Hoy se cumplen 34 años de la muerte del líder de la banda Sumo, Luca Prodan, el joven criado en Escocia que llegó a la Argentina con la intensión de recuperarse de las adicciones y nunca más se fue, pero tampoco se recuperó.
Fue una foto la que lo trajo desde Reino Unido hasta Argentina. Hubo algo en la imagen del ‘valle feliz’ de Nono en la sierras cordobesas que llegó en la carta de su amigo Timmy McKern, que llamó la atención de un Luca que por esos días estaba sumido en el consumo de heroína en la capital británica.
Nació en Roma el 17 de mayo de 1953 en el seno de una familia rica. Hijo de Mario Prodan, un ciudadano italiano nacido en el imperio austrohúngaro y de Cecilia Pollock, nacida en China e hija de escoceses que residieron en Shanghái y Pekín antes de la Segunda Guerra Mundial. Luca fue el tercero de cuatro hermanos: Michela (Micaela) y Claudia eran las mayores, y Andrea el menor de todos.
En Escocia, Prodan concurrió a la Gordonstoun School, colegio de la alta sociedad al cual asistía en ese tiempo el príncipe Carlos de Inglaterra. Allí conoció a su amigo Timmy y faltándole un año para finalizar sus estudios, en 1970, los abandonó y se escapó del instituto con destino a Londres.
Un inglés en Argentina
Luca llegó al país en la década del 80, en plena dictadura cívico militar. Gracias a la contención que recibió por parte de la familia McKern, no tardó en conocer a Germán Daffunchio y Alejandro Sokol ni en armar una banda y componer temas con ellos -que serían los primeros temas de Sumo- como ‘Night & Day’ y ‘Regtest’. Su álbum solista ‘Time, fate love’ es un registro de aquellos días en las sierras.
La banda que también contaba con Stephanie Nuttal, amiga inglesa de Luca, en la batería, estableció su base en la casa de la madre de Timmy en Hurlingham, provincia de Buenos Aires. Por aquellos días, tuvieron serios problemas durante la guerra de Malvinas, cuando todo lo relacionado con el Reino Unido fue prohibido, lo que provocó el retorno de Nuttal a su país natal a pedido de sus padres.
La segunda formación de Sumo estuvo integrada por Prodan (voz), Daffunchio (guitarra), Sokol (batería) y Diego Arnedo (bajo). Más tarde se uniría como saxofonista Roberto Pettinato, quien hasta ese entonces era periodista de la revista El Expreso Imaginario.
En 1984, Sokol dejó la banda y se sumó Alberto «Superman» Troglio en la batería. Al poco tiempo, e invitado por Diego Arnedo, ingresó Ricardo Mollo en guitarra. Ambos eran exintegrantes de MAM.
La formación con Prodan, Daffunchio, Arnedo, Mollo, Troglio y Pettinato se mantuvo hasta la disolución del grupo.
Luego de publicar ‘Corpiños en la Madrugada’ en forma de casete y con distribución limitada, en el año 1985 la banda sacó su primer disco, ‘Divididos por la Felicidad’ — titulado jugando con la traducción del nombre de la banda inglesa Joy Division — .
En 1986 grabaron ‘Llegando los monos’, segundo disco de estudio en el que hay reggae, rock agresivo y post-punk. y en ese mismo año dieron un épico concierto en Obras Sanitarias, consagrándose en la escena del rock porteño.
En 1987 sacaron su tercer y último disco, ‘After Chabón’.
El último recital de Sumo se realizó en el estadio del Club Atlético Los Andes dos días antes de la muerte de Prodan. Según el cantante de la banda Los Violadores, Pil Trafa, «Luca estaba muy flaco y pálido» ese día. Sus ex compañeros recordaron más tarde que esa noche, momentos antes de interpretar una poderosa versión de ‘Fuck you’, Luca dijo: «Ahí va la última».
Lo de Luca
El martes 22 de diciembre de 1987, fue hallado muerto a causa de una grave hemorragia interna causada por una cirrosis hepática en su habitación de la casa ubicada en la calle Alsina 451, en el barrio de San Telmo, que fue declarada sitio de “Interés Cultural” por la Legislatura porteña en 2008. Seguramente, eso a Luca —¡que es ciudadano ilustre de la Ciudad!— no le hubiese importado.
Al día siguiente fue sepultado en el Cementerio de Avellaneda, en una ceremonia a la que asistieron sus compañeros de banda, amigos y multitud de jóvenes seguidores de la agrupación. Unos años después, su hermano Andrea hizo cremar los restos y trasladó las cenizas a una plazoleta dentro del cementerio, debajo de una roca traída desde Nono, donde permanecen hasta la actualidad.
Hace 34 años Luca abandonó el mundo y dejó la escena del rock para convertirse en un mito y en un símbolo de la rebeldía, también de la marginalidad elegida. “Aquí hay demasiada seriedad, todos quieren ser profesionales y se olvidan de que el rock es una locura y que los que hacen rock son locos”
