Entre el mazazo del Indec, los ditirambos del Círculo Rojo y las ilusiones de la militancia, el Ministerio de Economía lanza un nuevo manotazo de ahogado para acercarse a la orilla. Los triunfos electorales de los oficialismos provinciales y la influencia insondable de la informalidad laboral como malla de contención imperceptible ante el voceo mediático del malestar. | Por Pablo Dipierri
Aunque sobreactúe templanza, el ministro de Economía, Sergio Massa, sabe que el país camina por la cornisa. Después que el Indec publicara el viernes pasado que el IPC de abril registraba un alza de 8,4 puntos en general y 10,1 por ciento para el rubro alimentos en particular, el líder del Frente Renovador se tomó lo que quedaba de la jornada para “pensar”.
Al día siguiente, la plana mayor del Palacio de Hacienda se reunió para delinear medidas que se divulgaron a la prensa ayer y se anunciarían públicamente hoy, entre las cuales se cuentan una nueva suba de la tasa de interés para seguir secando la plaza ante la tensión cambiaria y la disposición para que el Mercado Central pueda importar frutas, verduras y carnes con el propósito de abastecer a comercios de cercanía con productos más baratos que los que ofrecen las compañías monopólicas.
Con el gobierno sobre los hombros de la vicepresidenta Cristina Kirchner y la faena financiera en manos del tigrense, el margen de maniobra se angosta y se ensancha el espacio para el delirio. La angustia política que yugula el ánimo del Frente de Todos exacerba la precariedad de la lotería artesanal de candidaturas que labran los militantes en Twitter o cafetines.
En ese contexto, se intensifica el tironeo interno en la coalición oficialista de cara al Congreso Nacional del Partido Justicialista previsto para mañana, mitin que servirá de escenario para la formalización de la estrategia electoral del peronismo. Dicho en criollo, la fracción que responde a la diseñadora de la fórmula triunfante en 2019 empujará por la definición de un candidato de consenso mientras que la alicaída tropilla del presidente Alberto Fernández enarbolará las PASO como mecanismo para dirimir las diferencias intestinas.
Asimismo, la autodenominada Mesa de Ensenada, núcleo de intendentes, funcionarios bonaerenses y dirigentes gremiales que porfían con la idea de que la ex Presidenta revea su decisión de no ser candidata a nada para no convertirse en mascota del poder ni concederle a los verdugos mediáticos la chance de que le imputen al PJ la inscripción de una condenada en sus listas, pondría quinta a fondo en los preparativos para el acto del próximo 25 de mayo en la Avenida 9 de Julio, una concentración de believers que la conmueva y la persuada de hacer lo contrario a lo que dijo el último 6 de diciembre -luego de que se conociera la sentencia del Tribunal Oral Federal Nº 2 en la Causa Vialidad-. La mística de la conmemoración del vigésimo aniversario de la asunción de Néstor Kirchner como Jefe de Estado y el carácter agónico del escenario actual, alegan los promotores del plenario a cielo abierto, mantienen a la Vicepresidenta en una disyuntiva.
Por lo demás, los oficialismos que compitieron en las urnas ayer prevalecieron ante sus desafiantes. El gobernador salteño, Gustavo Sáenz, le sacó 30 puntos de ventaja al candidato de Juntos por el Cambio, en una jurisdicción con un padrón que supera los 700 mil votantes; su par pampeano, Sergio Zilotto, venció a Martín Berhongaray por 47 a 42 por ciento; y el primer mandatario fueguino, Gustavo Melella, superó la mitad más uno de los votos en Tierra del Fuego, con más de 100 mil personas habilitadas para sufragar.
