por Fabián Waldman.
Fin. El abanderado de la batalla cultural huyó por la puerta de atrás. El representante de los mejores valores libertarios escapó frente a los periodistas en la última conferencia de prensa. Fueron 823 días, 224 conferencias e infinitas mentiras.
El mejor exponente del líder libertario levantó la bandera contra los trabajadores estatales, orgulloso de enumerar los despidos. Quien le pidió paciencia a los empleados privados cuyas empresas cerraron, burlándose en la cara para que se adapten.
Fin para el valiente guerrero libertario que les negó un pésame a los familiares de un fallecido por cáncer a quien no le dieron la medicación. Quien rechazó las denuncias por maltrato a los discapacitados, quien trató de corruptos a médicos, docentes, enfermeros, maestros, investigadores, actores y cantantes, quien exigió les exigió auditorías a sus enemigos y al final utilizó un pendrive para demostrar su crecimiento patrimonial, quién firmó una resolución para impedir el uso de los bienes públicos por los funcionarios y empleó la custodia para hacer las diligencias domésticas familiares.
El más fiel representante de la lucha contra la casta no dejó adversario político sin despreciar, ni dirigente sindical sin estigmatizar. Tildó de secuestradores a ferroviarios, choferes y piqueteros, difundiendo teléfonos para denuncias.
El fiel escudero de La Hermanísima siempre señaló la culpabilidad y responsabilidad en la represión de los propios agredidos, como Pablo Grillo y otros periodistas, o cualquiera que sufriera el accionar indiscriminada de las Fuerzas de Seguridad, como jubilados, mujeres y niños. Fue quien justificó con mayor eficiencia el ajuste interminable, recalcó los logros de una economía en caída libre para la mayoría y se regocijó con la entrega de negocios para los amigos en alza.
Figura imprescindible para desarrollar el relato de una Argentina solo existente en las redes. Junto al Presidente en los afiches, obtuvo quinientos mil votos en CABA con la promesa de asumir como legislador para diferenciarse de los miembros de la casta. Engañó a millones de argentinos que vieron sus discursos y sus domadas a diario sobre todos los derechos conculcados.
Termina “refugiado” en la Jefatura de Gabinete, sin el respaldo de sus pares ni el respeto de gobernadores, legisladores o dirigentes. Su continuidad en el cargo político más importante del estado es el botón de muestra para terminar de comprender cuáles son los valores sostenidos por este gobierno.
