Jun 03 2026
Jun 03 2026

Una visita bajo sospecha: qué vino a buscar la comitiva de Estados Unidos a Ushuaia

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La llegada imprevista de congresistas de Estados Unidos a Tierra del Fuego, a bordo de un avión de la Fuerza Aérea norteamericana, abrió interrogantes sobre los verdaderos objetivos de la visita, en medio de la intervención del puerto de Ushuaia y del avance de proyectos estratégicos con financiamiento chino.

La llegada del Boeing C-40C de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos a Ushuaia, este domingo al mediodía, abrió una serie de interrogantes que el Gobierno nacional no se apuró a despejar. Desde ese momento, el hermetismo en torno a los objetivos reales de la comitiva norteamericana no hizo más que profundizar las sospechas.

Ante el silencio inicial de la Casa Rosada, fue la embajada estadounidense la que difundió una explicación preliminar: un grupo de congresistas republicanos y demócratas habría viajado al extremo sur del país para interiorizarse sobre cuestiones vinculadas al «procesamiento de minerales críticos» y la «investigación en salud pública». Sin embargo, se pudo constatar que la agenda incluyó también una recorrida en catamarán por la costa lindante al puerto de Ushuaia, intervenido recientemente por decisión del presidente Javier Milei, según indicó el medio Página 12.

Desde la gobernación de Tierra del Fuego aseguraron que el arribo fue sorpresivo, que la comitiva llegó sin invitación de la provincia y que optó por no mantener reuniones con autoridades locales. La falta de explicaciones oficiales motivó un inmediato reclamo político: la senadora fueguina de Fuerza Patria, Cristina López, presentó un pedido de informes para que el Poder Ejecutivo detalle «cuál fue el motivo oficial del vuelo, el carácter de la visita y los objetivos perseguidos por la delegación transportada».

En su presentación, López solicitó además que se informe si el Gobierno nacional «evalúa o ha evaluado otorgar participación, injerencia o control a potencias extranjeras sobre infraestructuras estratégicas en la Provincia de Tierra del Fuego». El planteo no es aislado. Se inscribe en el marco de la estrecha relación política entre Javier Milei y Donald Trump, quien llegó a manifestar públicamente su intención de anexar Groenlandia por razones de «seguridad nacional». En ese contexto, la pregunta sobre el interés geopolítico en Tierra del Fuego —con el puerto más austral del mundo, acceso natural a la Antártida y los dos únicos pasos bioceánicos del planeta— adquiere otra dimensión.

La visita también se superpone con la intervención del puerto de Ushuaia, justificada por el Gobierno nacional en supuestas «irregularidades financieras», «desvíos de fondos» y «déficit de infraestructura». Desde la provincia, en cambio, un comunicado oficial advirtió sobre posibles «intencionalidades geopolíticas o económicas» detrás de la medida.

Ese trasfondo se refuerza con antecedentes recientes. En abril de 2024, Milei viajó por primera vez como presidente a Ushuaia para recibir a la entonces jefa del Comando Sur de los Estados Unidos, Laura Richardson. En la Base Naval se izó una bandera estadounidense junto a la argentina y el mandatario vistió fajina militar. Horas después, anunció su compromiso de avanzar en una base conjunta. En 2025, el sucesor de Richardson, Alvin Hosley, también realizó su propia visita.

Más allá del discurso oficial sobre «minerales críticos» y «salud pública», fuentes locales sostienen que el verdadero interés de la delegación norteamericana apunta a dos proyectos estratégicos con financiamiento chino. Por un lado, la Planta de Urea, destinada a transformar gas natural en urea y metanol, con una inversión estimada en 800 millones de dólares y la eventual construcción de un nuevo puerto para exportar esa producción. Por otro, la nueva Usina Termoeléctrica de Ushuaia, que permitiría modernizar la matriz energética de la isla con una inversión menor, pero clave para el desarrollo provincial.

Una agenda bajo reserva

Recién 24 horas después del aterrizaje, el Gobierno argentino difundió de manera extraoficial que se trató de «una visita de carácter institucional», con reuniones con funcionarios del Ejecutivo nacional y miembros del Congreso para «intercambiar visiones sobre temas de interés común y fortalecer el diálogo parlamentario bilateral». Aun así, evitó brindar detalles, incluso cuando la llegada del avión había generado un fuerte revuelo en la capital fueguina.

En el Boeing con matrícula 05-0730 viajaban alrededor de siete congresistas, encabezados por el republicano Morgan Griffith, identificado con el ala MAGA del trumpismo. Se alojaron en el Arakur Ushuaia Resort & Spa y desarrollaron una agenda que incluyó diversas reuniones, ninguna con autoridades oficiales, informó el medio Página 12.

La embajada justificó el hermetismo en «razones de seguridad», argumento que fue replicado por el Gobierno nacional. Hasta ayer, la lista completa de integrantes de la comitiva seguía sin difundirse.

También trascendió que solicitaron una reunión formal con el Centro Austral de Investigaciones Científicas del CONICET (CADIC-CONICET), que rechazó el pedido. Según fuentes locales, tres investigadores participaron a título personal, junto a representantes de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego.

De acuerdo con el portal Agenda Malvinas, el temario formal —cambio climático y gestión de residuos— funcionó como salvoconducto para recorrer el predio adyacente al relleno sanitario, donde se proyecta la nueva usina termoeléctrica con capitales asiáticos. Es decir, bajo la excusa de visitar el basural, la delegación pudo observar de cerca el avance de la obra financiada por China.

Antes de esa recorrida, los congresistas realizaron un paseo en catamarán por el canal lindero al puerto, con vista directa a la infraestructura intervenida. Desde el Gobierno negaron que hayan ingresado al puerto propiamente dicho, una versión que circuló con fuerza durante el lunes.

En su pedido de informes, la senadora Cristina López también exigió saber si existen «acuerdos, memorandos de entendimiento, compromisos formales o informales, negociaciones en curso o proyectos» vinculados al uso, administración o control del Puerto de Ushuaia por parte de gobiernos u organismos extranjeros.

Según el registro de vuelos, la comitiva partió de la Joint Base Andrews, en Maryland, hizo escalas en San Juan y Buenos Aires, y tras su paso por Ushuaia tenía previsto continuar hacia Neuquén, volver a la capital y regresar a Estados Unidos recién el jueves.

El episodio se produjo, además, en uno de los momentos más tensos de la relación entre el gobernador Gustavo Melella y la Casa Rosada. Días atrás entró en vigencia la quita de aranceles a la importación de celulares, un golpe directo a la industria fueguina. A eso se sumó el fin de los aportes empresariales al fondo de reinversión provincial creado por el gobierno anterior. Para Melella, la intervención del puerto fue la gota que rebalsó el vaso y constituyó un «atropello» a la autonomía provincial garantizada por la Constitución.

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