En charla con el programa «Doble Fondo» por FM La Patriada, el filósofo y ensayista Ricardo Forster compartió una profunda reflexión sobre la coyuntura nacional y los hilos invisibles que mueven a la sociedad argentina.
A partir de la conmoción colectiva por el fallecimiento y la masiva despedida de Carlos «El Indio» Solari, Ricardo Forster analizó cómo las manifestaciones de la cultura popular logran interpelar el escenario político actual y transformarse en una potente respuesta al gobierno de Javier Milei, completando su intervención con una lectura crítica sobre el complejo proceso electoral en Perú.

Un acontecimiento con hondo impacto político
Para Forster, la inmensa movilización popular que tuvo lugar el último fin de semana trascendió lo estrictamente musical para convertirse en un hecho político de primer orden que sacude las bases del relato oficial. Al respecto, el filósofo afirmó de manera categórica que lo sucedido «Tiene un impacto político. No es inmediatamente transferible en términos partidarios, pero tiene, sin ninguna duda, un impacto político porque es un golpe directo a la mandíbula de una política nacional, que es antagónica absolutamente a lo que sucedió en este fin de semana y eso implica una política».
En su lectura, este fenómeno marca un punto de inflexión en el estado de ánimo colectivo, quebrando la hegemonía discursiva de la etapa actual: «Algo ya no es lo mismo y no estamos frente a lo mismo en este contexto porque lo que sucedió puede marcar un antes y un después. No sabemos el cómo, hacia donde, como se terminará canalizando, pero hay algo que se equilibró también, que es una forma de expresarse que género una energía que renueva sentimientos aplacados y esa tristeza que viene dominando en la Argentina en los últimos tiempos».
El ensayista describió el acontecimiento como una experiencia inédita y fascinante que desafía las explicaciones simplistas, destacando la profunda devoción de la gente que se acercó a despedir al mítico líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. «Lo de este fin de semana con el Indio Solari fue un acontecimiento extraordinario, conmovedor. Yo todavía no salgo de un asombro que ya es activo. Que país raro, loco, sube y baja que somos. Su despedida es tremenda y la verdad que es un acontecimiento que no se puede explicar casualmente ni con tres frases. La verdad que yo pase horas casi hipnotizado mirando cómo le hacían entrevistas a la gente que iba pasando», confesó durante la entrevista en FM La Patriada.
La reconstrucción de la lengua frente al relato oficial
El hilo conductor de su análisis se centró en la disputa por el sentido y la recuperación de la palabra frente al lenguaje que intenta imponer la gestión de La Libertad Avanza tras treinta meses de mandato. Forster describió el encuentro de la militancia ricotera bajo las inclemencias del tiempo como un acto de resistencia lingüística y cultural: «Una multitud increíble con kilómetros de cola. Se venía la noche. Empezaba a llover y las palabras que decían era como si se reinventaban de nuevo el lenguaje. Después de haber estado sometidos, estos dos años y medio a la destrucción y a la criminalización de la lengua pública por parte de Milei y compañía, se empieza a juzgar por la destrucción de la lengua de los argentinos en primer lugar. Son criminales del idioma, aparte de ser criminales sociales, culturales, económicos, etc».
Frente a esa degradación, sostuvo que el artista y sus seguidores lograron gestar un refugio simbólico: «El Indio y la gente que estaba ahí reconstruyó una lengua. Una lengua poética, la lengua del rock, la lengua de la memoria, la lengua del suburbio y del entre bello y la lengua baja y la culta porque para el Indio no había diferencias entre una cultura popular y alguien como él que tenía una formación interesante y refinada».
Asimismo, el filósofo desarmó el prejuicio elitista que suele rodear a los fenómenos de masas, reivindicando el espesor intelectual de Solari y la monumental comunión que construyó a lo largo de las décadas en el interior del país. Recordó al Indio como un artista «Que en los años 60 vio todo el cine europeo que se podía ver, que siguió las críticas de la literatura, que se educó en parte con la generación norteamericana de los 50. O sea no era que el Indio era un improvisado que se le ocurría dos palabras y las juntaba, más bien era un constructor de poesía y no tuvo problemas en darle a esa poesía algo que es absolutamente original que implicó en la existencia de los Redonditos de Ricota, el pogo y esas multitudes acompañándolo por cuanto pueblo o ciudad del interior iba y se presentaba ante 200 y 300 mil personas generaba una comunión como no se dio nunca». A su vez, remarcó que «Ahí hay algo que también es novedoso, que nos llama la atención y que supera cualquier cálculo que podamos hacer. Y esta despedida supero por lejos cualquier otra despedida tumultuosa y con mucha intensidad».
Otro de los puntos destacados por Forster fue la grieta que se abrió en las propias pantallas de televisión, forzadas a transmitir el pulso genuino de los sectores populares y sus consignas políticas. «Yo iba pasando los canales y vi, básicamente porque me interesaba, que las coberturas sobre la muerte del Indio fueron como cadenas nacionales y todos deslumbrados, boquiabiertos y dejando que la gente se expresará. Cuando la gente se expresaba, aparecía de todo. Aparecía Viva Perón, Cristina libre, Milei hijo de puta y todo eso lo decía la señora de Palermo o el pibito de Barrio Norte, que tuvo que escucharlo y así hubo gente que, por primera vez, descubrió que el mundo de los marrones es un mundo pensante, sensible y que puede discernir perfectamente lo que es la lengua poética después de escuchar a un músico como el Indio que puede entender que ahí hay un registro de valores, opiniones, formas de ver el mundo, maneras de vivir la vida, que siente, que ama y una multitud, que es pacífica cuando lo han demonizado y criminalizado durante décadas», observó el entrevistado.
