«Esta es una Feria de la industria y no de la cultura aunque la misma se adjudique este rol», dijo el escritor Guillermo Saccomanno al abrir la 46° Feria Internacional del Libro este jueves en el predio de la Rural que volvió a recibir a representantes de la industria editorial después de dos años de inactividad por la pandemia.
«En todo caso, esta Feria es representativa de una manera de entender la cultura como comercio en la que el autor, que es el actor principal del libro, como creador, cobra apenas el 10 por ciento del precio de tapa de un ejemplar», afirmó Saccomanno en su discurso de apertura.
Ante un auditorio que lo seguía atento en el Salón Central, el escritor remarcó que «a la escasez de papel, producto de la pandemia y el aumento en los costos de energía en el mundo, se le suman en Argentina los problemas habituales: la industria del papel es oligopólica, el papel se cotiza en dólares, y aun cotizando en dólares, tiene inflación y ningún tipo de regulación desde el Estado».
El autor de «El oficinista» se preguntó en su discurso de apertura por qué se realiza el encuentro en un predio como La Rural: «¿Es una paradoja o responde a una lógica del sistema que esta Feria se realice en la Rural, que se le pague un alquiler sideral a la institución que fue instigadora de los golpes militares que asesinaron escritores y destruyeron libros? En lo personal, creo que esta situación simbólica refiere una violencia política encubierta».
La lectura de Saccomanno fue interrumpida con aplausos como cuando habló de la potencia de la escritura «contra la fugacidad» o cuando al hablar de la crisis del papel nombró a «la familia Blaquier/Arrieta, una de las más ricas del país, apellidos vinculados con la última dictadura en crímenes de lesa humanidad, además de relacionados con la Sociedad Rural».
También le dedicó un párrafo a la empresa Celulosa Argentina. «Su directivo es el terrateniente y miembro de la Unión Industrial, José Urtubey, conectado con la causa Panamá Papers», señaló.
La sede del acto inaugural fue el Salón El Central que comenzó a recibir a los invitados antes de las 18 y fue el escenario de reencuentros entre editores, autores y periodistas.
Después de la entonación del himno nacional, minutos antes de las 19, el primero en subir al escenario fue Ariel Granica, presidente de la Fundación El Libro, quien expresó que si bien se trataba de un encuentro de quienes viven muy cerca de las palabras la alegría del día complejizaba la posibilidad de expresarla: «Estamos acá porque volvimos a apostar a las palabras», sostuvo y generó el aplauso de los presentes.
Ya pasadas las 19.30, la palabra fue del ministro de Cultura porteño Enrique Avogadro, quien celebró el reencuentro y dijo que «es muy difícil imaginar a Buenos Aires sin su cultura. Buenos Aires y su cultura son sinónimos. Y es más difícil imaginar a su cultura sin la Feria del Libro de Buenos Aires».
El ministro de Cultura nacional, Tristán Bauer, fue el siguiente orador y se unió al reclamo por la derogación de la ley 27.432 que había sido planteada por Granica y destacó la importancia de que el libro no sea un objeto de lujo: «Aspiramos a que cada niño, cada niña y cada joven se encuentre con la lectura. Porque esta despliega diferentes miradas y abre ventanas hacia nuevos mundos posibles», sostuvo.
El cineasta recordó que la cartera que conduce invirtió 29.500 millones de pesos para acompañar a los trabajadores y trabajadoras de la cultura ante las imposiciones de la pandemia y nombró como prioridad «la cultura de la solidaridad» en las acciones que desplegaron en estos dos años.
Después de Bauer, llegó el discurso del escritor Guillermo Saccomanno que selló la inauguración de la Feria con críticas a la situación de la industria cultural, al rol de los editores y a las condiciones de realización del evento.
Entre risas incomodas, expresiones nerviosas y silbidos a los apellidos mencionados, Saccomanno dio un discurso en el que también habló del pago que recibió por su trabajo. «No creo que mencionar el dinero en una celebración comercial sea de mal gusto. ¿Acaso hay un afuera de la cultura de la plusvalía?», sostuvo el autor al contar que fue el primero en cobrar por escribir y leer este discurso inaugural.
«En principio, me dije, debía y debo agradecer a quienes me propusieron como forma de reconocimiento a mi producción. Pero elegí, elijo, ahondar en la tensión. Es decir, elijo la sinceridad», expresó Saccomanno al sincerar las conversaciones y planteos que atravesaron su llegada a este acto.
Con un auditorio que aplaudió de a pie, quedó inaugurada la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires que se extenderá hasta el 16 de mayo en el predio de Palermo donde con la compra de cada entrada la Fundación El Libro entregará un chequelibro de 450 pesos para usar a partir del 17 de mayo en librerías adheridas.
Fuente: Agencia Télam
