Puja distributiva disciplinaria

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Atención.
Firme.
De rodillas, pidiéndome una lección.
Sabes que dominarte es mi motivación.
Al suelo y dame cien, quiero verte trabajar.
Y cuando no puedas más, tal vez te conceda piedad.
Disciplina,
Lali Espósito.

 

El Centro de Estudios sobre Trabajo y Desarrollo, dependiente de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), publicó ayer que “actualmente la conflictividad es la más baja desde hace más de 15 años”. “En 2022 se registró el récord de convenios y acuerdos paritarios con cláusulas de paz social, las cuales suponen el compromiso de sindicatos y empresas de agotar todas las instancias de diálogo antes de iniciar medidas de fuerza”, reveló el informe, y agregó: “el paro de actividades no viene siendo el primer reflejo de los trabajadores ante un desacuerdo con las empresas: por cada paro llevado adelante durante 2022 se registraron cerca de dos medidas de fuerza en las que se realizaron otras acciones que no implicaron detener la producción”.

Bajo el título “La oportunidad de disciplinar”, este documento recogió la inquietud ante la percepción de un clima de creciente conflictividad social, cuya expresión más cabal habría sido la huelga del Sindicato Único de los Trabajadores del Neumático en Argentina (SUTNA). “A partir del conflicto en el sector del neumático se empezó a percibir un clima de conflictividad creciente y fuera de control, que no se condice con el estado actual de las relaciones entre empresas y trabajadores”, advirtieron los autores de la pieza en la introducción, y añadieron: “en ese escenario proliferaron distintos planteos que apuntaron a promover la desarticulación de algunos de los pilares básicos del esquema de protección del trabajo reconocidos en nuestro ordenamiento jurídico”.

Dirigido de forma honoraria por el ex ministro de Trabajo y actual embajador en México, Carlos Tomada, el CETyD concedió que los indicadores componen un panorama “particularmente complejo” pero reflejan “la continuidad del proceso de recuperación, al menos hasta el mes de junio”. Sin embargo, encendió una luz amarilla alrededor de la inflación.

Al respecto, postuló que “los ingresos de los trabajadores no logran recuperar el 20% de pérdida de poder adquisitivo” que sufrieron entre 2017 y 2019. “En junio de 2022 los salarios se situaron en un nivel muy similar al que tenían en diciembre de 2019”, sentenció.

Según esta investigación, “en la dinámica de la negociación colectiva se destacaron la multiplicación de las cláusulas de revisión salarial, el marcado aumento de la introducción de cláusulas de paz social y la ausencia de contenidos vinculados a suspensiones y a reducciones de salario o de jornada, que habían sido muy frecuentes durante la pandemia”. Además, reparó en que “ciertos sectores abordaron en la negociación colectiva algunos de los desafíos asociados a las transformaciones que el mundo del trabajo viene atravesando durante los últimos años, entre ellos, teletrabajo, tercerización y responsabilidad solidaria, prevención de riesgos y jornada laboral”.

No obstante, la mediatización del conflicto entre las patronales y el SUTNA sembró la sensación de una escalada en la pugna entre el capital y el trabajo. En parte, los responsables de esta pesquisa apuntaron a “la proliferación de todo tipo de propuestas para debilitar no sólo a las organizaciones sindicales sino también a la propia capacidad de los trabajadores de organizarse y defender sus intereses”. “El exabrupto del diputado nacional que clamó por ‘cárcel o bala’ contra los trabajadores que protagonizaron el conflicto recién referido fue eso, un exabrupto”, precisaron sin dejar de atender a la combinación “con otros planteos menos extraviados, enarbolados por referentes de la oposición que apuntaron a restringir el derecho de huelga o, incluso, a afectar la capacidad de los sindicatos de representar legalmente a los trabajadores y participar en las negociaciones colectivas”.

En ese sentido, el CETyD alertó que la pelea entre Fate, Pirelli y Bridgestone contra los trabajadores conducido por Alejandro Crespo sirvió de plataforma para los que pretenden “promover la desarticulación de algunos de los pilares básicos del esquema de protección del trabajo reconocidos en nuestro ordenamiento jurídico”.

 

Alergia sindical

Tal como se mentó antes, la conflictividad es la más baja de los últimos 3 lustros. Los registros estadísticos comienzan en 2006 y no hay niveles inferiores desde entonces, aclaran los profesores de UNSAM. Y antes que el paro, los trabajadores vienen apelando a concentraciones, movilizaciones o quites de colaboración.

Bajo ese enfoque, el CETyD puntualiza: “el riesgo al que nos enfrentamos no parece ser tanto el de sindicatos desbocados, que obstaculizan la producción y ponen en juego el porvenir económico de nuestro país”. “Parece ser que la crisis económica, la sucesión de algunos conflictos de alta intensidad y la mayor pregnancia social de discursos punitivos se convirtieron en una oportunidad para avanzar en el disciplinamiento de la clase trabajadora”, conjetura.

La tendencia de baja conflictividad se observó tanto en el primer semestre de 2022 como en el segundo de 2021, según los datos que promedia el registro del Ministerio de Trabajo. Incluso las tensiones por la aceleración inflacionaria y la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores en la puja distributiva se tramitaron bajo esa misma lógica: durante el primer semestre de 2022 se registraron, en promedio, 24 conflictos mensuales con paro y 41 sin paro.

Por último, el informe diseccionó los motivos de los conflictos. “Dos de cada tres conflictos con paro durante este año tuvieron como reclamo principal los ingresos: el 35% se centró en mejoras salariales y el 34% en pagos adeudados”, concluyó.

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