por Fabián Waldman.
Una novela francesa escrita en el año 2015 anticipaba algunas de las medidas y escenarios políticos de la Argentina actual. La trama relata la llegada de un presidente al poder entregado a los designios de una religión. Para Javier Milei, la palabra y los deseos de Donald Trump son los mandamientos a cumplir.
“¿Conocés el libro Sumisión? ¿Sabés qué? Te lo regalo”. Acto seguido lo buscó en una tienda online. Lo compró y me lo mandó mientras compartíamos una merienda en un bar de Almagro.
Corría el año 2015 cuando Javier Milei hizo su primera aparición en TV de la mano de Mariano Grondona en Hora Clave, el 28 de abril. Se desempeñaba como Economista Jefe de Corporación América y estaba también al servicio de la Fundación Acordar del Banco Provincia, cuyo titular era Guillermo Francos. Ambos estaban cobijados por el gobernador bonaerense y actual secretario de Turismo y Deportes Daniel Scioli. Fue ese mismo año, el 7 de enero, el ataque a la revista Charlie Hebdo, suceso en el cual perdieron la vida doce personas e hirieron a otras once. La acción fue ejecutada por dos hermanos fanáticos seguidores del Islam, como respuesta a una tapa de la publicación en la que cuestionaban a Mahoma.
Ese mismo día de 2015, el escritor francés Michel Houellebecq presentaba su texto Sumisión. El libro plantea un futuro distópico para su país basado en el aumento de la influencia musulmana en la vida social y política francesa de 2015. Los temores de muchos sectores se “hacen realidad” en su pluma y las elecciones de 2022 permiten llegar al poder a un carismático político seguidor de Mahoma llamado Mohammed Ben Abbes.
La semejanza de la narración con la actualidad argentina imanta y plantea cuestionamientos. La entrega a la cultura musulmana y su poder económico recreado por Houellebecq presenta un panorama cercano a la entrega de rodillas de Javier Milei a las políticas norteamericanas.
Interpela por la falta de una mirada estratégica ausente en los espacios políticos democráticos previa al 10 de diciembre de 2023. Los cambios que introduce Ben Abbes en la vida cotidiana van desde la prohibición de trabajar a las mujeres hasta la enseñanza obligatoria del Islam en las escuelas.
En la novela, el “nuevo mandatario” establece que las mujeres abandonan sus trabajos incentivadas por subsidios y los espacios vacantes permiten eliminar la desocupación. También, siempre según el “argumento oficial” no debería haber aumento de déficit pues el “incremento de los subsidios familiares estaba compensado por completo por la drástica reducción del presupuesto en Educación”.
La política de Javier Milei fue fijar aumentos sustanciales de la AUH y el descenso abrupto de las partidas educativas. Ajustó el cinturón del estado para obtener el resultado que le permitiera cumplir con su famoso déficit cero.
Milei rebaja los salarios de docentes y profesionales universitarios obligándolos hoy a una migración hacia el ámbito privado. En una Argentina próxima no es difícil imaginar que estudiarán solo aquellos que cuenten con recursos económicos. El resultado: una sociedad con menos materia gris e imposibilitada de pensar un país con desarrollo propio.
Ben Abbes establecía por Ley que la escolarización obligatoria acaba en la primaria y plantea con el certificado de estudios primarios la culminación de la educación formal. La financiación de la enseñanza secundaria y superior pasaba todo al ámbito privado.
Javier Milei pretende mediante la reforma educativa “avanzar” hacia la enseñanza en casa o Homeschooling. Pero desfinancia la secundaria quitando recursos a los profesores o eliminando la educación técnica.
Al igual que en los enunciados del ministerio de Capital Humano, “todas las reformas tenían como objetivo devolver su justo lugar y toda su dignidad a la familia”, escribe Houellebecq. Retornar a una sociedad de valores, en un caso sustanciados en el Corán, en el otro regresar a la Argentina de 1853.
En esa Argentina no existía el art. 14 bis de la constitución ni se adhería a organismos internacionales. Los derechos de las mujeres y los niños estaban reducidos a la voluntad del patrón.
El candidato ganador del futuro francés comprendía que “la derecha liberal había ganado la batalla de las ideas sin disparar una bala. Los jóvenes se habían vuelto emprendedores y el carácter insoslayable de la economía de mercado estaba unánimemente aceptado”.
Imagina Houellebecq que la llegada del outsider produjo “la implosión brutal del sistema de oposición binario entre centroizquierda y centroderecha que estructuraba la política francesa desde tiempos inmemoriales”, y agrega el texto, “lo que dejó en estupor a los medios de comunicación”.
No muy lejos del retrato argentino actual donde las acciones del líder anarco-libertario encuentran al mainstream siempre corriendo detrás de la agenda impuesta por Casa Rosada. Sumado a ello el trato hacia el mandatario de los medios nacionales zigzagueante y enfrentamientos permanentes con los periodistas que se oponen al régimen.
En esa realidad paralela francesa, una de las primeras medidas fueron la eliminación de ayudas de Estado a los grandes grupos industriales, y favorables al artesanado y autónomos. El sueño profesional era “montarse un negocio” o ser un trabajador independiente.
Una mirada similar al discurso violento del Presidente de estos días, donde las industrias y sus trabajadores no importan, solo la ecuación del producto mas económico. El Paolo Rocca francés en esa distopía no se conoce, pero si asoman la cabeza los empresarios musulmanes, poderosos propietarios de pozos petroleros y clubes de futbol.
El trazado de una novela escrita hace 11 años pudo acercarse a la realidad argentina contemporánea. En el libro la Sumisión al ideario de Mahoma es total y pone de rodillas a una sociedad que creía haber logrado conquistas invulnerables. Todo termina siendo bastante familiar a nuestra cotidianeidad.

Pensar la Argentina próxima y plantear los escenearios posibles para el final de esta gestión, que se producirá tarde o temprano, es sin dudas una tarea imprescindible.