Jun 13 2024
Jun 13 2024

LA HISTORIA DE UNA FOTO

Publicado el

Texto y fotos Flor Cosin.

Empieza otra vez el frío. Camino por la avenida buscando el sol.

Voy a buscar una fotografía enmarcada que perdí hace muchos años. Es una foto de Esther, la hermana mayor de mi tío, secuestrada y desaparecida en mayo de ́ 76. La foto fue hecha unos días antes de que se la llevarán.

La imagen forma parte de un ensayo visual en el que me propuse contar su historia con las pocas fotos familiares que había y otras que saqué en el predio de la Ex E.S.M.A. Es un fanzine sencillo, impreso en papel bookcel, acaballado. En cada una de las páginas se desarrolla un diálogo entre pasado y presente. Sus fotos de chica, de adolescente dialogan con los espacios abandonados del predio donde creemos que estuvo detenida.

UNA PROMESA

Esther tiene el pelo lacio y un vestido precioso ceñido al cuerpo. Está en una fiesta de casamiento. ¡Tan joven! Ella, sus amigas y una de sus hermanas saltan para atrapar el ramo. Hay una pequeña disputa, un forcejeo feliz. La foto capta el instante preciso en el que Esther se adelanta frente al flash de la cámara y gana la pelea.

Las flores que se ven en la foto como una mancha blanca en las manos de la futura novia son la promesa de lo que debería venir, el anhelo de un amor, un futuro casamiento. Un futuro sin más. Pero “La Historia” entró como un guante negro en su vida y lo que podría haber sucedido no sucedió.

En este diálogo visual, el presente le contesta al pasado con la foto del reflejo de una ventana. Dos espacios imposibles de reunir se superponen: el afuera y el adentro. Es de día pero parece de noche. La oscuridad de esta foto evoca lo que no se ve, lo que no se sabe. La oscuridad que siguió a la noche del secuestro, a los años que vinieron, pero también la estela de lo que persiste en la oscuridad, el trabajo de alfabetización que Esther hacía con el grupo Belén en el Bajo Flores. Como si fueran dos caras de una misma moneda. La luz y la sombra de un solo tiempo.

Recorrí la Ex E.S.M.A un tiempo después de que fuera recuperada por los organismos de derechos humanos, en el año 2011. Los edificios estaban abandonados, el silencio tensaba el aire. Caminé sola por las calles internas del predio, con la cámara contra el pecho, atravesando una quietud expectante. En la foto del reflejo de la ventana, ¿qué parte de la imagen es real y qué parte es la realidad duplicada?, ¿Qué parte del predio es: el casino de oficiales, la enfermería?, ¿Dónde están los demás, los compañeros secuestrados de sus casas la noche del 14 de Mayo del ´76?

¿Y dónde está ella?

Esther

María Esther.

Cuando tenía seis años entró al colegio de la Misericordia como alumna pupila. Desde muy chiquita fue religiosa. Desde entonces ya tenía un claro liderazgo, era la jefa. Estudió hasta tercer año y empezó a trabajar en la fábrica Kaiser. Formaba parte de un grupo de catequistas que iban a la Villa 31, donde estaba el Padre Mujica. Cuando lo asesinaron, fue a trabajar a la Villa del Bajo Flores. Vivía sola en un departamento en Bulnes y Perón. Cuando se la llevaron tenía 22 años. En la puerta de su casa hay una baldosa con su nombre.

 

***

 

Para el aniversario de éste 24 de Marzo me propuse recuperar la foto perdida. El retrato de Esther que mandé a enmarcar en un 40x60cm para acompañar la presentación del fanzine.

Lo perdí un tiempo después en una jornada de cine y dictadura. En verdad lo dejé en un espacio cultural donde se hizo la proyección y nunca la fui a buscar.

Más tarde vino la pandemia. Pasaron los años y aquí estoy parada en la misma puerta a la que vine a dejar la foto con las manos vacías.

Recorro el lugar. En una de las oficinas, sobre un estante por fin doy con la foto. Está lejos de la luz del sol, lejos del ruido de la calle. La guardaron envuelta en una manta azul que usaba para la cuna de Eva. Tiene una cinta de papel con mi nombre. Arriba hay papeles y algo más pesado que la oprime, quizás la obra de otro artista. Después de unos segundos la tengo entre las manos. Como el ramo de flores que en otro tiempo y en otro lugar se lanzó hacia el aire y Esther atrapó con las dos manos, ahora yo también sostengo su retrato. Las palabras de Berger son mi plegaria: “es posible enviar promesas al pasado”.

Doy las gracias y vuelvo a casa.

Le quito la frazada azul y limpio el vidrio con una franela. Está en perfectas condiciones, el vidrio, el marco. Después busco un lugar para ponerla. Hago algunas pruebas, corro una biblioteca y una mesita. Vuelvo a poner todo como estaba y finalmente la ubico frente a la puerta de entrada, sobre el hogar. Cerca de las hojas de un gomero que espero echen raíz.

Cada vez que llegamos a casa, nos recibe esta imagen: Esther con un suéter marrón, el pelo corto, más encrespado que el día del casamiento. Esther de perfil, sonriente, mira fuera de cuadro. El sol le da de lleno en el pelo rojizo, en los hombros.

La foto está partida, alguien la dobló a la mitad y luego con una cinta scoth intentó disimular el pliegue. Esta marca y los otros detalles que describí hace un momento, resignifican el corazón de esta historia.

La foto volvió a casa. Nos recibe cada vez que llegamos y nos despide cuando salimos.

Los que no la conocen nos preguntan quién es.

La presencia de esta foto es una excusa para contar su historia, una excusa para seguir, a pesar de que la noche avanza.

spot_img
spot_img