Postales como alas de mariposas

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Severino Di Giovanni y América Scarfó

Por Juan Carlos Otaño

A veces, aunque sólo fuese por la vocación de conservar un atisbo de salud mental, sobre todo en el compás de los tiempos diminutos, grises y miserabilistas que continuamente se nos proponen, vale la pena echar un somero vistazo a los Reservorios. Hay que decir que no es fácil llegar hasta allí. Se han acumulado, promontorio sobre promontorio, millares de falsos expedientes de una sorda burocracia, señales equívocas que no conducen a ninguna parte u obstaculizan el camino, al pasar por los diversos ambientes, y tratar de llegar al soñado garage (lugar donde se estacionan los vehículos). Puede ser que allí permanezca todavía inerme ese curioso artefacto que hemos visto en «La máquina del tiempo», film de 1960 de George Pal inspirado en la célebre novela de H.G. Wells, mezcla de sillón estilo Luis XV, motocicleta Harley-Davidson e ingeniería de la Atlántida.

Se necesitaría contar con algo así en forma práctica o para un uso puramente imaginario, si por ejemplo se propusiese este juego surrealista: «¿Con qué personaje histórico quisiera usted charlar unos momentos?». O bien: «¿A qué ciudad y en qué época desearía ser transportado?». En este último caso, se ofrecería la indumentaria adecuada y algo de dinero en curso como para moverse unos días.

Provisoriamente y como para probar los motores, nosotros hemos elegido desplazarnos a la Buenos Aires de los años ‘20. Ciudad tumultuosa y afiebrada, llena de energía juvenil, arquitecturas homogéneas y eclécticos acentos dialectales. Allí podrías leer, como para comenzar a empaparte de la realidad circundante, un último ejemplar de «Caras y Caretas» (pastiche inspirado en el «Strand Magazine» de Londres), o buscar en las páginas interiores del diario «Crítica» la columna de Roberto Arlt; o repasar los diarios ácratas, recorrer sus locales, bibliotecas y ateneos.

Te aseguro que tendrías infinidad de oportunidades para distraer tu atención: aquí te encontrarías con una rara marquilla de cigarrillos, allá con negocios abiertos al público que no se sabe bien qué ofrecen o a qué se dedican; servicio de correo neumático, bares automáticos  y “panoramas”…

Podrías observar asimismo en sus primeros balbuceos, unas idénticas relaciones de producción y de intercambio basadas en la primarización de la economía y la apertura indiscriminada de las importaciones. Y su correlato fatalmente inevitable: la entronización del palacio y el conventillo.

Pero también verías las primeras resistencias, los primeros esbozos de desobediencia civil organizada, los primeros heroismos infartantes, tanto individuales como colectivos. Y viceversa.

Y así en algún momento, desde el café Tortoni o en algún fondín del puerto, sentirías la necesidad de transmitir tus impresiones. Para ello también podría disponerse — para que te acompañasen, ya que allí no las conseguirías todavía — unas preciosas tarjetas postales.

Ellas hablan por sus miradas a través del tiempo para cruzar un puente y llegar hasta nosotros, de todo aquello que queríamos encontrar y aunque fuese en parte aprehender y transmitir.

(*). Presentación de la serie de postales de Severino Di Giovanni, América Scarfó, Simón Radowitzky, Miguel Arcángel Roscigna y Salvadora Medina Onrubia (aún en curso de publicación) impresas en la Cooperativa Gráfica del Pueblo y editadas por el Grupo Surrealista del Río de la Plata.

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