El Presidente cerró el evento «La Derecha Fest» con un discurso centrado en la «batalla cultural». En un clima de euforia militante, avaló las burlas sobre la prisión domiciliaria de la exvicepresidenta y lanzó duras críticas a los contratistas del Estado, en clara alusión al conflicto con Techint.
El paso de Javier Milei por la Costa Atlántica condensó en pocas horas los rasgos distintivos de su construcción política: la espectacularización de su figura, la confrontación directa con la oposición y una retórica inflexible contra lo que denomina la «casta empresarial». El mandatario cerró su visita este martes por la noche en el balneario Horizonte, donde fue el orador principal de «La Derecha Fest», un encuentro que sirvió de plataforma para ratificar el rumbo ideológico de su gestión.
El punto de mayor tensión política de la jornada se vivió cuando el Presidente interrumpió su discurso para interactuar con la militancia, que entonaba cánticos contra Cristina Kirchner. Al ritmo de la canción It’s a heartache, el público coreaba «Cristina tobillera», en referencia a la prisión domiciliaria con monitoreo electrónico que la exvicepresidenta cumple desde mediados de 2025.
Lejos de ignorar la situación, Milei se sumó a la burla: gesticuló señalándose el tobillo y, tras bromear sobre su propia estabilidad en el escenario, endureció el semblante para lanzar una sentencia judicial y política: «La única prisión debería ser para los chorros como la señora».
Mensaje para el «Círculo Rojo»
El ataque no se limitó al kirchnerismo. En medio de la polémica desatada tras la licitación del gasoducto de GNL —donde el Gobierno celebró la derrota de Techint frente a una firma india—, Milei aprovechó el micrófono para enviar un mensaje que, aunque no tuvo nombres propios, tuvo un destinatario claro en el sector corporativo.
«No solo debería haber prisión para ella [Cristina Kirchner], sino también para los socios que tienen en el sector privado que hacen negocios turbios«, disparó el jefe de Estado. En una defensa cerrada del libre mercado, advirtió que aquellos empresarios que buscan el amparo estatal «no son dignos del favor del mercado» y auguró un futuro sombrío para ese modelo de negocios: «Deben desaparecer e ir a la quiebra. No son creadores de bienestar, son destructores».
«Eso no va a pasar más en la Argentina, por más de que le pongan toneladas de guita a los medios de comunicación y a los periodistas corruptos», remató, en una frase que resonó con fuerza tras el reciente cruce con Paolo Rocca.
La «batalla por las almas»
Antes de los dardos políticos, Milei había ingresado al evento con su habitual liturgia rockera, caminando entre la gente mientras sonaba «Panic Show» de La Renga. Su alocución teórica giró en torno a los tres frentes que, según su visión, debe atender el Gobierno: la gestión, la política y la cultura.
«Se le está viniendo la noche a los zurdos», arengó, argumentando que la batalla cultural es la más importante porque es «la batalla por las almas». Para el Presidente, esta disputa es el único instrumento capaz de generar un «cambio duradero» que evite que Argentina repita los errores de los últimos cien años.
Rock y polarización
La jornada presidencial había comenzado con un perfil más mediático. Horas antes del acto político, Milei asistió al Teatro Roxy para presenciar la función de «Fátima Universal», la obra encabezada por su expareja, Fátima Florez.
Sobre el final del espectáculo, el mandatario subió a las tablas y protagonizó un momento musical al cantar a dúo «El rock del gato», de Los Ratones Paranoicos, reeditando imágenes de su campaña electoral.
Sin embargo, la escena fuera del teatro expuso la fractura social que atraviesa el país. Mientras la comitiva se retiraba, en la calle San Luis se produjo un duelo verbal de alto voltaje: un grupo de simpatizantes libertarios despedía al líder con gritos de «Presidente, Presidente», mientras que desde la vereda de enfrente, manifestantes y jubilados respondían con el cántico «Que se vaya», custodiados por un fuerte operativo de seguridad.
