Jun 03 2026
Jun 03 2026

Juguetes perdidos

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El conflicto sigue siendo el motor de la historia pero la vida en modo selfie convierte la caravana en caos y dispersión. Cada trabajador en su moto, cada historia en su propio surtidor de nafta. | Por Pablo Dipierri

Dirigentes octogenarios con verba esclerosada y fotos con telaraña en las vitrinas. Trabajadores jóvenes que podrían terminar en los brazos de las empresas que los explotan a través de una app porque el sistema parlamentario promueve leyes que les complica la vida. Centrales sindicales convertidas en la pesadilla del programa del 1º de mayo de la CGT de los Argentinos, con edificios vacíos y gremios desmovilizados. Pugnas intestinas con acusaciones cruzadas por la desorganización política.

Los obreros que el muralista Carpani estampaba en las paredes de los edificios públicos hace 60 años se desagregan en selfies para Instagram y rosca por WhatsApp. Los que todavía patean comisiones internas y se ponen al hombro las luchas junto a sus compañeros también padecen asedio interno por el desconcierto de la época y la falta de conducción en el peronismo. Con tres pinceladas y un comunicado, humilde óleo sobre tela de La Patriada sobre el sindicalismo actual.

Una de tanos

Pasadas las 9 de la mañana de ayer, el Congreso de ATE Capital que debía realizarse en la Federación de Box se suspendió por una trifulca entre los dos sectores que disputan la conducción de la seccional. El mitin se había convocado para comunicar los documentos de Memoria y Balance del sindicato y votar la Junta Electoral que debía tramitar la organización de las próximas elecciones internas, previstas para el próximo 9 de agosto, pero ambos grupos se habrían trenzado a las piñas en la puerta, con un saldo de heridos repartido.

Desde el entorno del secretario general local, Daniel “Tano” Catalano, aseguran que su espacio tenía la cantidad de congresales suficiente para imponerse en la definición y que los disturbios obedecieron a que sus antagonistas internos, sabiendo que perdían, cayeron a la cita con barrabravas de Nueva Chicago. Y sus contrincantes, nada menos que el secretario de Organización del sindicato y, a la sazón, presidente del club al que le imputan el traslado de la mano de obra de tablón y redoblante, Hugo Bellón, y el secretario gremial, Luciano “Lucho” Fernández, intentan desmentirlo. En declaraciones a AM530, Fernández sostuvo que Catalano montó la presencia de una escuadra de pechera naranja que provenía del “sur de la Ciudad” pero nada tenía que ver con ATE.

Ya en la previa, Bellón y Fernández acusaban al líder del gremio de subordinar los intereses colectivos a sus intenciones de convertirse a candidato a legislador porteño en los próximos comicios. Por lo bajo en ocasiones y con alguna que otra epístola pública también, Bellón llegó a imputarle “albertismo” a Catalano. Inverosímil para cualquier observador de las novedades políticas, la operación tiene alcance corto: aunque sea cierto que el secretario general haya mantenido reuniones con el presidente Alberto Fernández para exigirle, entre otras demandas, el pase a planta de los trabajadores estatales, la vicepresidenta Cristina Kirchner tiene diálogo directo con Catalano y el propio dirigente fue de la partida que la visitó en el Senado la semana pasada, cuando la tómbola periodística sacó la bolilla de que la diseñadora de la coalición oficial no se iría a tejer ni a criar nietos.

Por lo demás, los cuatro minutos de conversación al aire que Fernández mantuvo ayer con el periodista Daniel Tognetti al aire tampoco pueden separarse del peligroso internismo que atraviesa La Cámpora. La Radio de las Madres, de hecho, traduce en buena medida el pensamiento del diputado Máximo Kirchner y los lazos políticos y afectivos, por identificación ideológica y práctica militante, del mismo Catalano y el propio Fernández con la organización del hijo de la Vicepresidenta son indesmentibles. Aun cuando hubiera promesas de que la conducción de esa agrupación no se metería en la interna la entrevista radial no bien sucedieron los hechos levanta sospechas.

Si se amplía el lente de la cámara, entra en plano el actual concejal de Lanús por Unidad Popular en el Frente de Todos e histórico luchador de ATE, Víctor “Tano” De Gennaro. Fuentes consultadas por este portal, sugieren que de forma indirecta el admirador de Lula Da Silva es un factor centrífugo en este conflicto: el edil del conurbano impulsaría a la conducción de ATE Nacional a su actual secretario adjunto, el rionegrino Rodolfo Aguiar, en desmedro del actual mandamás, Hugo “Cachorro” Godoy, quien además ocupa la poltrona principal de la CTA Autónoma. Tales desplazamientos tectónicos abren espacios y friccionan articulaciones. La pregunta sería si Godoy acepta su corrimiento por el dedazo del viejo amigo de Germán Abdala o busca el apoyo de uno de los sectores de ATE Capital para resistir a su mentor.

La llorona

La Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios (FAECyS) rubricó esta semana el último tramo de la paritaria 2022-2023 con las patronales, en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Así, el salario básico del sector quedaría en 220 mil pesos, con presentismo incluido, y se le agregaría una suma fija de 25 mil pesos a cobrar en dos cuotas de 12500 en abril y mayo.

