Desconfianzas y entusiasmos en la mesa del FdT

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El presidente Alberto Fernández encabezó la mesa política reclamada por sectores del kirchnerismo para discutir el rumbo político y convocada a regañadientes por el primer mandatario para definir la estrategia electoral. Con la presencia sorpresiva del diputado Máximo Kirchner y el desembarco a último momento del ministro de Economía, Sergio Massa, calculado y coordinado como si fuera un musical, el cónclave cerró a las 2 de la madrugada con la emisión de un documento consensuado que incluye la condena a la «proscripción» de la vicepresidenta Cristina Kirchner y la defensa de las PASO como herramienta para dirimir candidaturas.

Además del jefe de Estado, el del Frente Renovador y el de La Cámpora, participaron los ministros Eduardo «Wado» de Pedro, Agustín Rossi, Santiago Cafiero y Victoria Tolosa Paz, los funcionarios Juan Manuel Olmos, Chino Navarro y Julio Vitobello; el flamante fundador de la coordinadora de agrupaciones La Patria es el Otro, Andrés Larroque, y la senadora Anabel Fernández Sagasti, completando la embajaduría de la Vicepresidenta; Malena Galmarini, Cecilia Moreau, Diego Giuliano, Rubén Eslaiman y Juan Andreotti por el massismo; los gobernadores Axel Kicillof (Buenos Aires), Gerardo Zamora (Santiago del Estero), Gustavo Bordet (Entre Ríos), Jorge Capitanich (Chaco) y Mariano Arcioni (Chubut); los intendentes bonaerenses Mario Secco, Fernando Espinoza, Mayra Mendoza, Alberto Descalzo, Mariel Fernández y Lucas Ghi; y los dirigentes gremiales Héctor Daer, Pablo Moyano, Hugo Yasky, Sergio Palazzo y Abel Furlán. A pesar de que el comunicado final había sido pulido y consensuado con todas las fracciones, bajo la coordinación de Olmos y la revisión de la portavoz Gabriela Cerruti, Massa y De Pedro, el encuentro tuvo sus puntos álgidos.

Cada tribu arribó con su demanda y, más allá de la tensión, se contempló la mirada de todas. Así, el kirchnerismo enarboló el rechazo a la proscripción de su máxima figura y el albertismo evitó que le voltearan las PASO. El armado massista iba convidado por su representación pero su mandato era el de tributar al equilibrio y la simulación del denodado enfoque en la gestión sin relojear candidaturas.

Un cuadro de La Cámpora le dijo a este medio que el cambio de postura del diputado Kirchner sobre participar o no de la mesa fue conversada con la Vicepresidenta. «Se consideró que era lo más conveniente», precisó otra fuente. Haber reclamado durante tanto tiempo el diseño de ese ámbito y honrarlo con su ausencia no hubiera sido bien visto, se especuló. De hecho, la irrupción del kirchnerismo en la reunión fue traducida en las narrativas periodísticas como una suerte de copamiento.

Así, la desconfianza en la pulpería del PJ no se disipó en absoluto pero habilitó elementos para el entusiasmo en cada campamento, aunque contradictorios y, tal vez, inconsistentes. Hasta el momento, nadie sabe bien cómo ni qué significaría «romper la proscripción de Cristina» que se agita como bandera y sirve de afiche y flyer en redes sociales ni tampoco hay garantías de que Fernández pueda quedarse tranquilo con la ponderación de las PASO: sus contrincantes internos bien pudieron aceptarle la inclusión del tópico en el documento pero no es insospechable que persistan en la búsqueda de su rendición para que se cincele una fórmula de unidad o compitan dirigentes más taquilleros, a criterio de sus detractores, o más afines a la brumosa base de sustentación que se imaginan.

El clamor por la inscripción del nombre de la ex Presidenta al tope de la boleta, incluso, se promueve por estas horas como el derrotero inexorable de quienes lo mentaron. Lo curioso es que los sindicalistas o legisladores y funcionarios de extracción gremial que agitan la propuesta atribuyen a los trabajadores una idea que se urdió desde la cúspide de una de las pirámides del Frente de Todos y no nació de abajo. De hecho, la lengua del territorio es cada vez más difícil de traducir: un estudio de grupos focales elaborado por una consultora renombrada sobre segmentos de votantes cristinistas detectó en la última semana que, a pesar de sus convicciones y su fervor, empieza a registrarse la comprensión de que «Cristina ya hizo mucho» o «la atacaron demasiado». «Con rodeos emocionales, la jubilan», aseveró la persona responsable del trabajo.

También resultaría complejo que, no pudiendo revertirse la situación judicial de la Vicepresidenta, ella termine siendo candidata. «¿Cuál era la proscripción si la boleta lleva su nombre?», inquieren con malicia los más desconfiados en el oficialismo.

No obstante el laberinto argumental, la sola mención de la revalidación de Fernández suele agobiar más de lo que irrita. Como la inflación, su desgaste podría explicarse por efecto multicausal: la interna dañosa, por supuesto, pero habría que apuntar, además, sus vacilaciones, sus furcios, su tono, sus ambigüedades.

En síntesis, el debut de la mesa política arrojó un saldo agridulce. La novedad es una perogrullada pero constituye un piso que, aunque resbaloso, prometen trapear con unidad.

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