La Vocería se convirtió en un problema de Estado

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por Fabián Waldman.

Adrián Ravier ya brindó siete conferencias de prensa y varias entrevistas en medios. Sus errores de comunicación generaron, hasta hoy, más perjuicios que soluciones: metió dos veces en problemas al equipo económico, con el dólar y con las rutas, y no logra controlar ni sus propias redes. Llegó para bajarle el precio al escándalo de Manuel Adorni y terminó generando sus propias complicaciones económicas y políticas. Puertas adentro, cada vez son más las voces que piden su salida.

Adrián Ravier no llegó a la vocería en un buen momento. El Gobierno llevaba tres meses y medio sin poder correr de la agenda el escándalo por el crecimiento patrimonial de Manuel Adorni. La Casa Rosada intentó primero un cortafuegos: lo nombró Vocero el 30 de junio, mientras Adorni seguía como jefe de Gabinete. No alcanzó.

Dos días después, Adorni renunció a la Jefatura de Gabinete y llegó Diego Santilli. El Gobierno quedó con la agenda de comunicación en manos de un economista sin experiencia en el cargo y poco conocido. La incorporación fue decidida por el propio Javier Milei y apuntalada por Santiago Caputo. La tarea: explicarle a la población las bondades del modelo económico, un trabajo titánico para cualquiera.

Las primeras declaraciones del vocero, resaltando la labor de Caputo, no fueron bien recibidas por Karina Milei. Desde su entorno empezaron a plantear reparos, incluso el recién nombrado secretario de Prensa y Comunicación dejó trascender su descontento.

El resultado, siete semanas después, un vocero que provocó una corrida cambiaria, metió al ministro de Economía en una causa penal y todavía no logra explicar por qué el Gobierno usa la plata de las rutas para otra cosa.

Los errores, uno por uno

«Abrigate». El 30 de junio debutó con filminas, justificó el aumento de las tarifas por el «sinceramiento» y definió: ante la suba del gas, mejor abrigarse que prender la estufa. Al otro día tuvo que salir a bajar el tono.

«Casa Blanca». En las conferencias del 30 de junio y del 8 de julio justificó el cerrojo a la prensa en Casa Rosada tomando como referencia a la sede del Ejecutivo norteamericano. Nunca confirmó sus fuentes ni respondió a la diferencia central entre ambos casos: Trump responde preguntas de los periodistas, Milei no.

«Dólar a $1.800». El 24 de julio respondió en una entrevista que el tipo de cambio podía llegar a $1.700 u $1.800 «en los próximos meses». Salieron a desmentirlo desde el propio Gobierno: en el Ministerio de Economía trataron de bajarle el precio a la frase y desde la Rosada tuvieron que aclarar: «Ravier se equivocó». Algunos funcionarios pidieron directamente que dejara de hablar.

«País bananero». El 18 de julio posteó en X, siendo la Argentina un país bananero, nunca iba a recuperar Malvinas. El repudio fue generalizado. Tres días después, en conferencia, negó haberlo dicho. El tuit seguía online.

«Los jugadores y la bandera». El 21 de julio aclaró que ni él ni el Presidente habían cuestionado a Messi ni al plantel por la bandera de Malvinas. Su propio tuit decía otra cosa.

«Deudores y morosos». Sobre la morosidad de las tarjetas de crédito, el vocero repitió la línea presidencial en al menos tres oportunidades: la responsabilidad es de la gente y el problema debe resolverse entre privados. Primero dijo que la mora es «normal» y que cada usuario debe saber «hasta dónde puede tomar créditos», en línea con la definición de Milei de que nadie obliga a nadie a endeudarse. Semanas después descartó cualquier plan de asistencia y cualquier responsabilidad del Gobierno por la caída del poder adquisitivo.

«Campaña antiargentina». El 11 de agosto fue consultado, por enésima vez, sobre la base de Milei para sostener que hubo una campaña antiargentina orquestada desde Brasil. Respondió que las fuentes «vienen de las redes» y que habría que evaluarlas. Ante la repregunta, le trasladó la responsabilidad del dato a Flavio Bolsonaro, «habrá que preguntarlo allí», cerró.

«Fondos viales». En una entrevista en La Pampa reconoció que buena parte de la plata del impuesto a los combustibles, que por ley debe ir a las rutas, la retiene Economía para el equilibrio fiscal. Se recaudaron $1,5 billones y solo se ejecutó una cuarta parte. Dos días después, en conferencia, cambió el discurso: «el dinero está yendo al bacheo», señaló. La diputada Victoria Tolosa Paz no le creyó ni a él ni a Luis Caputo: denunció penalmente al ministro de Economía y a funcionarios de Vialidad y del Banco Nación por malversación de caudales públicos agravada. Un furcio de vocero terminó en la Justicia Federal.

La continuidad de Adrián Ravier en el cargo depende exclusivamente de Javier Milei. Las complicaciones en las que mete al Gobierno no le auguran un paso muy largo por la Vocería.

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