Si bien el jefe del sindicato, Armando Cavalieri, celebró el acuerdo en la cartera laboral, una semana antes lloró en el último plenario de la Federación, en el predio de Parque Norte, mientras daba su discurso. A sus 88 años, no lo embargó la emoción por el conflicto y la defensa de los intereses de clase sino que manifestó su angustia por los impuestos que deben pagar los empresarios y sus dificultades para afrontar los aumentos salariales. “Esto es lo que los empresarios en la paritaria nos transmiten. Mire, Cavalieri, usted tiene razón; los empleados de comercio tienen razón. Pero yo tengo una opción que tengo que definir: ¿pago los impuestos y cierro el negocio o pago lo que puedo y seguimos todos juntos como podemos?”, transmitió frente al auditorio.

Desde el sindicato de Comercio y Servicios de la CTA se mofaron de su fingido candor. Compungido pero mandatado para 4 años más como representante de los trabajadores de esa rama, Cavalieri prosiguió entre sollozos: “Esa es la conclusión que a veces te hacen los empresarios en la paritaria y yo no doy más y digo ‘qué hago’, ‘qué hago con los empresarios’”. Peor que su intervención fueron los aplausos que arrancó su alocución, según sus detractores.

El trabajo informal en Comercio supera el 60 por ciento y buena parte de los trabajadores registrados se desempeñan bajo contratos de 4 horas aunque trabajen 12. La cereza del postre que ofreció el octogenario burócrata sindical se la dedicó al Jefe de Estado. “Los otros días el Presidente, en una de esas boludeces que hace, tomó un tren para ir a Mendoza más rápido y tardó 48 horas. Cuando tenemos esa figura como eje central de la política, hay que tener muchas ganas de vivir en la Argentina”, remató como quien propone que la única salida es Ezeiza.

Rápido y furioso

El lunes pasado la oposición bonaerense al gobierno de Axel Kicillof logró frenar el tratamiento del proyecto de ley que promueve la regulación de la actividad de delivery o reparto a través de aplicaciones digitales, en un plenario de comisiones conjuntas de la Cámara de Diputados, en La Plata. La iniciativa llegaba con media sanción desde el Senado y la autoría corresponde al líder del sindicato de Canillitas, Omar Plaini.

Paradójicamente, la norma en discusión no contaría con el apoyo homogéneo de los trabajadores que se desempeñan en el rubro. El punto central es que propone la creación de un registro obligatorio para que las empresas declaren a los repartidores conchabados pero, como de costumbre, las firmas activaron la propaganda mediática sobre el perjuicio que les genera y las amenazas de cierre y desaparición.

No obstante, un abogado laboralista le dijo en off a este sitio que el registro, en ocasiones, redunda en “una excusa más” para que la Policía “detenga al laburante y le pida los papeles”. “Se impulsa para controlar a las empresas pero la cana termina controlando al trabajador, eso pasa mucho en la Ciudad de Buenos Aires, donde ya existe una regulación y termina complicando al repartidor”, advierte.

Curiosa fue la participación de Plaini en el programa Desiguales por la TV Pública, que no pudo contestar con precisión sobre las mejoras que el registro traería a la rutina laboral y eligió pontificar sobre los derechos de los trabajadores, en abstracto, y la diatriba a los partidarios de Javier Milei. Sentado a su lado e invitado como entrevistado en el mismo set, el letrado Juan Manuel Ottaviano alertó que también hay que atender a la naturaleza de este tipo de trabajos, cuyas características cuentapropistas y la libertad que le permiten al trabajador para ordenar sus horas constituyen un valor positivo y no una condenable desregulación en la conciencia obrera. Con elegancia, llamó a comprender la diferencia entre el establecimiento de leyes que garanticen un piso más alto de condiciones materiales, incluso, para la administración del tiempo de esos empleados y el diseño de un régimen legal que los empuje a upa de quienes los explotan.

Para colmo, el registro en discusión carece de sentido. Su carácter provincial de nada vale porque la legislación laboral es nacional. Es probable que el bueno de Plaini y los senadores que sumaron su firma al proyecto contribuyan al operativo desgaste de la oposición contra Kicillof, salvo que lo improbable también se volviera factible en el desorden imperante y la ministra Kelly Olmos tomara el tema antes de las próximas elecciones.

Pánico en Azopardo

Tarde (¿pero seguro?), la CGT volvería a reunir a su consejo directivo para discutir, o sacarse una foto de divulgación, un documento que versa sobre el peligro de la “descomposición social” al que se asomaría el país. “No hay más margen de deterioro económico sin riesgo de descomposición social”, reza el texto que, curiosamente, parece indicar que no aplazaría el descalabro si no hubiera niveles de pobreza o tensión como los que apunta.

Sin perder de vista su ecumenismo, y tal vez con la brumosa intención de nutrir un peronismo escuálido, la pieza demanda “la convocatoria de un gran acuerdo político, económico y social que permita alcanzar consensos básicos para el diseño de un programa de mediano y largo plazo, promoviendo el desarrollo, la producción y el trabajo como instrumentos necesarios y urgentes para superar la crisis y trazar un horizonte de crecimiento con justicia social”. El miedo no es zonzo.

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