Jun 03 2026
Jun 03 2026

Un lugar seguro

Publicado el

Por Flor Cosin

La madre quita la ropa de la soga antes de que se la lleve el viento. Guarda las mantas, el pan, la comida. Sube los bultos al auto, suben los niños. La familia parte. El futuro es incierto. El padre maneja, la madre mira lo que queda atrás, la casa cerrada al costado del camino. A medida que el auto avanza la casa se hace cada vez más pequeña, al cabo de unos metros ya no ve nada. Ni la casa, ni el camino. “E hizo pasar Dios un viento sobre la tierra”. El pasado quedó cubierto por el polvo, la tormenta. 

Unas horas después el auto pierde una rueda. Oscurece. La familia duerme al costado de la ruta. Al día siguiente intentarán llegar a California. Esa tierra de leche y miel de la que hablan en las iglesias: “y vayan, y fructifiquen y multiplíquense sobre la tierra”.

 

***

Al norte de Dalhart, Texas. La mayoría de las casas han sido abandonadas. Foto: Dorothea Lange.

 

 

En Los vagabundos de la cosecha (Libros del Asteroide) John Steinbeck cuenta la emigración de los trabajadores del oeste de Oklahoma a California, las fotografías son de Dorothea Lange. Los trabajadores migran cuando las tormentas de polvo azotan sus tierras, ya empobrecidas por la crisis de los años ´30.  

No eran okies, como los llamaron cuando se convirtieron en la mano de obra barata de California. Eran buenos hombres que perdieron lo que tenían: la tierra y el trabajo, dice John Steinbeck. Después perdieron el cobijo, la comida. Perdieron un hijo, muerto al nacer. Perdieron todo lo que les quedaba: la dignidad. 

La crónica se publicó en The San Francisco News en 1936 y se puede considerar el estudio preliminar de Las uvas de la ira (la novela más aclamada del autor). Para escribirla John Steinbeck visita los campamentos, las chabolas. Conversa con las familias, las observa  y finalmente escribe un relato periodístico con una prosa limpia que se acerca al mandato bíblico. 

En el prólogo, Eduardo Jordá (escritor y poeta español) cuenta los primeros años del autor. John trabaja como jornalero en Salinas, la ciudad en la que nació. Emigra a Nueva York por poco tiempo y trabaja como operario de la construcción del Madison Square Garden. Estas primeras experiencias marcan el ingreso del autor a la vida adulta pero sobre todo parecen decisivas para los textos que luego escribiría.

 

Familia en el condado de Tulare. Foto: Dorothea Lange.

 

Con Dorothea Lange, autora de las fotografías del libro, pasa algo parecido. También hay experiencias decisivas en sus primeros años. De chica recorre con su madre los suburbios de Hudson. La madre es asistente social y debe supervisar que los menores cumplan la sentencia de libertad condicional que recibieron. Así Dorothea suele hablar con la gente común, entrar en sus casas. Cuando empieza la escuela, muchas veces, hace largos recorridos sola antes de volver a casa. La calle es para ella un territorio cotidiano. Lo distinto es familiar. De muy pequeña sufrió poliomielitis. La enfermedad la humilló, la señaló y también le enseñó. 

A sus alumnos les pedía que respondieran a la pregunta ¿dónde vivo? con una fotografía. No se refería solamente al lugar físico sino a algo más profundo. Cuando sus alumnos le pidieron que también ella resolviera el ejercicio, hizo una serie de autorretratos de su pie marcado por la polio. “Tenía la sensación de que era allí donde vivía, prisionera de un cuerpo imperfecto”, les dijo. 

Sus padres se separaron y ella creció al cuidado de su madre y de su abuela. El abandono del padre resignifica la escena de una madre sola con su hija recorriendo los suburbios de la ciudad. Y la misma escena se repite, aunque distinta, en todas las fotografías de madres con hijos que Dorothea hace recorriendo los campos azotados por las tormentas de polvo sobre los que escribe John Steinbeck.

A esta serie pertenece Madre Migrante, su foto más conocida. Quizá el equivalente a Las uvas de la ira de Steinbeck.

 

Madre migrante, Foto Dorothea Lange.

 

John describe las escasas condiciones de higiene y salud en las que viven las familias en las chabolas. “Se tiene que mirar de cerca, para descubrir que son hogares”, dice.  En esas tiendas las madres dan a luz. Es muy difícil que los recién nacidos sobrevivan. La madre no tiene leche en su pecho. La familia tiene escasos alimentos. “Perdí al bebé porque estaba enferma”.

Después de leer la crónica de Steinbeck, Madre Migrante toma una nueva dimensión, más cercana. Esta madre logró alimentar al hijo pequeño que duerme en sus brazos. Aún así el futuro es incierto.

Al cierre del relato, con un compromiso inusual en el periodismo de la época, John Steinbeck propone una serie de soluciones para que aquella mujer, que mira desde el auto como su casa se pierde en la tormenta, encuentre un lugar seguro.

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