En este sentido, el intelectual puntualizó que el acontecimiento puso de manifiesto valores éticos y colectivos que confrontan directamente con la lógica individualista del mercado. «Me parece que algo se corrió porque al aparecer alguien, como lo es efectivamente el Indio y todo lo que implica su música, su poética y su relación con ese mundo que lo fue a despedir estaba siempre jugando con los antagonismos, como, por ejemplo, la alegría y la tristeza, Dios y el Demonio y lo crudo y lo cocido. La idea es demostrar que la vida es siempre algo más a lo que te quieren vender, donde siempre hay otra cosa. Es la idea de que hay algo, donde se juega lo común, lo compartido, lo solidario y eso creo que en esta Argentina es un mensaje político de extraordinaria forma», reflexionó, añadiendo de inmediato que «Está en juego dos Argentinas con dos formas de concebir la sociedad, lo público de manera diferente. Está claro que una multitud tiene algo de endosable, pero estaba claro que ya desde el comienzo que lo que había era un espíritu de ofrendad y un espíritu compartido de agradecimiento. Un pueblo, que agradece, en este caso, al Indio Solari lo que hizo por ellos.»
A partir de esta demostración de vitalidad popular, Forster lanzó un fuerte llamado de atención a la dirigencia del campo nacional y popular, exigiéndole estar a la altura de las demandas ciudadanas y deponer las disputas internas de cara al futuro. «Por eso ahora hay una gran responsabilidad de aquellos que creen que la política sigue siendo instrumento válido en democracia para modificar lo que esta horriblemente mal y hay una grande responsabilidad de darse cuenta que las peleas internas, las estupideces menores, no tiene lugar en un contexto tan complejo, difícil y urgente como la de Argentina porque tuvimos ayer un respiro de que hay pueblo y sentimientos valiosos y no un aluvión de mierda que sentimos cotidianamente», interpeló.
Siguiendo esa línea, argumentó que «hay otro país y otra Argentina que la habíamos soñado, pero para que esa Argentina vuelva a tener posibilidades ciertas, la política tiene que decir lo suyo y decirlo con inteligencia, audacia, responsabilidad y generosidad. Ahora la política que se vea si misma proyectando una idea de país que sea diferente que estamos viviendo, creo que debe tomar nota de lo que sucedió».
Hacia el final del bloque nacional, vinculó esta marea cultural con otras movilizaciones de la sociedad civil que marcan un límite social al modelo vigente. «Estamos en la búsqueda de que haya una representación de lo que estamos sintiendo, de lo que necesitamos, de nuestros deseos, pero eso va suceder porque de algún modo viene con lo que la movilización de Ni una menos, que fue también muy impresionante. Así creo que hay una movida de una parte muy significativa de la sociedad que está diciendo basta y nos están golpeando muy mal y esto tiene que terminarse y haber elegido, sin ninguna duda, ese tributo increíble que se le hizo al Indio, me parece que es una de las decisiones más sabias del pueblo», afirmó.
Como síntesis teórica del suceso, concluyó: «La historia no se mueve de acuerdo a un cálculo aritmético, la historia se mueve dándote sorpresas, enfrentando a algo que no imaginabas que iba a suceder. Estos tipos de acontecimientos cuando sacuden y conmueven la vida social, tiene consecuencias, pero lo cierto que lo que mostró el Indio es que hay otra Argentina con un mundo cultural, musical y se mueve bajo otras premisas, que tiene otras lógicas y otros códigos. Se demostró que esos códigos son muchos mejores que la gente que se cree que son mejores que los otros. Verdaderamente, se demostró lo contrario.»
La mirada internacional: la «constitución envenenada» de Perú
Finalmente, el diálogo en «Doble Fondo» se trasladó al plano internacional, donde Forster analizó el desenlace de los comicios presidenciales en Perú, proyectando un triunfo del candidato Sánchez, aunque bajo un panorama de extrema fragilidad institucional y persecución judicial. «Es irreversible el triunfo de Sánchez porque cada vez que se da nuevos datos, primero, Sánchez fue recuperando la diferencia, después la pasó y todo indica que le va a ganar por dos o tres puntos porque faltan todavía escrutar 6%. O sea que va ganar por un punto y medio más o menos», precisó sobre el escrutinio, expresando a continuación su honda preocupación por el porvenir de la región: «Me interesa mucho porque es un momento tan especial que cualquier pedacito de ilusión configura un poco. Yo si fuera Sánchez gano la elección y después me voy al exilio porque seguramente van a intentar meterlo preso como hicieron con Castillo.»
Para concluir su intervención, el filósofo desmenuzó las trabas estructurales impuestas desde los años noventa en el país andino, las cuales impiden la gobernabilidad y atenazan cualquier intento de transformación social. Según su mirada, «Fujimori padre dejo una constitución envenenada siendo imposible gobernar Perú políticamente porque económicamente Perú está en manos de una oligarquía que lo maneja sin ningún inconveniente con un presidente del Banco Central hace más de 20 años y el problema es que fragmenta la política de tal manera que Sánchez llega con el 12% de los votos en primera vuelta y con una representación parlamentaria casi inexistente. Entonces el parlamento le hace Golpe de Estado, lo derrocar, lo puede meter preso, etc.», cerrando su análisis con un balance ambivalente pero esperanzador: «Es realmente una situación difícil pero no deja de ser una gran noticia si se confirma el triunfo de Sánchez ahora».



