Ataques de pánico

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Ataques de pánico

La corrida cambiaria no cesa y el peronismo no se quita la modorra. Massa sobreactúa compromiso, templanza y firmeza pero crece la sospecha de que interpreta el papel que manda Washington, con el respaldo traumático del kirchnerismo. | Por Pablo Dipierri

“A Sergio Massa le corren el arco”, sintetizaba ayer una fuente que imponía su off the record hasta en los sócalos de las pantallas de TV. Se refería a que el ministro de Economía negociaba con el FMI el envío de fondos frescos y el adelantamiento de los desembolsos previstos para la segunda mitad del año según el acuerdo rubricado en 2022 pero el organismo exigía, a cambio, una devaluación mucho más severa.

En ese contexto, tallan dudas sobre la templanza del tigrense, más allá de su largo kilometraje en materia de media training. Tal vez, como conjeturan en despachos del Senado, el líder del Frente Renovador simula compromiso e hiperactividad para que la historia lo registre batallando contra los agentes especulativos cuando en realidad no esté haciendo otra cosa que lo que manda Washington, antes de montarle el puente financiero que precisa para llegar sin zozobra a las primarias como candidato único del peronismo.

Así, el heroísmo que barniza el tuit de la jefa de la Cámara de Diputados, Cecilia Moreau, sería un simple aditamento en una trifulca guionada. “Hay algunos jugadores del mercado que solo conocen al Massa que trabaja 16 horas por día y dialoga con todos, pero me parece que de acá al viernes van a descubrir al que conocemos en la política, que cuando se cansa de que lo quieran boludear pelea con todo lo que tiene”, descerrajó la diputada. La tensión es palpable, dentro y fuera del gobierno del Frente de Todos, pero hay un estado gozoso de Massa en el coqueteo con el abismo.

Desde el entorno de la vicepresidenta Cristina Kirchner, ya no se animan a pronosticar escenarios. Hay quienes suponen que es tarde para todo, sea que se allane al descolorido clamor por una candidatura suya o ensaye cualquier diagnóstico sobre la economía bimonetaria en su exposición en el Teatro Argentino de La Plata cuando se cumplan 20 años de la elección del 27 de abril de 2003. “Está atada a la suerte de la coalición en medio del tembladeral”, ilustraba un baqueano que la conoce bien. En conversación con este medio, otro actor peronista pero con asiento en el distrito porteño aportaba dramatismo: “si se pone un saco rosa, el dólar se puede disparar; si se pone un saco verde, el dólar se puede disparar también”. El costo político de la fiebre cambiaria no discrimina entre fracciones del oficialismo.

El panorama es desolador o indignante, según se mire con el libreto de los cultores de calentar los canales de cable con la cotización de la divisa norteamericana minuto a minuto o la suficiencia de los operadores políticos. Mientras que voceros del Fondo admitieron desde Washington que se avanza en conversaciones con el Gobierno argentino, una delegación de la cartera económica viajará a Estados Unidos este jueves para pavimentar ese camino. A través de un hilo de Twitter, Massa divulgó: “notificamos al FMI de las restricciones que pesaban sobre la Argentina y vamos a cambiar en la rediscusión del programa”.

Aunque resulte curioso que el mismo funcionario que acusó la corrida por un paper interno de un asesor al que hizo echar suponga que tranquiliza con un tuit al mercado, esa plaza donde la arquitectura financiera es resbalosa e inasible, el ministro incombustible indicó que se “utilizarán todas las herramientas del Estado para ordenar esta situación”. “Hace varios días que vivimos una situación atípica de rumores, versiones, falsos informes y su consecuente impacto en los instrumentos financieros vinculados al dólar”, señaló, y adelantó que apelará “a la Justicia Penal económica como vehículo de investigación y esclarecimiento de algunos comportamientos y a la UIF y a la CNV para el análisis de operaciones vinculadas al lavado de dinero”. Es probable que su equipo de comunicación ya esté buscando las locaciones para la realización de los nuevos episodios de la serie “Pánico y corrida”.

Lo que por el momento permanece ausente es la respuesta política del peronismo, llamativamente indolente. En una situación de crisis tan aguda, un movimiento nacional con la raigambre social del justicialismo debería emerger en la escena con mesas de discusión y apoyo, articulaciones de gobernadores, sindicalistas y movimientos sociales, convocatorias de la Iglesia y las asociaciones que nuclean a las pymes, cooperativistas, centros de estudiantes y hasta grupitos de WhatsApp de los artistas que se sacan fotos en campañas. El único reflejo sensato fue manifestado por el ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, quien reclamó también por Twitter: “frente al ataque contra nuestro país, necesitamos que @alferdez, @CFKArgentina y @SergioMassa se junten. Todas y todos los militantes peronistas nos vamos a poner detrás de ellos para defender el derecho de construir una Argentina más justa”.

Es tan razonable que, en medio del espanto, parece una quimera.

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