por Fabián Waldman.
La Casa Rosada es el ámbito donde los Presidentes desarrollan la mayor cantidad de tareas cotidianas. La cercanía con los ministerios y la rapidez de acceso desde diferentes lugares son puntos a favor de su uso. Realizar la actividad presidencial en la Residencia Presidencial de Olivos muestra una tendencia a esmerilar, apagar y ocultar sus encuentros o visitantes, salvo que haya comunicación oficial.
Lo mismo que está sucediendo por estos días en Casa Rosada, donde los cronistas acreditados están encerrados en la Sala de Periodistas, recorren el camino ida y vuelta al baño o la cafetería y un camino de uso exclusivo al comedor en el subsuelo del edificio.
Esta mañana Javier Milei recibió al Jefe de Gabinete Manuel Adorni y luego al Canciller Pablo Quirno en Olivos. Sus encuentros con ministros son poco habituales. La gacetilla luego de esas reuniones marcarán un nuevo respaldo para el vocero para correrlo de la escena mediática y recuperar la agenda política.
Para reconocer la presencia del mandatario basta con mirar el mástil situado sobre la arcada principal de Casa Rosada, Balcarce 50. Diariamente flamea una bandera que se distingue claramente de lejos, pero cuando el Titular del Ejecutivo se encuentra en el edificio debajo de ella izan una más. Esta segunda es bastante más pequeña, pero sirve para identificar la presencia del Comandante en Jefe de las FFAA.
Si algo ha caracterizado a este Gobierno ha sido la opacidad en la transmisión de la información. Sin una voz oficial que provea las actividades de los funcionarios, no existe una comunicación acorde a las necesidades de mantener informada a la ciudadanía. Ni Javier Milei ni Karina Milei hacen el “esfuerzo” por transparentar sus acciones.
Mientras Karina Milei trabaja habitualmente en su despacho de Casa Rosada, Javier Milei solo concurre ocasionalmente. En los últimos 60 días lo hizo para apoyar a Manuel Adorni en las convocatorias del Gabinete nacional. Las otras oportunidades tienen como leitmotiv encuentros con delegaciones extranjeras, ricos como Peter Thiel, economistas anarcocapitalistas, o para recibir premios de diferentes instituciones con curriculum por lo menos dudoso.
El resto de los días no tiene agenda para comunicar ni actividades para informar. Durante esta semana, sin ir más lejos, no apareció por su despacho en Balcarce 50. ¿Qué tareas realiza el Presidente? ¿Cuál es su rutina cotidiana? Esas son las preguntas más comunes a los funcionarios que lo rodean.
Las respuestas descienden desde despachos cercanos a la Secretaria General de la Presidencia: “No tiene agenda. Trabaja desde Olivos”. “A Javier solo le interesa la economía, desliga toda la política en Karina”, es una de las frases más recurrentes entre quienes los conocen desde hace años.
La “normalidad” libertaria no interpela a la política nacional en su conjunto. Gobernadores, dirigentes políticos y el poder económico no planean sacar los pies del plato, si bien algunos ya piensan en un recambio por una figura con buenos modales. Patricia Bullrich es una de las anotadas en esa carrera desde las propias entrañas del gobierno junto con las aspiraciones de referentes del PRO por el regreso de Mauricio Macri.
