Adrián Ravier: el País que no miramos

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por Fabián Waldman.

La presentación del nuevo Vocero tuvo como finalidad dejar en el olvido a su antecesor y presentar sl nuevo guerrero de la Batalla Cultural con otras armas. Desde la escenografía hasta la modalidad y tipo de respuestas, el debut de Adrián Ravier trató de dejar en el pasado a Manuel Adorni.

Un escenario cabalmente copiado de La Casa Blanca, con la clara impronta de Santiago Caputo. Estructuras de acrílico, luces de neón violetas, un atril renovado con el escudo representante de su secretaría y una pantalla donde proyectaba filminas fue la nueva ambientación escogida para el inicio de esta nueva etapa del gobierno. Se dedicó durante 27 minutos a detallar los «logros» del gobierno y el «país que no miramos», respondiendo a las expectativas de Javier Milei, quien seguía atentamente la disertación desde Olivos.

La caída de Manuel Adorni también produjo una crisis en la representación del gobierno ante la sociedad y la prensa en particular. Su salida anticipada de ese cargo, luego completada con la “renuncia” a la jefatura de Gabinete, obligó a replantear la mirada sobre la comunicación presidencial. Javier Milei eligió a Adrian Ravier como nuevo portador de la palabra oficial.

Ravier reunía esas condiciones. Un perfil sencillo y modesto pero con conocimientos de economía. Tiene que dejar atrás la sobreactuación y el ataque de lado, conjugarlo con la posibilidad de un trato considerado hacia los periodistas acreditados. Esas fueron las consignas tomadas como premisas desde el rincón de Santiago Caputo, quien junto a su equipo fue quien perfeccionó a Adrián Ravier en su nueva tarea.

“Estuvo bien la primera, pasó con honores la prueba de fuego”. Cerca del asesor monotributista se sentían satisfechos con la labor realizada. “Lo otro ya no se soportaba más, no había respeto desde manuelina hacia los periodistas ni viceversa”, agregaron.

“Nosotros queremos que se vayan con información, para que puedan mostrar como cambió la Argentina”. El pedido surgió del propio Portavoz, quien no ahorró palabras en la necesidad de cambiar la agenda política y sesearla en los cambios que el gobierno considera sustantivos.

Así intentó llevar adelante su primera conferencia de prensa, donde contó con el apoyo de los responsables de prensa de todos los ministerios. Inclusive el mismo asesor presidencial, quien se retiró presuroso junto al nuevo Vocero. Pero el discurso libertario siguió presente: el desprecio por la situación social, la estigmatización de los trabajadores despedidos y las sugerencias para enfrentar las bajas temperaturas y altas tarifas.

Frases conocidas sobre la “inflación reprimida”, “sinceramente de tarifas”, o “alguien tiene que pagar los subsidios”, acompañadas por el pesar frente al dolor con el que Javier Milei aumentó el valor de la nafta 4 veces. Ninguna mención a las empresas cerradas, los sueldos congelados y la baja en los consumos de carne o leche.

En el organigrama gubernamental, la Vocería pasará a depender directamente de Presidencia, mientras la Secretaría de Comunicación y Prensa será un eslabón de la Secretaría General de la Presidencia. Todavía faltan definir las estructuras para cada uno de los nuevo integrantes del Poder Ejecutivo.

La situación de los acreditados

El Vocero contestó esta mañana una carta entregada el 26 de junio por los periodistas donde solicitaban el regreso a las condiciones normales de trabajo. Allí, señaló que responderá a los pedidos pero anticipó la postura que seguirá limitando el accionar de los cronistas: “creemos que no es lo más normal ver al periodismo circular por Casa Rosada”.

Para culminar, aseguró: “queremos evaluar las peticiones que nos han hecho con detalle y, eventualmente, les daremos una respuesta”. La eventualidad no se acerca a la transparencia y comodidad de como realizan su labor desde la creación de la Sala de Periodistas en la cuarta década del S. XX.

La misiva recibida por el Portavoz señala las condiciones en las que realizan su tarea desde el pasado 4 de mayo, luego de la reapertura de 11 días establecida por un “espionaje” nunca probado. En la misma confirman “restricciones que nunca hubo en la historia de la democracia para desplazarnos por los lugares comunes”, lo que “nos impide realizar nuestra tarea, ya que solo podemos estar encerrados en la sala de prensa”.

Además, detallan que “personal de Casa Militar, cuya misión es cuidar la seguridad presidencial, realiza continuos y excesivos controles”. El hostigamiento y persecución es parte diaria de una rutina que no permite conocer quienes transitan los pasillos de Casa Rosada.

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