen en China que dejan de pesar sobre el flujo de salida de nuestros dólares y pasan a ser parte del flujo de salida de yuanes”, sostuvo Massa.

El funcionario argentino aseguró que con la medida se podrán adelantar las autorizaciones de importaciones, que pasarían de 180 a 90 días. Y destacó que el “swap” es un mecanismo que permite no solo fortalecer las reservas internacionales del país, sino también el comercio bilateral con el gigante asiático. Por su parte, Zou expresó que China tiene confianza en la capacidad de Argentina de mantener la estabilidad de su economía y “presta mucha atención e importancia al comercio bilateral”.

Sin estridencias ni agitación épica, el entorno de Massa hace equilibrio entre el mandato yanqui y las urgencias domésticas. De hecho, hoy parte rumbo a Estados Unidos una delegación de funcionarios del Ministerio de Economía, encabezada por el viceministro Gabriel Rubinstein.

La retórica imperialista de Occidente, aunque decadente, mantiene las red flag izadas contra Beiging, y en las divergencias diplomáticas vernáculas se lee desde lejos el tironeo entre los que comprenden que el eje de una política que otorgue mayor autonomía económica y garantice soberanía política pasa por el fortalecimiento de las relaciones comerciales con el gobierno de Xi Jinping y aquellos que mantienen la subordinación a la Casa Blanca como salvoconducto para escaparle a la crisis.

Quedarán bajo la bruma de las especulaciones las preguntas sobre si devaluó el mercado con la anuencia del ministro de Economía o si el ministro lucha a destajo contra los verdugos del pueblo. Hace tiempo que no abunda la honestidad intelectual en la alianza gobernante. Todos -o casi todos- juegan al truco y echan la falta envido con una sota y dos caballos. Nadie -o casi nadie- tiene cartas. Entonces, gritan, confunden o patalean.

Es tan cierta la denuncia del director argentino en el FMI, Sergio Chodos, sobre la antipatriótica solicitud de los ex funcionarios macristas a Estados Unidos para que no acuerden envío de montos frescos de dinero al Gobierno argentino que Jorge Lanata publicó la especie un día antes que Chodos hiciera su intervención pública. El funcionario habló el domingo. Y Lanata escribió un 24 horas antes en el diario de Héctor Magnetto que economistas que responden a los precandidatos macristas plantearon a los acreedores que esperen al próximo gobierno, que suponen sería el de ellos mismos, para acordar con el país.

La obscenidad es alarmante. La suerte del oficialismo es una moneda en el aire.

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