Las elecciones presidenciales del próximo domingo en Paraguay incluyen condimentos de injerencia norteamericana. Pronósticos variados y posible reconfiguración de la hegemonía colorada. | Por Augusto Taglioni
Paraguay elegirá nuevo presidente en un escenario electoral que carga varios condimentos especiales en comparación con años anteriores. El primero es la notable intervención de Estados Unidos en la vida política paraguaya, desde julio del año pasado, cuando el Departamento de Estado denunció a través de su embajada en Asunción como “significativamente corrupto” al ex presidente Horacio Cartes y padrino del candidato colorado, Santiago Peña.
Los delitos son pesados. Lavado de dinero, contrabando y vínculos con el narcotráfico son algunos de los misiles lanzados por Estados Unidos. La metodología es paradójica y, si se trata de un gobierno de izquierda, estaría bajo la categoría del Lawfare. Un embajador en una conferencia de prensa acusando a uno de los principales actores de la política paraguaya con causas que no aparecen en la Justicia local. Como Paraguay esta fuera de esas etiquetas, no pasó nada en términos regionales aunque debería encenderse alguna alarma.
La denuncia también incluyó al actual vicepresidente, Hugo Velázquez, a quien se lo acusa de pedir sobornos cuando era funcionario judicial. A raíz de esto, tuvo que bajar la candidatura a la presidencia por el sector de Mario Abdo Benítez.
Semejante intervención del gobierno norteanericano en asuntos internos del Paraguay es leída como un modus operandi nuevo de Washington pero que, en este caso, estuvo alimentada por la interna colorada. Cartes y Abdo son enemigos históricos y sus sectores están enfrentados, a punto tal que en varios momentos del gobierno estuvieron al borde de la ruptura oficial.
Es un secreto a voces que la información brindada a la embajada fue suministrada por Abdo para inclinar la balanza a su favor, en la interna por el control del Partido Colorado y de la candidatura a la presidencia. Nada de eso ocurrió: Abdo perdió la interna partidaria con Cartes y su candidato, el ministro de Obras Públicas, Arndolo Wiens, fue vapuleado por Santi Peña.
Las acusaciones contra Cartes no movieron la aguja en la disputa contra el sector de Abdo pero marcaron un antes y un después en cuanto a su modelo de negocios. El ex presidente fue obligado a desprenderse de todas sus empresas y, lo que más afecta al corazón de su imperio, deberá vender su tabacalera, mercado que lo convirtió en el hombre más poderoso de Paraguay.
La gravitación electoral que puede tener todo esto está por verse. Lo cierto es que eso conduce al segundo punto: la posibilidad concreta de una derrota colorada, partido hegemónico que gobierna el país hace más de 70 años -con la excepción del corto período de Fernando Lugo, que terminó con un golpe parlamentario en 2012-.
Efraín Alegre es el candidato que podría destronar el poder absoluto colorado. Presidente del histórico Partido Liberal Radical Auténtico (PRLA) y arquitecto de la Concertación opositora que incluye a todos los partidos de centroizquuerda, entre ellos, el Frente Guazú de Lugo, este dirigente votó a favor de la destitución de Lugo y su partido asumió al presidencia tras su salida, pero eso no fue escollo para este nuevo acuerdo. Con esta candidatura, el líder liberal intentará por tercera vez quedarse con la victoria tras la derrota ante Cartes en 2013 y Abdo en 2018.
La agenda que domina la campaña es bien local y todos juegan como opositores. Efraín apuesta a la necesidad de alternancia y al combate contra “las mafias” pero no termina de quedar claro si eso alcanza para vencer a una maquinaria electoral como el Partido Colorado, en una elección que tiene 12 candidatos y no hay segunda vuelta.
Peña, por su lado, habla de volver al estabilidad económica del gobierno de Cartes, habiendo sido su ministro de Economía, y denuncia que es el único opositor real al gobierno, dado que Abdo co-gobierna con los liberales. A favor de esta teoría, está la narrativa de Alegre… que se reduce al cartismo y no a los colorados en general.
Pronósticos hay para todos los gustos. Efraín difunde todas las semanas encuestas que lo dan arriba por un margen estrecho pero también hay relevamientos que ubican a Peña con 20 puntos más. El domingo 30, cuando las urnas hablen, se verá si Alegre es beneficiario del viento de cola a favor de las oposiciones o si Peña refuerza el dominio absoluto (y motivo de estudio) de la hegemonía colorada.



