El mandatario estadounidense sostuvo que la isla atraviesa una situación límite tras el corte del suministro de petróleo venezolano luego de la captura de Nicolás Maduro.
La administración de Estados Unidos profundizó su presión sobre el gobierno cubano en las últimas horas a través de una serie de declaraciones que combinan el diagnóstico económico con objetivos políticos explícitos. Antes de un acto en Iowa, el presidente Donald Trump aseguró que Cuba se encuentra «muy cerca del colapso» como consecuencia directa de la interrupción del envío de petróleo desde Venezuela, situación derivada de la captura de Nicolás Maduro en la operación militar del pasado 3 de enero.
Según el análisis de la Casa Blanca, la economía de la isla dependía en gran medida de los recursos energéticos subsidiados por el chavismo, una asistencia que se cortó tras el cambio de escenario en Caracas. Trump destacó que Estados Unidos mantiene ahora una «presencia muy fuerte» en territorio venez olano para resguardar las reservas de crudo, lo que deja a La Habana en una posición de extrema vulnerabilidad financiera.
En paralelo a los dichos del Presidente, el secretario de Estado, Marco Rubio, compareció ante el Senado para informar sobre los planes de la administración en la región. Consultado por los legisladores sobre la estrategia hacia la isla, el funcionario admitió que a Washington le «encantaría» ver un cambio de régimen en Cuba, aunque matizó que eso no implica que vayan a provocarlo mediante una intervención directa.
Rubio fundamentó esta posición en el marco jurídico estadounidense. Explicó que el embargo económico «está codificado en la ley» y que dicha normativa exige explícitamente un cambio de sistema político para que las sanciones puedan ser levantadas. «No cabe duda de que sería un gran beneficio para Estados Unidos que Cuba dejara de estar gobernada por un régimen autocrático», declaró el jefe de la diplomacia.
La respuesta de La Habana
La reacción del gobierno cubano llegó a través del presidente Miguel Díaz-Canel y del canciller Bruno Rodríguez, quienes rechazaron lo que consideran una política de intimidación. Las autoridades de la isla condenaron la intervención militar en Venezuela, calificándola como un «acto de terrorismo», y advirtieron que no aceptarán negociaciones bajo presión ni amenazas.
El Ministerio de Relaciones Exteriores reiteró su disposición a mantener un diálogo con Washington siempre que sea en condiciones de «igualdad y respeto», pero descartó cualquier entendimiento basado en la coerción. Ante el aumento de la tensión verbal —el punto más alto en décadas entre ambas naciones—, el gobierno cubano convocó a movilizaciones en La Habana para ratificar su posición y negar que la crisis energética derive en la caída institucional que pronostica Estados Unidos.



