La Vicepresidenta al Gobierno y Massa al poder

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La Vicepresidenta al Gobierno y Massa al poder

Cristina Kirchner ensayó en su clase magistral la reasunción del liderazgo sobre el conjunto del peronismo. Aunque cada tribu del oficialismo alcance la verdad que pueda soportar, solicitó a quienes la vivaban en el Teatro Argentino de La Plata que no se hicieran los rulos y respaldó al ministro de Economía en su faena financiera. | Por Pablo Dipierri

La vicepresidenta Cristina Kirchner asumió la conducción del Gobierno, tras la declinación de las aspiraciones electorales del presidente Alberto Fernández y la sospechosa corrida cambiaria que cabalgó el ministro de Economía, Sergio Massa, durante las últimas dos semanas. Entre la explicitación de la impotencia política y la admisión de la presencia del FMI como un ariete de subordinación insoslayable, profundizó su diagnóstico sobre la etapa en curso en la presentación de la Escuela Justicialista Néstor Kirchner, un emprendimiento del dueño de Grupo Octubre, Víctor Santa María, y el ex ministro de Educación, Nicolás Trotta, a través de la UMET.

Titulada “La Argentina Circular. El FMI y su histórica receta de inflación y recesión. Fragmentación política y concentración económica”, la clase magistral arrancó pasadas las 19 en el Teatro Argentino de La Plata, hasta donde movilizaron agrupaciones kirchneristas que colmaron los alrededores para que no decaiga el menguante operativo clamor. “Estamos en ese raro momento donde el pasado se torna presente y tal vez frustre futuro”, soltó al inicio de su alocución la Vicepresidenta, flanqueada por Trotta y los referentes que oficiarán de autoridades en el enclave de pedagogía política, Claudia Bernazza, Rodrigo Rodríguez, Cristian Girard, Virginia García y Mónica Litza.

Desde el arranque, los dirigentes que ocupaban las butacas entonaron cánticos reclamando que su jefa política se postulara a la Presidencia pero ella contestó: “No se hagan los rulos”. Más tarde, volvería sobre el tópico alertando a la militancia que los asuntos públicos no pueden depender de una persona y ponderó la necesidad de “un programa de gobierno”.

El otro detalle saliente de su intervención, cuyo marco pretendió delimitar bajo los parámetros descriptivos pero “sin exceso de adjetivación”, fue su consideración sobre la relación del Estado nacional con el Fondo Monetario Internacional. “Es necesario revisar esas cláusulas” del acuerdo, expresó antes de reivindicar que Massa echara mano esta semana de la utilización de las reservas para hacerle frente al cimbronazo cambiario a través de las cotizaciones bursátiles e ilegales del dólar.

Al respecto, postuló que sería conveniente que, en adelante, “las únicas sumas que se paguen estén atadas al superávit comercial”.

 

Programa y transición

Más allá de la reconfortante inyección anímica que la palabra de la Vicepresidenta tiene para su base de sustentación, la relevancia de su discurso también estuvo centrada en la admisión de que no existen las soluciones perfectas o milagrosas. Al relevar el proceso de la convertibilidad y la afección cultural vernácula que empuja al país a una dolarización de hecho, no sólo cargó contra Javier Milei, extracto que la oposición usará como si arrojara manteca al techo y una fracción del oficialismo convertirá en remera, sino que consignó que durante sus mandatos presidenciales contó con “libertad de herramientas” porque no había estrangulamiento de los organismos multilaterales de crédito, y advirtió que no mentaba las regulaciones cambiarias “como una virtud”.

Fiel a sus convicciones, defendió que la inflación no es fruto del déficit fiscal ni las leyes liberales de la oferta y la demanda, reiteró que el programa del FMI es inflacionario porque viene enlatado de esa forma y se concentró en la discusión sobre el presunto despilfarro del “superávit comercial de 45 mil millones de dólares” que habría desaprovechado, según su perspectiva, el Frente de Todos. “Una parte importante salió en pago de deuda privada de empresas privadas”, concedió pero se mostró en contra de la laxitud para esa habilitación del Banco Central de la República Argentina (BCRA) con el propósito de que las firmas comprometidas con empréstitos de entidades extranjeras cancelaran sus pasivos adquiriendo dólares al tipo de cambio oficial.

Curiosamente, este medio ha corroborado ya con fuentes del BCRA, el entorno del ex ministro Martín Guzmán y el Congreso nacional que en octubre de 2020 se produjo una reunión entre el Presidente, la Vice, el titular de la entidad monetaria, Miguel Pesce, el actual ministro Massa y su antecesor Guzmán, para deliberar sobre ese dilema. Mientras que el economista platense promovía un desdoblamiento cambiario para no dilapidar reservas, el tigrense y la líder del espacio kirchnerista habrían objetado que eso fundiría a las empresas, y entre las que estaban hasta el cuello en sus balances figuraban nada menos que YPF, Aerolíneas Argentinas y AySA. La brumosa interna del oficialismo tal vez impida mayores esclarecimientos pero ayer la oradora central del mitin eligió despegarse de esa decisión de Estado.

La apelación central de la charla podría ubicarse en el enésimo llamado al abordaje conjunto de las dificultades financieras, más allá de las banderías políticas y las extracciones de clase. A los efectos de la estructura productiva desequilibrada con la consecuente escasez de dólares y la opacidad en la estructura en materia de formación de precios, reiteró la Vicepresidenta, hay que abordarlos a partir de un entendimiento de todos los actores con representación social y capacidad de agencia.

Toda la puesta en escena pintó el cuadro de una reconfiguración del gobierno del Frente de Todos, con el primer mandatario desplazado por su propia ingravidez. El apoyo a Massa, el reconocimiento de la incidencia material del FMI en la realidad efectiva y su persistencia en la convocatoria a su tan mentado contrato social de ciudadanía compusieron la imagen de su figura como garante de una transición con menos sobresaltos hasta los comicios y la recuperación o reconstrucción de su papel histórico, sea cual sea el saldo del escrutinio por venir. Así, ella mostró que sostiene la arquitectura de la coalición que diseñó y que el fundador del Frente Renovador lleva la conversación con los dueños del poder.

Hacia el final, sintetizó su caracterización -al decir suyo, una descripción más que una crítica-, con la evidencia de una impotencia: “frente a poderes económicos cada vez más concentrados, una política, o sea, un Estado cada vez más fragmentado, más dividido y más enfrentado”. “¿A quién le van a hacer creer los políticos hoy, cualquiera sea el origen o la idea, que van a poder controlar lo que hace el poder económico concentrado y que van a poder solucionar los problemas de los argentinos en este estado de cosas? ¡Que no me jodan! ¡Que no me jodan más con esas fantasías!”, inquirió y exclamó visceralmente.

Luego de regalar el hashtag para la granjería de trolls en redes sociales, manifestó el tenor de sus temores. “Miedo tengo porque mis nietos puedan crecer en un país tan injusto, tan inequitativo, a eso sí le tengo miedo”, dijo, y completó: “yo ya viví, ya di lo que tenía que dar, temo por los jóvenes, temo por los pibes. Porque hay demasiada cobardía, demasiada hipocresía”.

A modo de cierre, alertó que “la gran discusión va a ser quién conduce los procesos de producción”, en referencia a las disputas por los recursos naturales, la distribución del ingreso y el cuidado ambiental. “Es necesario que vuelva a haber en la República Argentina un programa de gobierno en donde discutamos estas cosas. No hay que pelearse ni tampoco un programa donde hagamos fe anticapitalista. Hoy el capitalismo ya no es una ideología, es el modo de producción y servicios más eficiente”, concluyó.

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