Por Germán Ferrari
Aquella vez los argentinos no solo eligieron en las urnas al primer presidente democrático tras siete años de dictadura, sino también a los diputados y senadores nacionales que reabrirían las puertas del Congreso. En la ciudad de Buenos Aires la oferta de candidatos incluyó dirigentes sociales, músicos, galeristas y publicistas.
«¡Alfonsín y Perón, un solo corazón!». Atrás quedaron los encontronazos entre radicales y peronistas en los alrededores del Obelisco apenas finalizado el domingo 30 de octubre de 1983. La dictadura empezaba a ser parte del pasado: a medida que avanzaba el conteo de votos, la contundente victoria de Raúl Alfonsín frente a Ítalo Luder mostraba una realidad inapelable y los números en la Capital Federal eran una muestra de la ola con boina blanca que se extendió por todo el país. Es más, la diferencia presentaba una amplitud mayor en los electores a presidente y vice: el 53% frente al 40% a nivel nacional se trasformaba en 64% a 27% en el distrito porteño (aviso a los jóvenes y/o desmemoriados: por entonces, la fórmula presidencial se consagraba en forma indirecta, a través del Colegio Electoral).

Para senadores nacionales las cifras no diferían. Los radicales Fernando de la Rúa y Juan Trilla obtuvieron el 61% de los votos frente al 26% que alcanzaron Carlos Ruckauf y Juan José Taccone (acá también había Colegio Electoral). Sin embargo, el PJ logró la primera minoría en el Senado con 20 escaños y la UCR lo siguió con 18. Eran tiempos en que el partido ganador colocaba en la Cámara alta a sus dos representantes; el senador por la minoría recién se incluiría con la reforma constitucional de 1994.

«Alfonsín, De la Rúa y usted. Juntos para ganar», decía uno de los afiches de campaña en los que el nuevo líder radical levantaba el brazo de quien había sido su competidor en la interna. Lejos había quedado una caricatura publicada en la revista partidaria Entrelíneas: Hipólito Yrigoyen caminaba junto a Alfonsín, ambos con el pulgar derecho en alto, mientras Marcelo T. de Alvear arrastra De la Rúa y lo conducía hacia el lado opuesto.

Con la derrota del 30 de octubre, la interna peronista estalló. Uno de los principales damnificados fue Lorenzo Miguel, secretario general de la UOM y virtual presidente del PJ, a quien se responsabilizaba del armado de las candidaturas. Era una tarea complicada la de Ruckauf, ex ministro de Trabajo de Isbael Perón, y Taccone, dirigente del gremio Luz y Fuerza: en las últimas elecciones, en 1973, en pleno auge por el regreso de Perón, la dupla De la Rúa-Raúl Zarriello había vencido a la peronista Alejandro Díaz Bialet-Marcelo Sánchez Sorondo.
Algunos partidos optaron por candidatos comprometidos con los nuevos tiempos. La Democracia Cristiana (DC) llevó en su boleta a Enrique Fernández Meijide, esposo de Graciela Castagnola y padre de un muchacho detenido-desaparecido por la última dictadura, y el Partido Obrero (PO) al joven dirigente gráfico Néstor Pitrola.

Sin embargo, varios partidos apelaron a dirigentes o figuras públicas vinculadas con regímenes militares. La Unión del Centro Democrático (UCD) sumó al contraalmirante retirado Carlos Alberto Sánchez Sañudo, secretario general de la vicepresidencia de la Nación durante la «Revolución Libertadora»; la Alianza Federal (AF) –partido liderado por otro «libertador», Francisco Manrique– a Julio César Cueto Rúa, ministro de Industria y Comercio de aquella gestión; y la Alianza Demócrata Socialista al locutor Augusto Bonardo, afiliado a la democracia progresista, que tras el golpe de Estado de 1955 estuvo a cargo de varios medios de comunicación que habían sido afines al peronismo.
Ex funcionarios de la última dictadura intentaron reconvertirse a los tiempos democráticos. El otro candidato a senador por la AF fue Juan José Catalán, ministro de Educación y Cultura durante la presidencia de Jorge Rafael Videla. Y el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID) llevó a Oscar Camilión, funcionario de Relaciones Exteriores durante el mandato de Arturo Frondizi y embajador en Brasil y luego canciller del «Proceso».
Rostros conocidos de ayer y de hoy
En Diputados también se evidenció una aplastante diferencia: la UCR se acercó al 50% de los votos y obtuvo 14 legisladores, mientras que el peronismo rondó el 24% y consiguió 7 escaños. Bastante detrás, la UCD, con el 9%, obtuvo dos diputados; y el Partido Intransigente (PI), con 6%, y la DC, con 4%, se llevaron uno cada uno. Estos números hicieron que la conformación de la Cámara baja quedara con 129 escaños para la UCR y 111 para el PJ.

