Turquía y Egipto normalizan relaciones en medio de la reconfiguración en Medio Oriente

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El restablecimiento del vínculo entre Ankara y El Cairo es una noticia importante para el tablero geopolítico de Medio Oriente, que a su vez repercute en el panorama global. No se puede comprender su alcance sin tener en cuenta el contexto en el cual se produce. | Por Juan Pablo Pucciarelli

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, y su par de Egipto, Abdelfatah al Sisi, dialogaron telefónicamente este lunes y anunciaron la reapertura de embajadas, junto con el intercambio de personal diplomático. Al Sisi, además, felicitó al líder turco por la reelección conseguida el domingo ante su opositor, Kemal Kılıçdaroğlu.

«Acordaron fortalecer las relaciones y la cooperación entre las dos partes, y dentro de este marco, los dos presidentes decidieron comenzar de inmediato a mejorar los lazos diplomáticos entre los dos Estados e intercambiar embajadores», afirmó el portavoz de la presidencia egipcia, Ahmed Fahmy.

El deterioro que arrastraba la relación bilateral entre turcos y egipcios se remonta a julio de 2013, tras el derrocamiento del jefe de Estado de Egipto, Mohamed Mursi. En ese entonces, aún con el tembladeral que había desatado la llamada «Primavera árabe», Erdogan condenó la represión desplegada posteriormente por el Ejército contra los partidarios de Mursi. Luego, las dos naciones declararon persona non grata al embajador de uno y otro en ambos países, y procedieron a su retiro.

La normalización de este vínculo es una noticia trascendente en el marco de los reacomodamientos geopolíticos que se vienen produciendo en Medio Oriente en los últimos tiempos. A principios de mayo, Siria fue readmitida en la Liga Árabe como miembro de pleno derecho (aunque con condiciones) tras 12 años de ausencia, medida que fue condenada por Estados Unidos y Reino Unido, y felicitada por China.

Un poco más atrás en el tiempo, en marzo, se produjo uno hecho histórico: la reanudación de las relaciones entre el Reino de Arabia Saudita y la República Islámica de Irán. Es decir, entre un (otrora) aliado central de la influencia estadounidense en la región -junto con Israel-, y el principal enemigo tanto de Washington como de Tel Aviv, cuyo arsenal nuclear es considerado por Occidente como una línea roja. El anfitrión del reencuentro entre saudíes e iraníes fue nada menos que Xi Jinping.

Es evidente que se está concretando un proceso de pacificación en Medio Oriente, que si bien no será total mientras continúe el conflicto entre Palestina e Israel, ofrece un horizonte promisorio para la estabilización de una región caracterizada históricamente por su conflictividad. Para su perdurabilidad, será vital el éxito que alcance el llamado Nuevo Triángulo de Seguridad del Medio Oriente, compuesto por Arabia Saudita, Turquía e Irán, y que respaldan actores como China y Rusia.

Fuente: Sputnik

 

 

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