Las hipótesis para explicar los saldos del escrutinio son variopintas y no desmienten lo que sucedió en los comicios de Neuquén, Río Negro, La Rioja, Jujuy y Misiones. Dos razonamientos prevalecen por su sobriedad, sin excluirse mutuamente. Por un lado, las trifulcas provinciales se producen desacopladas de los debates porteños y el malestar que las corporaciones mediáticas, más afines o más distantes para con la Casa Rosada y sus detractores, le facturan al Gobierno nacional. Y por otro, la malaria del bolsillo que no solo se martilla en TV sino que se repite como un acto de contrición en el kirchnerismo tal vez no sea tan aguda. Tres piezas informativas validan este planteo: la idea de crisis oximorónica que acuñó Mariana Moyano en su podcast para La Patriada, Anaconda con Memoria, la economía barrani auspiciada por Carlos Maslatón pero explicada en un hilo de Twitter del economista Eduardo Crespo que se viralizó el fin de semana y la noción de informalidad próspera que estampó Claudio Scaletta en El Destape.
Contra esos testimonios de un jeroglífico social sin traducción clara a las estadísticas y, por ende, sin comprensión que redunde en actualizaciones doctrinarias del campo popular, el Círculo Rojo no pierde tiempo. Dos columnistas rescataron ayer de la intrascendencia cónclaves elocuentes en sí mismos. Diego Genoud narró para La Política Online la realización de un encuentro entre economistas de Juntos por el Cambio y el oficialismo y Alfredo Zaiat publicó en Página 12 un análisis sobre la recepción que la Asociación Empresaria Argentina (AEA), conducida por Héctor Magnetto desde Clarín y Paolo Rocca desde Techint, le brindaron al jefe de Gobierno porteño y precandidato presidencial del Pro, Horacio Rodríguez Larreta.
En ese cónclave, el alcalde les dijo a sus interlocutores que “Juntos por el Cambio está más unido que nunca”. “En una interna es normal que haya discusiones, pero la unidad está fuera de toda discusión. La gente va a elegir al candidato, y al día siguiente de las PASO vamos a estar trabajando todos juntos para ganar las elecciones y transformar la Argentina para siempre”, les aseguró a sus anfitriones, entre quienes se contaban el titular de la entente, Jaime Campos, Marcelo Argüelles, Jorge Aufiero, Sebastián Bagó, Charlie Blaquier, Federico Braun, Alejandro Bulgheroni, Claudio Cunha, Enrique Duhau, Eduardo Elsztain, Julio Figueroa, Alberto Grimoldi, Alberto Hojman, Sergio Kaufman, Ignacio Lartirigoyen, María Luisa Macchiavello, Luis A. Pagani, Aldo Roggio y Amadeo Vázquez, además de Magnetto y Rocca.
Con una ajenidad probablemente simulada, Campos remarcó “la necesidad de respetar las Instituciones de la República consagradas en la Constitución Nacional, la división de poderes y el reconocimiento a la independencia del Poder Judicial”. También reclamó, según el comunicado de AEA, “un marco claro para el desempeño del sector privado, actor clave para garantizar el desarrollo económico y social del país”, y cargó a la cuenta la implementación de políticas que permitan al país “volver a la normalidad”.
La escudería que acompañó a Rodríguez Larreta estuvo integrada por el secretario General y de Relaciones Internacionales de la Ciudad, Fernando Straface, la jefa de asesores, Julia Pomares, el economista Hernán Lacunza y el ex ejecutivo del HSBC Gabriel Martino. El diario La Nación, al otro día de la ceremonia, consignó que el menú de pedidos incluyó temas como terminar con el “flagelo” de la alta inflación, los déficits permanentes en las cuentas públicas, la ausencia de una moneda doméstica respetada, la vigencia de varios tipos de cambio, la elevada y distorsionada presión tributaria sobre el sector formal.
Al cierre de este artículo, la información disponible parece suficiente como para leer que la incertidumbre vigente aterra a todos los actores con capacidad de agencia en Argentina. La diferencia, como siempre, radica en la anchura de las espaldas para aguantar la tormenta en el desfiladero y la astucia para aferrarse a los globos de ensayo electoral.