La lista radical estaba encabezada por Liborio Pupillo, un dirigente alfonsinista del barrio de Mataderos. En su primera medida como legislador, intentó la anulación de los descensos en el fútbol para la temporada 1983, ante la insalvable situación de su club, Nueva Chicago, y en la que también se encontraba Racing Club.
Entre los 14 elegidos se destacaban Rubén Rabanal, Guillermo Tello Rosas, Marcelo Stubrin, Jesús Rodríguez, Jorge Vanossi y Florentina Gómez Miranda.
La nómina peronista estaba encabezada por Torcuato Fino, un académico especialista en derecho constitucional que durante varios años fue el apoderado del PJ. Entre los más conocidos en ese momento o que después tuvieron relevancia en la vida política figuraban Julio Bárbaro, Juan José Minichillo, Luis Santos Casale, Miguel Unamuno, Roberto García, Amadeo Genta y Eduardo Vaca (estos dos últimos no lograron entrar al Congreso).

La UCD logró ubicar a dos dirigentes: el fundador del partido, el capitán ingeniero Álvaro Alsogaray, exministro de Economía que predicaba contra el Estado y en favor del capitalismo a ultranza, y el dirigente liberal José Juan Manny. No pudo entrar el sociólogo y consultor Manuel Mora y Araujo.
Las últimas dos bancas quedaron para el dirigente intransigente Raúl Rabanaque Caballero y el demócrata cristiano Augusto Conte, padre de un hijo detenido-desaparecido, integrante de la APDH y fundador del CELS. “Derechos humanos al Parlamento”, fue su eslogan.

A pesar de una campaña mediática costosa e intensa, el MID no pudo hacer entrar a ningún postulante. Apenas superó los 27.600 votos. El primero de la lista era Octavio O. Frigerio, uno de los hijos del economista Rogelio Frigerio, que había sido periodista en Clarín y en los ‘90 funcionario del menemismo. Más atrás se ubicaron Horacio Rodríguez Larreta, padre del homónimo exjefe de Gobierno porteño del PRO; Federico Polak, años después vocero de Alfonsín; Bernardo Sofovich, que había sido apoderado de Clarín; el músico Atilio Stampone; el modelo y publicista Nono Pugliese; la galerista Ruth Benzacar y el intelectual Eduardo S. Calamaro, padre de los músicos Andrés y Javier.

La decepción se apoderó del PC, que no pudo superar los 42.500 votos. Aunque el partido había acordado una alianza con el peronismo, en Capital apoyaron el binomio Ruckauf-Taccone, pero presentaron una lista propia para diputados. Y allí se cruzaron viejos militantes políticos y gremiales como Rubens Íscaro, Héctor Agosti y Fernando Nadra, con los jóvenes periodistas José Antonio Díaz y Jorge Luis Sigal, el músico Osvaldo Pugliese, el escritor y periodista Alfredo Varela, el dirigente bancario y del movimiento de jubilados Carlos Imizcoz, el abogado defensor de los derechos humanos Alberto Pedro Pedroncini y el poeta Hamlet Lima Quintana.
Por el lado del trotskismo, el Movimiento al Socialismo (MAS) llevó en su lista al psiquiatra y dramaturgo Eduardo Pavlovsky y al abogado Marcelo Parrilli, y el PO a Catalina Guagnini, fundadora de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas (dos de sus hijos y una de sus nueras aún permanecen desaparecidos) y el economista Marcelo Ramal.

Y la AF eligió para encabezar su lista a Eugenio Aramburu, hijo del exdictador Pedro Eugenio Aramburu, asesinado por Montoneros en 1970.
Una vida con rabia
Eran tiempos en que la máxima autoridad de la ciudad de Buenos Aires no se elegía por voto popular, sino por decisión del presidente de la Nación. Alfonsín nombró intendente a Julio César Saguier, un directivo del diario La Nación y militante radical de la misma línea interna que el primer mandatario, el Movimiento de Renovación y Cambio. Si hubiera ganado el peronismo, ese cargo estaba destinado al empresario Carlos Spadone.
Tampoco había Legislatura porteña, sino un Concejo Deliberante con 60 bancas. Las preferencias mostradas por el electorado en los otros rubros se vieron también reflejadas el 30 de octubre. La UCR se impuso con el 54% de los votos y ubicó a 38 concejales, mientras que el PJ consiguió el 23% y se llevó 16 representantes. Los escaños restantes fueron para el PI (6%, 4 concejales) y la UCD (4%, 2 concejales).
El «somos la vida, somos la paz», el efectivo estribillo que entonaban los jóvenes radicales de la Junta Coordinadora Nacional durante la campaña, había tapado el «somos la rabia» que la muchachada más apasionada del peronismo había pintado en las paredes de aquella Argentina de 1983.



