Miembros de la Casa Militar no quieren sostener la censura sobre los periodistas

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por Fabián Waldman.

La seguridad desplegada por el gobierno para impedir a los periodistas realizar su tarea toca fondo. Miembros de la Casa Militar expresan su cansancio por llevar adelante tareas que nunca realizaron y exponerse a discusiones diarias con los acreditados. Además, no les agrada poner a disposición una cantidad de efectivos que necesarios en otras tareas.

Hace más de tres meses todas las noticias del gobierno tienen como centro de atención la interna gubernamental. No hay otras novedades o informaciones a nivel nacional. Es la consecuencia directa de la censura protagonizada por los periodistas acreditados y la cuarentena infinita a la que han sido sometidos.

Las divisiones entre el sector de Karina Milei —junto a Martín y Lule Menem—, Santiago Caputo y la escudería de Las Fuerzas del Cielo; Patricia Bullrich torpedeando al exvocero; y Victoria Villarruel capitalizando cada defección del Ejecutivo para imponer su mirada “opositora”. Mientras tanto, la compleja situación judicial y política de Manuel Adorni atraviesa el escenario. Esa es, hoy, la verdadera agenda política.

No hay diálogos persona a persona, el off habitual no existe y no pueden difundir las acciones de gestión, solo lo hacen a través de gacetillas o escuetos mensajes. Ministerios que hasta hace poco no adelantaban reuniones de sus responsables empezaron a realizarlo por WhatsApp.

Así también lo comprenden funcionarios en Casa Rosada con llegada a Karina Milei y Manuel Adorni. Uno de ellos se confiesa “se los expliqué, pero no se entiende”, apoyando el reclamo de los periodistas.

Hoy la incomodidad la reflejan la mayoría de los que recorren los pasillos de Balcarce 50. La última acción para impedir lo que sucede en los pasillos del Palacio fue laminar los vidrios del pasillo que recorre Santiago Caputo para llegar a sus despacho. Estos eran las últimas puertas que aún permanecían con sus vidrios transparentes.

De esta manera, ningún recorrido de miembros del gobierno puede ser avistado por los periodistas. Para ingresar en la Sala, los acreditados deben hacerlo por el acceso donde llega la correspondencia, Balcarce 76. Ningún miembro del personal administrativo ni funcionario político accede por allí.

Los responsables de llevar adelante el control antes de ingresar, escanear las pertenencias, vigilar los pasillos aledaños a la Sala de Periodistas, impedir que usen los ascensores y exigir que muestren la credencial, son los miembros de la Casa Militar. “Ya estamos podridos, esto no va más”, explica un integrante.

Las medidas implementadas requieren la participación de más de 20 efectivos a lo largo del día. “Nos resta personal para otras tareas”, aseguran. Los miembros de la seguridad presidencial, preparados para tareas de mayor envergadura, cobran sueldos por debajo de la línea de la pobreza.

En su mayoría se trata de personal que accede por lazos familiares, entre los 22 y los 28 años. Son quienes tienen diariamente la imprescindible tarea de “custodiar” a los cronistas. No existe funcionario político que acompañe estas reglamentaciones. Creada en la cuarta década del siglo pasado, la historia no registra hasta la fecha ninguna medida similar, ni siquiera durante dictaduras militares.

Los mozos que trabajaban en la cafetería aledaña a la Sala de Periodistas en el primer piso fueron intercambiados por otros que lo hacían en la Planta Baja. Empleados administrativos saludan a los cronistas y les expresan su apoyo, inclusive algunos con sentencias muy fuertes hacia el Jefe de Gabinete.

Las excusas para llevarlas adelante ya cayeron por su propio peso. Fue desestimada la causa por espionaje contra TN, Luciana Geuna e Ignacio Salerno, que había cerrado el paso a los acreditados durante 11 días. La otra razón esgrimida, una supuesta filtración rusa y el castigo para los medios involucrados, ni siquiera fue tomada por un juzgado.

 

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