Al borde de lo tragicómico, el Gobierno pasa la gorra en todas las plazas pero no junta lo que necesita y aguanta en zona de promesas. | Fabián Waldman y Pablo Dipierri
El ministro de Economía, Sergio Massa, se esmera porque la prensa muerda el anzuelo de las noticias favorables que logra pero le cuesta que se materialice, en medio de la premura por la escasez de reservas, en el ingreso de divisas. Ayer, un despacho de Bloomberg informó que el gobierno de Estados Unidos pondría su apoyo a disposición de Argentina para que el FMI se allane a los planteos del Frente de Todos (FdT).
Sin embargo, esa postura no se concretaría si no a cambio de una renegociación con el organismo multilateral de crédito. Según el acuerdo de facilidades extendidas vigente, el Estado nacional debería recibir en el segundo semestre un desembolso de 10 mil millones de dólares entre junio y diciembre, pero el cálculo del Palacio de Hacienda juzga que esa cifra sería insuficiente. Así, se desliza que tal vez sería conveniente que se adelante el desembolso por el total del préstamo contraído por Mauricio Macri, cuyo repago se está realizando con esta nueva deuda.
En ese contexto, el presidente Alberto Fernández visitó a su par brasileño, Luiz Inácio Lula Da Silva, en el Planalto. La evaluación de la reunión entre ambos mandatarios, reconstruida por La Patriada en diálogo con los miembros de la delegación presente en Brasilia, fue satisfactoria. A pesar de regresar sin dinero, como expresó el líder del PT, el fuerte apoyo político frente a las negociaciones con el FMI y las expectativas de avanzar en los detalles técnicos de un entendimiento para el uso de monedas locales (pesos y reales) entre ambos países forjó un saldo positivo.
Junto al Presidente, estuvieron el jefe de Gabinete, Agustín Rossi, el canciller Santiago Cafiero, el ministro de Economía, el embajador en Brasil, Daniel Scioli, el secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello, y la portavoz Gabriela Cerruti. Por su parte, la ministra de Desarrollo Social, Victoria Tolosa Paz, se entrevistó con su par en el vecino país, Wellington Dias.
“¿Van con todo cerrado? Entiendo que sí”. Esta consulta hizo La Patriada a un habitante de Casa Rosada minutos antes de la conversación entre Fernández y su anfitrión. El antecedente era la videoconferencia mantenida entre los dos el viernes pasado.
Más allá de regresar solamente con palabras de apoyo y reconocimiento hacia Alberto y Argentina, un miembro de la comitiva presidencial señaló ayer a este portal que la duración de 4 horas con mucho ida y vuelta no fue ni más ni menos de lo que esperaban sino “que estaba dentro de lo previsto”. También sostuvo que no cree que haya inconvenientes en aprobar el aporte económico. Lula no tendrá problemas en el frente interno para resolver el puente de divisas y poder comerciar entre ambos países con las monedas locales, similar a lo resuelto y aprobado la semana pasada con China. “Para nada, hay que pulir las herramientas. Nada más”, fue la definición aportada desde Brasilia.
Rossi, por su parte, resaltó en un hilo de Twitter el acuerdo alcanzado para profundizar las exportaciones y el apoyo para las negociaciones con el FMI. Reiteró, en ese sentido, la necesidad de renegociar el acuerdo, debido al cambio de la coyuntura, para garantizar mejores condiciones. Luego, regresó a Buenos Aires, donde presentaba su libro como compilador de dirigentes que aportaron en la creación del Fondo Nacional para la Defensa (FONDEF).
Massa, en tanto, permanecía con diversas reuniones allí. La primera la llevó a cabo con Rodrigo Maia, presidente de la Confederación Nacional de las Instituciones Financieras (CNF). En esta entidad se agrupan las principales instituciones de los bancos y la bolsa de valores locales. El titular del palacio de Hacienda expresó: “Brasil es un socio estratégico de Argentina y es importante consolidar esa sinergia entre sus economías”.
Fernández, Cafiero, Cerruti y Vitobello partieron rumbo a Catamarca, donde entregaron viviendas junto al gobernador Raúl Jalil. Allí se enteró el Presidente sobre la torpeza del Indec al anunciar que postergaría la publicación de los datos del índice de precios al consumidor (IPC). Hacia el final de la jornada, la entidad conducida por Marco Lavagna daría marcha atrás y permitiría que sus detractores se hicieran un picnic con su decisión original y sus vacilaciones. El organismo había fundamentado la maniobra en la afección de los índices sobre el humor social en plena veda electoral para 5 provincias que asistirán a los comicios el próximo 14 de mayo.
Desinteligencia o automutiliación, la jugada es otra huella del desconcierto. Los pases de factura en off, atribuyéndole a un actor u otro la decisión que tomó Marco Lavagna, abonan la teoría del desorden interno.
Mientras tanto, las reservas de la autoridad monetaria descienden sin freno. Las principales espadas del gobierno del Frente de Todos buscan complacencia y piedad en Beijing, Brasilia y Washington, pero el tiempo sigue corriendo: todos los interlocutores le palmean la espalda al que pasa la gorra, sin soltarle una moneda en lo inmediato. No hay buenas noticias que mitiguen el ardor de la urgencia, si no aparecen los dólares para aguantar sin devaluar a lo pavo.
