Jul 24 2024
Jul 24 2024

Agonía y sinsabores de un peronismo a la deriva

Publicado el

Cuando sueñas,

la construcción del mundo

es una risa de albañiles”.

Leopoldo Marechal

Por Carlos Caramello

Sin una conducción precisa, con su presidente en un dorado exilio y la línea de sucesión paralizada en la creencia de que si convocan “no va nadie”, el Justicialismo, otrora un movimiento de masas cuya columna vertebral era el pueblo trabajador, parece destinado a transformarse en una caterva de tribus protoprogresistas o pseudo fascistas, vagamente conducidas hacia un final incierto. 

El sistema de partidos políticos -en el mundo, pero sobre todo en Argentina- se viene diluyendo a favor de un régimen de alianzas de Mercado que ofrecen una pátina democrática a los atribulados votantes pero ejercen sutiles tiranías en su manejo de la ciudadanía y, sobre todo, de sus candidatos (sí, les pertenecen) a quienes formatean con un programa de dependencia profundo ya que se ha impuesto el argumento de la Campaña Permanente… y hay que financiarla. 

Se ha borrado todo valor de la dirigencia política: su contacto territorial con el pueblo, su perpetua prédica doctrinaria, su conocimiento empírico de las necesidades y deseos. Se han intermediado virtudes y saberes a través de lenguaraces módicos que relatan conveniencias propias y ajenas (nunca populares) al oído de los poderosos financistas de las candidaturas variopintas y se diseñan estrategias sórdidas que, en el mejor de los casos, resultan alguna acción táctica más o menos feliz.

Hace 50 años atrás, el poder de la Argentina hacía sus apuestas en los períodos de campaña. Siempre ponían alguna ficha en cada uno de los que se presentaban pero, lo cierto es que tenía sus favoritos y lo expresaba de diferentes maneras.

Hoy, por el contrario, tienen empleados. Y deciden cuáles se presentarán y qué rol tendrá cada uno en esa mesa de arena mediática en la que han transformado a las campañas: postulantes surgiendo de encuestas y mediciones intoxicadas por andanadas propagandísticas en medios y redes que, llamativamente, también son propiedad de ese poder. 

La población de a pie, “el hombre de pico y la mujer de cesta”, con suerte llegan a ver al candidato una o dos veces en persona (y esto siempre y cuando acuda a todos los actos que el equipo de campaña organiza durante los 60 días que duran las recorridas) y apenas unos puñadito tienen la posibilidad de estrechar su mano o poder contarle algún deseo o necesidad que, naturalmente, pasa ipso facto al cajón de los olvidos. 

Es que en tiempos en los que se nombran o se echan funcionarios de primera línea de gobierno por Twitter, los medios gráficos, audiovisuales y las redes tienen intervenida la política y un Community Manager garpa más que un puntero para esa dirigencia que no dialoga sino que “comunica” (desatendiendo la primera regla de la política: saber escuchar). 

Cierto PeroMismo (que entiende la política como un hecho individual), no es ajeno a este devenir. Han jugado el juego de los personalismos al extremo de segmentar y tabicar el poder, como si temiesen que se les escape… sin poder evitar que se lo caloteen.

El “Viejo” decía, en Conducción Política, que “los partidos políticos triunfan o son destruidos por sus conductores. Cuando un partido político se viene abajo, no es el partido político quien tiene la culpa, sino su conductor”. Seguramente muchos pensarán que traer a colación una idea que tiene más de 70 años es un anacronismo pero pertenezco a esa generación que creía que “el hombre puede desafiar cualquier mudanza si se halla armado de una sólida verdad”.

Por eso creo que es tiempo de volver al Peronismo. De ser como somos, o mejor, como dicen que somos. Discutir nuestras cuitas. Sacarnos las máscaras y decirnos lo que nos tenemos que decir pero no en términos personales sino políticos, desde lo colectivo, con el corazón y el pensamiento puestos en lo popular. Porque, como dije en un artículo publicado en noviembre de 2019, “el Pueblo perdona menos, acaso porque sufre más los embates y puede mostrar en el cuero las marcas de esa violencia1.

Cada vez más violencia contra el pueblo. Cada vez más embates. Los peronistas debemos sabernos responsables. Y resolver los entuertos entre nos. La unidad exige un claro propósito y una estrategia común variada en su aplicación pero no aguada por malabarismos palabreros nos advertía el Gordo Cooke. Y sin embargo caímos en el discurso vacuo; la verborragia politiquera, la declaración pour la gellerie… sin compromiso y sin rumbo.

Corren tiempos preciosos para reencontrarnos con los que, a manera de castigo o advertencia, nos abandonaron. Previo a eso, ejerzamos el acto de la reconciliación… pero entre nosotros (antes de hacerle una misa al dirigente opositor y/o convocar a aquellos que no son ni se sienten peronistas). Todos son bienvenidos a conformar un Frente, una vez que sepamos de verdad qué somos los peronistas hoy y quién nos conduce. Y eso sólo podemos arreglarlo… entre peronistas.

1 https://www.elcohetealaluna.com/y-si-fueramos-como-dicen-que-somos/

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