Por Celina Calore
Que el salario perdió poder adquisitivo no es ninguna revelación y que el sector de trabajadores informales son los más golpeados, tampoco. El gobierno del Frente de Todos se impuso como objetivo central que los salarios le ganen a la inflación y lo cierto es que, punto más o punto menos, los ingresos de los trabajadores medidos por el Índice de Salarios de INDEC están prácticamente en los niveles de diciembre de 2019, excepto para los trabajadores no registrados.
No hay nada que festejar. El nivel de salarios de diciembre de 2019 estaba al menos 16 puntos por debajo al de diciembre de 2017. Dicho de otro modo, durante la gestión de Cambiemos el poder adquisitivo de los salarios cayó abruptamente, sobre todo a partir de las devaluaciones del 2018 y los tarifazos en los servicios públicos que exacerbaron la inflación en un contexto de magras negociaciones salariales.

Es justo mencionar que la gestión actual, a diferencia del gobierno anterior, atravesó una coyuntura internacional muy compleja, primero la pandemia y luego el conflicto bélico en Ucrania. Ambos sucesos generaron shocks que dieron nuevo impulso a la inercia inflacionaria local. Pese a ello, y con una inflación que escaló al 100% interanual, la caída de los ingresos de los trabajadores formales no se profundizó, principalmente gracias a la reacción de las negociaciones paritarias.
Los gremios adoptaron una estrategia de paritarias cortas y frecuentes, recurriendo a aumentos escalonados, revisión o reapertura de los acuerdos en períodos más cortos de tiempo y a herramientas como clausulas gatillo. De todas formas, el ritmo de recomposición salarial no es suficiente para alcanzar la velocidad inflacionaria. Mes a mes los y las trabajadoras pierden entre 5 y 7 puntos de poder de compra, variación mensual de precios, hasta que llega el nuevo ajuste.
Una situación muy distinta se presenta para el universo de informales, que hoy se acerca al 40% de los trabajadores y trabajadoras. Según el Índice de Salarios del INDEC, los trabajadores no registrados perdieron 15 puntos de salario real durante el periodo 2020-2022. Sumando la caída durante del macrismo, la pérdida alcanza el 35% de su poder de compra.
Una referencia para este sector es el Salario Mínimo Vital y Móvil, cuyo poder adquisitivo también se mantiene por debajo del año 2019 (- 4 p.p.), con una pérdida de 30 puntos en 5 años.
La Tarjeta Alimentar es un complemento del ingreso de muchas familias sin trabajo formal. Fue una de las primeras medidas lanzadas por el gobierno de Alberto Fernández, allá por diciembre 2019, junto al aumento salarial por suma fija. Las dos iniciativas fueron claves para elevar el piso de ingresos, sin lugar a dudas producto de una lectura acertada de la delicada situación social heredada. Sin embargo, el valor real de la Tarjeta Alimentar también se deterioró respecto al inicial: considerando el último aumento, aún se encuentra 6 puntos por debajo del valor de enero 2020.
Con la actividad y el consumo dando francas señales de estancamiento y una inflación que no cede, es clave resignificar este tipo de herramientas. En definitiva, son las que pueden elevar el piso de ingresos de forma permanente y empujar la demanda interna.
En este sentido, los anuncios de recomposición salarial a través de exenciones en el impuesto a las Ganancias, lo que beneficia a los trabajadores registrados de ingresos altos, deberían acompañarse tanto con el aumento de la Tarjeta Alimentar y con la estrategia de aumento por suma fija. Como en el 2020, esto generaría un shock redistributivo entre el trabajo y el capital y al interior de los trabajadores.
En síntesis, hasta acá el Gobierno nacional sostuvo a duras penas el poder adquisitivo en los niveles de 2019. En adelante y mientras no se frene la inercia inflacionaria, las reacciones paritarias serán claves para no seguir cediendo salario real. Revertir la pérdida arrastrada de años anteriores requiere políticas de distribución del ingreso más ambiciosas y abarcativas para los sectores populares.