El sendero de la Revolución de Mayo

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“Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia”.
Quien quiera oír que oiga.
Litto Nebbia, 1983.

Por Micaela Pittaluga

En 1810, por primera vez en la historia rioplatense, los habitantes de Buenos Aires se organizaron en pos de la determinación y el desafío de autogobernarse, de comenzar a pensarse a ellos y al resto como sujetos soberanos con las cualidades para tomar las riendas de su propio destino. En este marco, fue que se comenzó a formar la Nación. La Revolución entonces expresaba el cambio de paradigma y naturaleza, la virtud de los intereses colectivos por sobre los individuales.

A 213 años de aquella fe en la revolución que auspició las movilizaciones populares, se abre un panorama incierto, con el dólar fluctuando por los intereses de los grandes especuladores, el pronóstico de inflación mensual que no augura mejoría, fórmulas presidenciales vacías de determinación y planificación y un sistema eleccionario debilitado por los golpes recibidos por la Corte Suprema. Parecería que se ha renunciado a lo que algún día aquel grupo de hombres supo conquistar mediante la organización, sublevación y transformación de la sociedad en la que vivían.

La Revolución de Mayo es la fuerza que impulsó el autogobierno en el actual territorio de la República Argentina, el momento en el cual se inscribió el mito en la historia, y donde la fe movilizó tanto a grupos dirigentes como a la clase trabajadora. ¿Será este el punto de partida hacia la ausencia definitiva del espejo de la Revolución? Incluso en tiempos difíciles, no habría que perder de vista la promesa de comprender que siempre está presente la posibilidad de transformarlo todo.

Lo cierto es que la Revolución de Mayo construye una relación simbólica entre clases antagónicas. Su imagen remite a una reunión de personas que pedían la renuncia del virrey Cisneros y conformaron una Junta. ¿Resulta creíble que la máxima autoridad decida dejar el mando ante la solicitud de algunos ‘súbditos’? Es sencillamente difícil de explicar cómo un grupo decidió en una semana cambiar la forma de gobierno, exponiéndose a una confrontación por las armas.

En su primera medida de gobierno, la Junta declaró la guerra civil, la supresión de los tribunales superiores y anticipó que podría confiscar cualquier propiedad que considerase necesaria para pagar las tropas. Cuesta sostener, en este contexto, la hipótesis del carácter indeliberado del movimiento.

La afirmación de que los patriotas de Mayo “hicieron la Revolución sin saberlo” se transforma en la negación de la existencia de una voluntad de independencia previa a su realización, y su consecuente actividad consiente, subestimando la política revolucionaria, la de la unidad y la acción de los grupos más decididos. Como si el accionar del pueblo fuera impulsivo y netamente salvaje, falto de análisis e improvisado…

Los patriotas que lucharon por reemplazar a los españoles para reformar profundamente la vieja sociedad colonial heredada son los mejores ejemplos para afrontar los desafíos de hoy y el futuro. Pero si todos hicieron la revolución sin saberlo, ¿cuál es el mensaje para las generaciones actuales, si la revolución anticolonial fue un “invento”, si la actividad política organizada para el logro de la libertad fue meramente producto de “un grupo que obra a ciegas movido por vientos externos”, si las concepciones y prácticas de dirigentes como Castelli y Belgrano tuvieron “poco de proyecto”?

Una revolución no es un simple cambio de líderes ni de forma de gobierno, ni una intervención armada. Una revolución es la transformación de las relaciones sociales de producción. ¿Reclamó la Revolución de Mayo este tipo de transformación? Si se examina el proceso en el largo plazo, pocas dudas pueden quedar. Así, la Revolución barrió con las cadenas feudales e instauró el reino del capital.

Un país que se bambolea entre la crisis inflacionaria, la deuda con el FMI y la mafia judicial, el debilitamiento de la sentimentalidad asociada a la idea de la patria y anticolonialismo, ¿a qué intereses resulta funcional?

Como marca el historiador Hernández Arregui, la posesión en común de una herencia de recuerdos es el sentido colectivo de Patria. Así, se forman la memoria y la conciencia colectiva, la soberanía, la defensa del territorio y los ideales: la identidad. Largos avasallamientos se han sabido afrontar al respecto, como cuando la gestión de Cambiemos optó por reemplazar los billetes del BCRA por la flora y fauna autóctona, dejando de lado a los próceres.

En un mundo esencialmente injusto, donde hay una masiva riqueza en manos de pocos y, a su vez, un brutal abandono para con los pobres, resulta complejo hablar de una identidad firme y aguerrida. Tanto como mentar una revolución capaz de subvertir todos los ámbitos de la sociedad. Pero si algo ha enseñado Mayo de 1810 es que la Revolución se gesta desde adentro hacia fuera, y lo más importante son los factores internos. Es, en ese sentido, una interpelación al presente iluminando el futuro. Está en la voluntad popular la decisión de seguir por el sendero que atisba un destello de luz, o caminar por la más profunda oscuridad sin chistar.

Pese a las dificultades, el porvenir está en manos de los que se animan. Al que le quepa el sayo, que se lo ponga.

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