Los custodios de la Constitución de Pinochet

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Por Augusto Taglioni

El proceso social que comenzó con los estallidos de 2019 en Chile ingresó en una etapa de fuerte incertidumbre. Las elecciones constituyentes del domingo 7 de mayo confirmaron el mayor de los temores de las fuerzas progresistas y el gobierno de Gabriel Boric: el desencanto con la institucionalidad parida por esos días de octubre, hace 4 años, lo canaliza la abstención y, lo que es aún peor, la ultraderecha.

¿Pinochetistas redactando la Constitución que debe poner el fin a la Constitución de Pinochet? Así de raro está el asunto y no hay una sola explicación del fenómeno. La coalición Fuerza Republicana, del pinochetista José Antonio Kast, fue el frente más votado para integrar el Consejo Constitucional. Tendrán 23 de los 50 integrantes y un poder de veto gracias a ostentar dos tercios de la composición total.

En segundo lugar, quedó Unidad para Chile, de los partidos oficialistas, con 16 integrantes. Más atrás se ubicó Chile Seguro, con las fuerzas de centroderecha tradicional, que sumó 11 escaños. Esta vez no habrá presencia de independientes, apenas un lugar para los movimientos indígenas y ninguno para los partidos de la ex Concertación (Democracia Cristiana, Partido Liberal y Partido Radical) que decidieron  romper con Boric y presentar lista propia. Su fracaso habla por sí solo, pero fue determinante para que el progresismo no haya sido el frente más votado, aunque sea por poco.

Esta nueva derrota no es solo de Boric sino de toda la idea de cambio que emergió con fuerza en 2019. Es indudable que la elección del domingo y la victoria del Rechazo en septiembre del año pasado se mezclaron con la valoración de un sector de la ciudadanía sobre la gestión de Boric y paga los platos rotos de un primer proceso constituyente partisano, hiperideologizado y demasiado sectorial que se olvidó de poner en primer plano buena parte de los reclamos de la sociedad.

Otra realidad difícil de procesar en el amplio universo de las izquierdas chilenas es que el Partido Republicano de Kast es el que mejor representa la frustración de la sociedad con la institucionalidad.

También es un mensaje al gobierno para que tome las riendas de temas a los que no le ha podido encontrar la vuelta, como a la migración ilegal, la violencia mapuche en el sur y el crecimiento de la inseguridad, sobre todo de los robos violentos. Son algunos de los puntos débiles de la gestión de Boric y desde ahí crece la figura de Kast.

Con este cuadro, el poder de veto de la derecha indica que lo más probable es que la Constitución termine siendo muy parecida a la actual o tal vez incluso más conservadora en algunos aspectos importantes, como aborto. Entonces eso implica que, tarde o temprano, habría conflicto entre las fuerzas más progresistas y los que tienen el control del Consejo Constitucional.

Como sea, nadie puede decir que desde que asumió el gobierno, Boric no se ha moderado. Todo lo contrario: su narrativa fue abandonado la idea de una izquierda dura desde antes de la elección de la segunda vuelta. Por eso, la pregunta es: ¿cuánto más tiene que correrse al centro para lograr resultados?

En ese tránsito está. Boric quiere volver a las fuentes, así lo planteó en una reunión con su mesa chica el martes por la noche, en su residencia. El Partido Comunista coincide pero el Socialismo Democrático plantea que, sin moderación y diálogo, no hay paraíso.

La estrategia es retomar la iniciativa pero no hay imposición de agenda que valga con un Congreso que no apoya los cambios, mucho menos con los ultras redactando la Constitución.

Por eso, el golpe que recibió el presidente chileno lo deja al borde del nocaut. El presente es dramático para los que soñaron un Chile transformador, pero el futuro puede ser más complejo si se tiene en cuenta que quedan tres años de mandato.

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